Buena parte de los trabajadores habrán recibido con sorpresa la nómina que han cobrado entre la última semana de octubre y la primera de noviembre, al percatarse de que el importe se ha reducido con respecto al que venían percibiendo a lo largo del año. Posiblemente sea una sorpresa fiscal.
Y probablemente este disgusto se repetirá con la última nómina del año, la que se cobra en diciembre. La explicación de esta sangría de dinero en el sueldo se encuentra en la retención del Impuesto de la Renta (IRPF) que se deduce del sueldo bruto de cada trabajador para ajustarlo a las peticiones de la Agencia Tributaria.
Es decir, se puede dar el caso de que un trabajador le hayan aplicado un gravamen del 15% a lo largo de 10 meses, pero en esta ocasión se le sube hasta el 16% o el 17%, entre otros casos. De esta forma, el importe neto a recibir es inferior al habitual. ¿Por qué ahora este cambio de gravamen?La razón de este cambio es que Hacienda determina el importe del IRPF que tiene que tributar cada asalariado en términos anuales y no mes a mes ni paga a paga.
Es decir, las cuentas se realizan anualmente por todo el importe recibido. Y en función de esa cuantía se establece un gravamen concreto de la renta. Si llegados a este momento del año ese gravamen es inferior a lo que le va a corresponder al trabajador por su salario bruto anual, la empresa tiene la obligación de ajustar la retención lo máximo posible para que la Agencia Tributaria tenga todos los datos claros.
Hay que tener en cuenta algunas situaciones especiales, como las de los trabajadores que tienen 14 o más pagas, una de ellas en Navidad. En este caso, la paga extraordinaria tributa en el IRPF pero no se le aplica la cotización correspondiente por contingencias comunes, con lo cual su importe es superior al de una paga ordinaria mensual.
¿A quién afecta más?El ajuste en las nóminas suele llegar en perfiles concretos, como por ejemplo quienes hayan cambiado de trabajo a lo largo del mismo ejercicio fiscal. En este tipo de situaciones, cada empresa aplica una retención distinta en las nóminas, sin saber cuál es el importe cobrado en el trabajo anterior.
De esta forma, se produce un descuadre que es necesario ajustar antes de fin de año. Ocurre algo similar entre quienes no tienen un sueldo fijo. Es decir, los trabajadores con una nómina que incluye bonus u otros conceptos variables a lo largo del año. Al tratarse de unas partidas que no se encuentran pre-fijadas, sino que dependen de otras circunstancias como la productividad de la empresa u objetivos, ahora llega el momento en el que el departamento de recursos humanos o la gestoría va cambiando el gravamen del IRPF para evitar tener problemas con Hacienda.
Habitualmente, las empresas realizan estos cambios porque así se lo exige la normativa fiscal. Una vez termina el ejercicio fiscal, cada negocio tiene la obligación de presentar ante la Agencia Tributaria las declaraciones informativas de sus trabajadores, unos documentos en los que explica al fisco el sueldo bruto y las retenciones practicadas a cada empleado a lo largo del año.
Al presentar la declaración de la renta , es cuando se aclara si ese contribuyente ha pagado más IRPF del que le corresponde a lo largo de un año, en cuyo caso el fisco le devuelve dinero, o ha pagado menos, y por lo tanto le sale a ingresar dinero al erario público.





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