Francia vive una escalada de violencia en medio de protestas, saqueos, detenciones y crecientes tensiones políticas. Lo que comenzó como un reclamo estudiantil se ha convertido en una movilización de alcance nacional que deja, por ahora, más de 2.500 detenidos y 600 policías, además de numerosos comercios e instituciones vandalizados. Ante la magnitud de los disturbios, el Gobierno del presidente Emmmanuel Macron comenzó a imponer el lunes toques de queda nocturnos en zonas de París y otras ciudades, y anunció ayudas para los trabajadores de cerca de 3.000 establecimientos afectados.
Y la situación no parece calmarse. Se ha anunciado una nueva jornada de protestas para el sábado 24 de octubre, convocatoria que ha sido realizada por los denominados “chalecos amarillos”.
La prefectura de policía de París anunció un toque de queda y prohibición de manifestaciones entre las 23.00 y las 06.00 horas (21.00-04.00 GMT) en las céntricas zonas de la plaza de la República y Les Halles, donde se registraron numerosos saqueos.
En Lyon, el toque de queda se aplicará en el centro entre las 21.00 y las 06.00 horas, mientras que las manifestaciones y concentraciones estarán prohibidas de 18.00 a 21.00. En Niza, las restricciones nocturnas afectarán solo a los menores en las zonas más castigadas por los incidentes.
También se anunciaron medidas en áreas concretas de Lille, Douai, Wattignies y Denain, en el norte del país.
Vale recordar que las protestas comenzaron a mediados de septiembre, cuando estudiantes de secundaria bloquearon centros educativos en los suburbios de París para denunciar la falta de profesores, el deterioro de las instalaciones, las aulas saturadas y la escasez de recursos para la educación pública. También reclamaron cambios en Parcoursup, la plataforma que regula el acceso a las universidades.
Las movilizaciones, impulsadas inicialmente por los propios estudiantes y respaldadas por organizaciones estudiantiles y docentes, se extendieron progresivamente a otras ciudades del país, y ahora el movimiento incorporó a sindicatos, trabajadores y simpatizantes de los “chalecos amarillos”, el movimiento que surgió en 2018 contra el aumento del costo de vida y la desigualdad económica. Las demandas se ampliaron al encarecimiento de los productos básicos y los combustibles, los salarios, las pensiones y el deterioro de los servicios públicos, especialmente la educación y la sanidad, en medio del descontento con el Gobierno de Macron.
El punto de violencia más alto se registró entre el 17 y 18 de octubre, cuando las protestas reunieron a cientos de miles de personas en todo el país y derivaron, en algunas ciudades, en enfrentamientos con la policía, saqueos y ataques contra edificios y comercios.
El analista internacional Jorge Chávez Mazuelos compara esta situación con la protesta estudiantil de 2019 en Chile, que comenzó con un reclamo por el incremento de pasajes en el Metro.
“¿Qué sucedió después? Se agregaron otras demandas que tenían que ver con las tensiones sociales irresueltas en el país. Se generó un momento de grave conmoción, en donde todas esas demandas afloraron. Entonces está pasando algo similar en Francia", indicó en conversación con El Comercio.
“Hay que entender que Francia tiene una serie de problemas de carácter estructural”, puntualizó el también docente de la Academia Diplomática del Perú sobre aspectos como el crecimiento demográfico, más población mayor, cambio en la edad de jubilación, mayor presión en la caja fiscal, etc.
El periodista y analista internacional Carlos Novoa ve esta situación como un “embalsamiento social” que se relaciona también con un agotamiento del modelo de gobierno del presidente Macron.
“Al gobierno francés no le alcanza más o no tiene más dinero para cubrir las necesidades que el Estado francés le otorga a sus ciudadanos. Francia era una especie de Estado de bienestar, y ese Estado de bienestar ya no va más”, indicó Novoa, docente de la Universidad de Lima.
Si bien las manifestaciones del fin de semana han dejado imágenes de violencia, saqueo, incendios, pillaje, etc., ambos analistas coinciden en que Francia tiene una tradición por la protesta organizada.
Para Novoa, en el país galo existe “una cultura de protesta que viene desde mayo del 68, y que los franceses en líneas generales están acostumbrados a ir a marchas”.
En tanto, Chávez Mazuelos señaló que sin bien la protesta “es algo que no debe sorprender”, sin embargo, los daños recientes se salen de lo esperado.
“Es parte de la tradición. Ahora, el nivel de actos de violencia que estamos viendo, digamos, que no tiene muchos precedentes”, comentó el analista. Y más de una institución ha reclamado por los daños que han generado las protestas
En esa línea, la Asociación de Alcaldes de Francia y de Presidentes de Mancomunidades (AMF) condenó los ataques a los ayuntamientos registrados durante las protestas.
En tanto, la Comisión Europea dio su apoyo a las autoridades francesas en el control del orden público, aunque el portavoz comunitario de Interior, Markus Lammert, precisó que “no se debe equiparar a las personas que se manifiestan pacíficamente y aquellas que cometen actos de violencia”.
Pero las protestas también tienen un fondo político.
Para Novoa, si bien el movimiento estudiantil y universitario es espontáneo, también se nota el aprovechamiento de grupos políticos, principalmente de la extrema derecha y de la extrema izquierda.
“Lo que estamos viendo es que esta crisis en Francia, y así como en el resto de Europa, en realidad está favoreciendo a los polos radicales”, indicó el docente universitario. Estos se representan en Agrupación Nacional, de Marine Le Pen; y en Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon.
Frente al fracaso del modelo de Macron, Novoa indicó que el partido más beneficiado es la derecha nacionalista dirigida por Le Pen. “¿Cuál es la alternativa a Le Pen? Es la ultra izquierda dirigida con Jean-Luc Melechon, que es la que, digamos, se está moviendo más, está aprovechando más que nadie esta esta ola de protestas que estamos viendo", sostuvo.
En esa línea, el presidente Macron culpó el domingo a “grupúsculos de extrema izquierda” por la violencia en las calles. “Hago un llamamiento a todos los partidos políticos para que condenen inequívocamente toda forma de violencia”, dijo en un discurso televisado.
Hay otro factor para tomar en cuenta en el papel de los partidos políticos en las protestas: las elecciones presidenciales del 2027.
Chávez Mazuelos señaló que ambos extremos compartían la intención de que Macron adelante las elecciones. Sin embargo, a seis meses de la campaña la situación es diferente, y “claramente estas fuerzas políticas quieren ponerse en una mejor posición de cara a esas elecciones, pero la postura que han tomado ha sido distinta”.
Esto se ha notado más en la atribución de responsabilidades. Mientras Francia Insumisa considera que las demandas son correctas y la mayoría de los manifestantes son pacíficos, Agrupación Nacional acusa a ciertos sectores de causar la violencia, entre ellos están los migrantes.
“Al margen de esos sectores de izquierda, a los que se acusa de estimular la violencia, también se acusa a sectores de migrantes que tienen una visión incompatible con las de Occidente y con las de Francia, y se les acusa de ser ellos quienes están causando la violencia y el desorden por la ineficiencia del gobierno en controlar la migración”, indicó Chávez Mazuelos.
Esta posición ha sido reforzada por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien ha respaldado antes a Le Pen. “Los migrantes han tomado Francia. ¡Deben CERRAR LAS FRONTERAS, RÁPIDO!”, indicó en su red Truth Social.
¿Qué alternativas quedan? Es posible que lo más difícil esté por venir. El colectivo de protesta “chalecos amarillos” ha anunciado para el 24 de octubre una gran movilización, que han calificado como un “segundo acto”.
“Macron habla de ira y vergüenza. Compartimos ese sentimiento: rabia por pagar precios cada vez más altos por la gasolina, los alimentos y el alquiler”, indicaron en comunicado.
El grupo, que no tiene un liderazgo fijo, apareció hace casi 10 años en unas protestas contra el incremento de precios de los combustibles. Se caracterizaban por vestir unos chalecos amarillos fosforescentes.
Y para el 5 de noviembre se tiene programada otra movilización de los sindicatos franceses contra el plan presupuestario del gobierno para el 2027. ¿Qué cosa están exigiendo concretamente? Novoa sostuvo que “están pidiendo que el gobierno no recorte el presupuesto en 54.000 millones de euros”.
“El gobierno ha dicho que a fines de octubre va a tomar una decisión final, pero en realidad las cuentas no le alcanzan a Francia, que es uno de los Estados que más dinero gasta en en beneficios sociales y en el pago de salario y el pago de jubilado. Entonces, ya las cuentas no le dan. Todo eso ha ocasionado el problema, porque que ese recorte de presupuesto afecta a los sindicatos, a la gente de a pie”, indicó el analista.
Bajo este escenario, y tras las violentas protestas, el primer ministro Sébastien Lecornu anunció el toque de queda y cuestionó a la extrema izquierda que “quiere organizar un profundo desorden en el país hasta las elecciones presidenciales”.
Novoa señaló que Macron podría decidir no hacer ese recorte, pero podría causar una inflación. En todo caso, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda parecen estar atentos a sus movimientos.
“Los extremos saben que están jugando su partido y cualquier decisión que pueda tomar Macron a favor de uno, va a beneficiar al otro. Es decir, por cualquier lado Macron pierde”, comentó el docente sobre el actual escenario francés.






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