La derrota ante la Real Sociedad (2-5) mantiene al Málaga como colista de Primera División y único equipo que todavía no ha estrenado su casillero de victorias. Las sensaciones tampoco acompañan y La Rosaleda dejó escuchar por primera vez murmullos de desaprobación hacia el rendimiento del equipo. No hubo una protesta organizada ni peticiones de dimisiones. Al menos por ahora. Sí se escucharon silbidos por el juego del equipo y un mensaje que reflejó el malestar de una parte de la afición con la planificación deportiva: “¿Dónde están los fichajes, los fichajes dónde están?“.
Al Málaga le está costando adaptarse a la máxima categoría apenas un año después de un ascenso que parecía improbable cuando el equipo llegó a coquetear con los puestos de descenso a Primera RFEF. La plantilla mantiene una marcada identidad de cantera, con 14 jugadores formados en La Academia, y apenas cuenta con Carlos Dotor, Joaquín Muñoz, Pablo Martínez y José Salinas como futbolistas con experiencia previa en la élite.
El arranque tampoco ayudó. Atlético, Deportivo y Real Madrid formaron parte de un calendario especialmente exigente para un recién ascendido. Sin embargo, fue la derrota en casa frente al Villarreal (1-3) la que marcó un punto de inflexión. A partir de entonces comenzaron a surgir las primeras dudas sobre la confección de la plantilla y sobre el rendimiento de las incorporaciones.
Por distintos motivos, ninguno de los fichajes ha logrado tener, por el momento, el impacto esperado. Jens Cajuste apenas ha acumulado cuatro minutos de competición y Berrocal solo ha disputado un encuentro completo. Juan Cruz continúa lesionado, mientras que Pablo Martínez está actuando en una posición diferente a la habitual. Calero, después de superar sus problemas físicos, encadena dos titularidades sin haber alcanzado todavía su mejor versión. Salinas tampoco ha conseguido asentarse en el lateral izquierdo y Adam Aznou sigue siendo una incógnita.
La consecuencia es que el once titular se parece mucho al que consiguió el ascenso, pero con una diferencia determinante: la falta de gol. Chupe, autor de 25 tantos la pasada campaña en Segunda División, solo ha marcado uno y ha realizado seis remates entre los tres palos. Larrubia ha pasado de firmar 12 goles a no estrenarse todavía. El máximo realizador es Niño, con tres tantos, pese a no ser un fijo en las alineaciones. En total, el Málaga apenas ha anotado seis goles en nueve jornadas, una cifra insuficiente para competir con garantías en Primera.
Hace dos meses, además, Julen Lobete sufrió una lesión de larga duración que abrió la puerta a la incorporación de un futbolista que se encontrara sin equipo. Entre los nombres ofrecidos apareció el de Anthony Martial, un delantero de reconocido prestigio internacional. Su posible llegada generó un intenso debate entre los aficionados, pero el club descartó la operación por motivos económicos y deportivos. El francés no juega desde abril y su salario está muy lejos de las posibilidades actuales de la entidad.
La mirada apunta ya al mercado invernal. Sin embargo, reforzar la plantilla no será sencillo. El Málaga tiene cubiertas las 25 fichas profesionales y cualquier incorporación exigiría antes una salida. Además, la situación económica continúa condicionada por la intervención judicial que vive el club desde febrero de 2020, una circunstancia que obliga a supervisar cualquier desembolso extraordinario.
Autocrítica en el vestuario
Ramón Enríquez, uno de los capitanes del equipo, realizó una reflexión tan sincera como preocupante sobre el momento que atraviesa la plantilla. “Entiendo perfectamente por qué se da la clasificación. Ahora mismo no nos está dando para ser jugadores de Primera División. Tenemos que mirarnos cada uno a nosotros mismos, ver en qué debemos mejorar individualmente y seguir creyendo. El Málaga cree, el vestuario cree y nos vamos a salvar”.
El mensaje refleja autocrítica, pero también convicción. De momento, la figura de Juanfran Funes no está cuestionada, aunque el escenario guarda ciertos paralelismos con el vivido la pasada temporada antes del cese de Sergio Pellicer en la jornada 14. Entonces el equipo reaccionó contra pronóstico y acabó logrando el ascenso.
Ahora el reto es muy diferente. El Málaga ya no persigue un sueño inesperado. Su objetivo es demostrar que pertenece a Primera División y evitar que la euforia de hace apenas unos meses termine transformándose definitivamente en desencanto.
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