Altos cargos de Irán, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán -firmantes estos tres últimos del recientemente constituido pacto de La Meca- se reunieron este lunes en Teherán en vísperas de las elecciones en Israel y con el telón de fondo de una nueva ofensiva bélica israelo-estadounidense que podría comenzar tan pronto como se cierren las urnas de las elecciones de medio mandato. En una nota conjunta, las cuatro capitales regionales dieron ayer su beneplácito a "continuar las discusiones sobre el refuerzo de la cooperación mutua en los ámbitos de la paz y la seguridad".
Presente en la cita junto al secretario general del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, el presidente de la República Islámica, Masud Pezeshkian, destacaba la colaboración regional y aseguraba que su país "está dispuesto a tomar medidas para profundizarla". El presidente iraní llamaba además a "resolver las diferencias y aprovechar las capacidades comunes de los países islámicos" a fin de "fortalecer la unidad, la cohesión, la seguridad y el desarrollo de la región". La primera cita pública de 'la OTAN suní' contó con la presencia del ministro de Defensa saudí Jalid bin Salman, el comandante en jefe del Ejército de Pakistán, Asim Munir, y el jefe de la Inteligencia turca, Ibrahim Kalin. Es también la primera vez que un alto cargo saudí se desplaza a Irán desde que comenzara la ofensiva israelí-estadounidense contra la República Islámica, en una iniciativa que a buen seguro no gustó nada en Washington.
Lo cierto es que en las últimas semanas Riad multiplica las iniciativas conducentes a reforzar su protección frente al movimiento hutí, que viene atacando repetidamente infraestructura civil en su territorio desde sus feudos en Yemen, a corto plazo, y a avanzar en la conformación de una nueva arquitectura de seguridad a escala regional a la vista de la vulnerabilidad mostrada durante un año marcado por la guerra contra Irán, a medio y largo plazo. Desde marzo, el régimen saudí ha sido blanco de ataques tanto de la propia República Islámica en represalia por su apoyo a las fuerzas estadounidenses como de fuerzas proxy en Irak y Yemen.
Tejer nuevas alianzas
Así las cosas, la Casa de Saúd ha podido constatar cómo la Administración Trump no ha sido capaz de garantizar su seguridad este año y busca en estos momentos tejer nuevas alianzas en otros puntos de la región. La primera iniciativa al respecto fue lanzar a comienzos de agosto el flamante pacto de La Meca junto a dos de las potencias del islam suní en la región, Turquía y Pakistán, cuyas cláusulas defensivas fueron invocadas por primera vez hace tres semanas en medio del recrudecimiento de la campaña bélica de los rebeldes chiíes en Yemen. Además, ante la previsible supervivencia del régimen de los ayatolás, Riad sabe que tendrá que contar con Teherán, su archienemigo íntimo, para garantizar su seguridad en el futuro.
Además, el Parlamento egipcio aprobaba este lunes tras una votación a puerta cerrada, otorgar poderes especiales al presidente, Abdelfatá al Sisi, para el envío de tropas a Arabia Saudí a fin de contribuir a la defensa de la monarquía contra los ataques hutíes desde Yemen. Entretanto, la coalición internacional liderada por Riad volvía ayer lunes a lanzar ataques aéreos sobre zonas controladas por los insurgentes chiíes, incluida Saná, la capital yemení.
"El encuentro de Teherán se produce antes de las elecciones israelíes, en un contexto marcado por la amenaza de un nuevo ataque de EE UU contra Irán. El líder que salga elegido en Israel condicionará los próximos pasos de Trump en la región", recuerda a LA RAZÓN el analista político hispano-iraní Daniel Bashandeh. "Arabia Saudí, Turquía y Pakistán buscan evitar una escalada militar, mientras Teherán apuesta por reducir la presencia estadounidense y la dependencia regional de Washington", concluye el especialista.




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