El derbi en San Mamés frenó en seco la gran racha txuri-urdin. La Real Sociedad se presentó en Bilbao con la opción de asentar la quinta plaza y volver a meter el aliento en el cogote al Betis en la pelea por la cuarta, pero el equipo de Pellegrino Matarazzo sacó una versión muy alejada de la mostrada en las últimas jornadas.
Los realistas mostraron esa cara B que busca el equilibrio pero que frena la verticalidad y deja el caudal ofensivo taponado. Con eso y un Unai Simón imperial, el conjunto txuri-urdin se fue de vacío.
El arranque fue un suplicio. A la Real le costó salir de su campo, convertida en un bloque desdibujado y templado ante la salida en tromba del Athletic. Hacía falta espabilar, y el equipo reaccionó con el golazo de Sucic. Con ese punto más de velocidad en la pelota pareció que regresaba la versión que divierte, pero faltó finura en las ocasiones. Para colmo, al filo del descanso llegó el penalti de Aramburu a Nico Williams, una acción que va a levantar ampollas. El venezolano terminó muy cabreado el choque y aseguró que Nico le reconoció que no lo había tocado, aunque las quejas no dan puntos.
Tras el descanso, el equipo buscó el área con más ganas que orden, pero cayó en un juego demasiado horizontal. Apenas se generó peligro hasta un remate franco de Soler que falló con toda la portería para él. Ver para creer. En el escenario que más duele, la Real vio truncada su racha después de una semana limpia sin partidos. Está claro que a este equipo no le gustan las baladas, es de ‘rock and roll’, y si no hay ritmo, se fastidia el invento.
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