El último sorteo de la Champions abrió un intervalo en la amistad de Iñigo Pérez y Andoni Iraola. El calendario les reservó un duelo. El martes 20 de octubre, Iñigo al frente del Villarreal debería enfrentar en Anfield al Liverpool que dirige Iraola. El plazo se ha cumplido. Esta noche (21.00, Movistar) en el estadio más emocional y consagrado de Inglaterra, los dos amigos volverán a reunirse. Apretados por la urgencia, cada uno en su escala, atraviesan las circunstancias más complicadas de sus carreras en los banquillos. Sobre las pizarras, dos proyectos especulares de fútbol de ataque sin cuartel. Dos equipos en gestación que comienzan su andadura entre vacilaciones y graves amenazas.
“No es bueno para las relaciones que se produzcan estos cruces”, dijo Iraola el lunes, con el semblante pálido y ojeroso que se les suele poner a los entrenadores sobreexigidos. “Yo normalmente hablo mucho con él pero desde el sorteo dejamos de hablar. Necesitas guardar las distancias. Nunca fue así. Normalmente hablamos mucho de la Premier, de la Liga, de nuestras familias, pero dejamos de hacerlo”.
“Iñigo es mi amigo”, advirtió el guipuzcoano de 44 años. “Nos conocemos desde que coincidimos en Lezama en la academia del Athletic [en 2002]. Jugamos juntos en el primer equipo y luego rápidamente lo llevé como asistente al Rayo. Hemos pasado por muchas cosas juntos. Luego quisimos traerlo al Bournemouth pero no le dieron el permiso de trabajo. Es un privilegio enfrentarlo en un partido de Champions. Él conoce todo de mí, pero yo los sigo mucho a ellos”.
Iraola afronta uno de los retos más grandes que ha tenido entre manos un entrenador español en el extranjero. Con seis Champions y tres Copas de la UEFA en sus vitrinas, el Liverpool es, después del Madrid y el Milan, el club con más títulos grandes europeos. Sus dueños estadounidenses, el Grupo Fenway, quieren acentuar esta trayectoria lo antes posible. Pero desde que ganaron la Premier en 2025 la plantilla da síntomas de apelmazamiento anímico. La muerte de Diogo Jota en un accidente de tráfico y el traspaso de Luis Díaz dejó al vestuario huérfano de sus líderes más revolucionados. Dos fuentes de ambición contagiosa que nadie ha conseguido reemplazar por más que Van Dijk intente poner orden atrás. Los indicios del declive que costó el cargo a Arne Slot, el anterior entrenador, persiste en estos meses a pesar de que Iraola ha hecho un trabajo ímprobo para reanimar a la criatura.
Si el Villarreal acumula cinco derrotas y tres empates en los primeros 11 partidos de Iñigo Pérez, la premura que siente Iraola por darle brillo a su equipo no es menor. La tabla de resultados refleja mejores cifras que las de su oponente con 10 partidos, seis victorias, tres empates y una derrota. Pero al equipo le falta un punto de consistencia.
La derrota contra el City (0-3) alumbró una problemática que trasciende el marcador. Volvió a suceder en la victoria contra el LASK Linz (3-6) lo mismo que el sábado en Brentford, en donde solo pudo remontar el 1-0 (1-2) contra diez tras la expulsión de Yarmolyuk. Los centrocampistas, llámense Mac Allister, Gravenberch, Szoboszlai o Wirtz, por momentos parecen extenuados, o perezosos. Incurren en fases de baja actividad. Ley del mínimo esfuerzo que produce desatención en defensa y —más asombroso— escasos movimientos de desmarque en los carriles centrales, cuando los rivales elevan un poco la presión y Van Dijk busca un destino a sus pases interiores. Así, como en la etapa de Slot, el equipo corre el riesgo de aplanarse en ataque y acabar apostándolo todo al balón largo y a los centros.
“Como contra el Atlético”
“Aprendes en las dificultades”, explicó Iraola. “Hasta que no estás bajo presión no tienes ese conocimiento en situaciones en las que debes reaccionar. Ahora tenemos que intentar jugar como contra el Atlético”.
El triunfo contra el Atlético en la primera jornada de Champions es el estándar que pretende establecer Iraola. Presión adelantada exhaustiva y agresividad para pedir el balón en todos los escenarios. Casi lo mismo que persigue Iñigo Pérez del otro lado. “Si cambias el paso y no das tu paso quizás tú mismo te tropieces”, dijo el técnico del Villarreal cuando le preguntaron si no se planteaba cambiar de táctica para sorprender a un rival que le conocía tan bien. “Creo que habrá pocas sorpresas entre lo que él propondrá y yo también”, concluyó. “Las cartas están sobre la mesa y no creo que haya sorpresas”.
Los dos entrenadores harán propuestas atrevidas. Pero desde plataformas desiguales. El Villarreal suma 190 millones de euros en gastos brutos en fichajes en los últimos tres años, mientras que el Liverpool ha pagado 700 millones en refuerzos. La brecha separa dos mundos. Dos retos desconocidos para dos amigos que se reencuentran en el momento más crítico.




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