El mercado ha dictado sentencia esta semana sobre lo que espera de la ingente apuesta inversora por la IA y ha demostrado que será implacable con las compañías que no sean capaces de generar beneficios e ingresos a la altura del multimillonario gasto que están realizando. La campaña de resultados, en tantas ocasiones revulsivo para el enésimo repunte de las tecnológicas, deja en esta ocasión un reguero de derrumbes bursátiles, a menudo sin precedentes.
Alphabet, la matriz de Google, registró el jueves su mayor caída en Bolsa, del 12,64%, tras decepcionar en sus cuentas de tercer trimestre. Incumplió sus previsiones y registró de nuevo flujo de caja libre negativo por las multimillonarias inversiones en infraestructuras para la inteligencia artificial. Intel sufría el viernes una caída histórica, que llegó a ser de casi el 30%, por un menor volumen de ventas de ordenadores personales. Ese retroceso no es casual y también tiene que ver con la fiebre por la IA, que ha disparado la demanda de chips y los precios de estos componentes, lo que obliga a elevar los precios a los fabricantes de ordenadores.
La carrera por la IA exige a todo el ecosistema tecnológico enormes inversiones, pero el mercado no permite tropiezos en las cuentas de resultados. Las promesas de ganancias no pueden poner en cuestión los ingresos presentes, que además son necesarios, fundamentales, para continuar financiando la carrera de inversiones a fin de asegurarse una parte del pastel de la IA.
Los derrumbes de Alphabet e Intel son, por tanto, la muestra de que la duda sobre la verdadera productividad que promete la IA ha arraigado en el ánimo de los inversores y puede aflorar en cualquier momento en forma de oleada de ventas. Es una suerte de mercado bajista sigiloso en el que muchos valores están encadenando retrocesos de más del 20% desde máximos —sucede en más del 60% de los valores del S&P—, pero en el que muy pocos hablan de burbuja.
La salida a Bolsa de Anthropic, en principio prevista para el 16 de noviembre, será una gran ocasión para testar el apetito de los inversores por el riesgo que entraña la IA. Será la primera OPV de una compañía dedicada en exclusiva al desarrollo de modelos de inteligencia artificial, el último y preciado eslabón de una tecnología que tiene invirtiendo, y endeudándose, a toda máquina a compañías de chips y de centros de datos. Si Anthropic tiene éxito, y el mercado así se lo reconoce, el riesgo de burbuja habrá quedado conjurado en gran parte.




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