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El abono tecnológico y digital da un nuevo color al negocio de las floristerías

ABC Economia
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El abono tecnológico y digital da un nuevo color al negocio de las floristerías

Como cada 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, las flores se convierten hoy en uno de los productos más consumidos por millones de personas. A pesar de ser un sector muy estacional, los números muestran un mercado que se sitúa entre 31.000 y 39.000 millones de dólares de valor a nivel global y que representa uno de los motores de empleo más intensivos en mano de obra del sector agrícola, según se puede apreciar en el informe publicado por la universidad OBS, 'El valor estratégico de la inutilidad útil: analizando el futuro de la Industria Floral'.

En él se muestra un mercado en transición en el que la flor ha evolucionado de un producto biológico a un bien de consumo global, impulsado por la tecnología y una logística avanzada. No obstante, es eficiencia ha derivado en una paradoja de márgenes ajustados y una creciente vulnerabilidad.

Factores como la presión climática y energética, la inflación y los desafíos logísticos de la última milla «han forzado al sector a enfrentar las limitaciones inherentes a un producto perecedero, impulsando una reestructuración operativa y estratégica».Nuevas tendenciasNacho Somalo, profesor de marketing en OBS Business School, uno de los docentes que han participado en el informe, habla de algunos cambios en el sector que están empezando a crear tendencia.

«La flor va teniendo más peso y valor en otros ámbitos que el estrictamente amoroso o paternofilial. Ello está ampliando el mercado floral en todo el mundo»; resalta. Habla también del impacto que está teniendo en el sector la digitalización y reconoce que la IA es una herramienta que está sirviendo para personalizar cada vez más los envíos, «pero su impacto no está siendo tan disruptivo en el sector como para generar cambios o modelos de negocio muy diferentes».Las nuevas oportunidades del sector floral vienen asociadas a las nuevas maneras de consumo y al hecho de que cada vez más el disfrute de la flor no esté circunscrito a momentos muy concretos.

«Mientras el regalo de las flores siempre iba dirigido a las mujeres, en la juventud de hoy se hace indistintamente del sexto: hombre a hombre, mujer a hombre, y también en entornos LGTBI. La flor hoy es un signo de valoración y de aprecio, no solo de amor romántico», puntualiza.

A pesar de los cambios, considera que las floristerías de barrio mantienen el rol que tenían antes. «El negocio de las flores sigue teniendo un componente muy local. La gente no se suele ir a un centro comercial para comprar flores, sino que lo hace en la tienda de barrio tanto para utilizar la flor para decoración como para regalar», pone como ejemplo.El informe deja también ver que la industria de las flores está hoy en un punto de inflexión.

La presión climática y energética, con sus implicaciones en costes y sostenibilidad exige adaptaciones urgentes en la producción. Precisamente Fernando Ríos Enamorado. presidente Asociación Española de Floristas (AEFI) considera que la sostenibilidad es una cuestión que «debe abordarse desde toda la cadena de valor del sector floral: la producción, la distribución y el comercio minorista, donde se encuentran las floristerías».En la producción ya se están desarrollando iniciativas para optimizar el consumo de agua mediante sistemas de riego más eficientes y reducir el uso de pesticidas.

También existen proyectos e iniciativas de ámbito europeo que buscan avanzar hacia una mayor sostenibilidad de toda la cadena. «En las floristerías, los profesionales adoptan medidas dentro de sus posibilidades, como la implementación de medidas para el consumo más eficiente y sostenible de electricidad, la optimización de los repartos y la reducción de embalajes y la elección de materiales para envoltorios, que sean más naturales y respetuosos con el medio ambiente», añade.Tradición e innovaciónEl presidente de AEFI habla de una mayor profesionalización del perfil de florista, «combinando cada vez más la tradición con el diseño innovador.

El florista está muy pendiente de las modas y las tendencias, procura innovar y el arte floral evoluciona con ellas para ofrecer propuestas actuales sin perder su identidad». Señala otro cambio, el de una mejora en la calidad de las flores que llegan a las tiendas y «se han incorporado nuevos productos, como la flor preservada, que complementan los materiales que utilizamos habitualmente», resalta.

A ello se suma una formación cada vez más técnica y artística: «El florista ya no solo elabora ramos, sino que también desarrolla proyectos de decoración de eventos y ofrece asesoramiento personalizado», puntualiza. Ha cambiado, además, el perfil de los clientes ya que «se acercan más jóvenes a nuestras tiendas, atraídos por las redes sociales y por un producto que combina naturaleza, creatividad, tradición y diseño».Por su parte, el comercio online ha ampliado las posibilidades de venta de las floristerías.

Cada vez son más los establecimientos que cuentan con su propia página web y ofrecen la posibilidad de realizar pedidos y compras online, complementando así la venta presencial y telefónica. «Las plataformas digitales también contribuyen a dar visibilidad a nuestros productos y a llegar a nuevos clientes que buscan comodidad e inmediatez», reconoce Fernando Ríos.

Ambos canales conviven bien y se complementan. La digitalización permite ampliar el alcance comercial de las floristerías, mientras que la atención directa «sigue ofreciendo un valor diferencial: poder ver las flores, apreciar sus colores y su frescura y recibir el asesoramiento personalizado de un profesional», puntualiza.Opción en augeDesde AEFi confirman un aumento en el mercado de la modalidad de suscripción de flores en determinados entornos, especialmente en las ciudades, aunque todavía no está generalizada en todo el sector.

«La suscripción permite disfrutar de flores frescas en casa o en los centros de trabajo de forma periódica y cómoda, sin tener que realizar un pedido cada vez. También puede ser una oportunidad interesante para las floristerías, porque favorece una relación continuada con el cliente y permite fidelizarlo», resalta el presidente.Ejemplo de todo este cambio que se está produciendo en el sector floral es Betty & Brooke, negocio recientemente creado por Jill Nilsen.

Tras 20 años trabajando en el mundo corporativo decidió dedicarse a algo creativo. «Al haberme criado en el Reino Unido, las flores y los jardines siempre han formado una parte importante de mi vida; sabía que era un sector que me haría feliz, así que decidí dar el paso», afirma Jill.

Para arrancar su proyecto ha sido fundamental combinar la parte online con la tienda física. «Empecé solo con un negocio online y no es tan sencillo como simplemente lanzar un sitio web. Abrir una tienda física ha ayudado a mi tienda online, ya que los clientes pueden comprobar que se trata de un negocio real; esto les da la tranquilidad, saben que hay una persona real detrás del negocio», reconoce la fundadora.

A su vez, la tienda online complementa al establecimiento físico: «De lo contrario, limitarías tus ventas únicamente a las personas que entran físicamente en el local. Al contar con ambos canales, amplías tu mercado de forma considerable», matiza.Una de las apuestas de Betty & Brooke son flores preservadas.

«flores naturales que han sido tratadas para durar años». Los clientes de este producto «valoran la idea de tener flores en casa porque comprar flores frescas cada diez días no es siempre viable», indica Jill Nilsen. Una de sus ventajas, además de su larga duración, es la flexibilidad.

«Las flores preservadas están disponibles en una gran variedad de formas, tamaños y colores lo que permite diseñar los arreglos junto con el florista para que encajen a la perfección con el hogar, la decoración y la personalidad de cada persona; sin duda, una gran ventaja»; puntualiza.

Por otro lado, también ha lanzado la suscripción floral, «cada vez más popular, especialmente la suscripción mensual», reconoce. Cuenta con suscripciones regaladas por personas que no viven en Madrid, «pero que desean enviar flores cada mes a alguien que si residen aquí; así que, cada mes, me pongo en contacto con ellas para preguntarles que mensaje les gustaría incluir.

Es una idea preciosa».No es un camino de rosasSer emprendedor en este sector tiene sus dificultades, en primer lugar porque las flores frescas son productos perecederos y «realizar pedidos excesivos o calcular mal las existencias no solo genera desperdicios, sino también una pérdida económica considerable a lo largo del año», reflexiona Nilsen, Además, se trata de un sector grande con mucha competencia.

«La principal rivalidad en términos de precios proviene de los grandes minoristas, que compran al por mayor en gran escala y ofrecen flores a un coste más bajo. A menudo, esto no garantiza la calidad del producto, lo que puede repercutir negativamente en el consumidor», advierte.En los últimos años son varios los casos de éxito de negocios florales en España, como puede ser Mon Parnasse o Colvin.

Para Nacho Somalo, «existe un interés creciente por las flores como elemento ornamental y de enriquecimiento de un entorno, para dar un aspecto más bonito, más premium, es algo que se está extendiendo y hoy es habitual que la gente compre flores simplemente para disfrutarlas».

Y es un indicador clave de las dinámicas actuales de consumo.

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