El actual super ciclo de inversión está lejos de frenarse. Así lo acaban de ratificar Microsoft, Amazon y Alphabet en sus resultados trimestrales, mostrando unos números donde el despliegue masivo de capital en centros de datos y semiconductores seguirá acelerándose.
Más allá de las ganancias que estas grandes compañías esperan generar con estas inversiones, bajo la superficie se está produciendo una transformación económica de mayor alcance: la ola de inversión en inteligencia artificial está redefiniendo los flujos comerciales entre países y generando excedentes externos de una magnitud solamente comparable a los petrodólares acumulados en el pasado por los países exportadores de petróleo.
La explosión de la demanda de semiconductores ha convertido economías relativamente pequeñas en grandes ganadoras: Taiwán y Corea del Sur, que conjuntamente representan un 2,5% del PIB mundial, este año registrarán un superávit exterior de 625.000 millones de dólares, igualando prácticamente a China, la mayor potencia exportadora del planeta. La razón es sencilla, estos países albergan a tres líderes en la fabricación de chips avanzados como son Samsung, SK Hynix y Taiwan Semiconductor. Compañías que están acumulando beneficios extraordinarios y generando enormes entradas de dólares en sus economías.
Unos flujos de capital que dada su magnitud serán cruciales para el equilibrio de la economía mundial. Al igual que sucedió con los petrodólares, buena parte de estos recursos terminará regresando a Estados Unidos, respaldando el dólar, alimentando sus mercados financieros y reforzando el círculo de financiación de la propia inteligencia artificial.
No obstante, existe una gran diferencia: mientras las rentas del petróleo eran canalizadas a través de fondos soberanos, los nuevos chip-dólares están quedando en manos de los inversores privados internacionales. Un ejemplo ilustrativo es Corea del Sur, donde Samsung y SK Hynix han anunciado que repartirán 33.000 millones de dólares en dividendos este trimestre. Dado que los inversores extranjeros poseen de media el 52% de su capital, una parte muy significativa de los fondos acabará fluyendo nuevamente hacia el exterior del país asiático.
Otra diferencia, es que, mientras que el sistema de los petrodólares reciclaba principalmente los excedentes de dólares hacia bonos del Tesoro estadounidense, ahora se están destinando más hacia inversión directa en infraestructura tecnológica en suelo americano.
Como muestra, la inversión extranjera directa en Estados Unidos superó los 230.000 millones de dólares en el primer semestre, un incremento del 103% y camino de un récord anual. Además, las cifras desvelan un creciente protagonismo de estas dos economías asiáticas como proveedoras de capital: en apenas un año multiplicaron por siete veces su aportación, siendo que ahora, Corea del Sur y Taiwán son responsables del 12% de la inversión extranjera directa, cuando un año atrás no llegaban al 3%.
En otras palabras, como ocurre desde hace décadas, Estados Unidos sigue importando ahorro global pero ahora lo está canalizando en inversiones productivas vinculadas a la innovación tecnológica más que en inversiones financieras. Una dinámica que le permitirá continuar liderando el crecimiento mundial y, sobre todo, refuerza el potencial de sus empresas en bolsa que consideramos seguirán brillando con luz propia y manteniendo una ventaja estructural frente a otras regiones.




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