El 29 de octubre no es un día cualquiera en el santoral del madridismo militante. En esa misma fecha de 1994, hace justo 32 años, debutó con el Real Madrid un niño de 17 años llamado Raúl y apellidado González Blanco (el apellido de su madre era premonitorio de lo que nos esperaba con ese muchacho flaquito, criado en el campo de tierra de la populosa barriada de San Cristóbal de los Ángeles).
Fue en un Real Zaragoza-Real Madrid jugado en La Romareda, en la víspera del puente de Todos los Santos. Jorge Valdano, entrenador de los blancos en aquella época, dio un puñetazo en la mesa al convocar a Raúl y, por si fuera poco, incluirle en el once titular por encima de una leyenda incuestionable: Emilio Butragueño Santos. El personal alucinó porque el Buitre era intocable hasta ese momento, pero Valdano tenía muy claro que ese chaval contestatario y rebelde escondía un talento descomunal y un gen competitivo fuera de lo común. Una estrella.
Al minuto de juego ya tiró un desmarque y se plantó solo ante el gigante Cedrún, lo regateó y se le fue alto al chutar con la derecha, su pierna mala. Pero a ese aviso añadió dos asistencias de gol y una lucha admirable. El ‘7’ se estrenó en el Bernabéu dos semanas más tarde con un golazo al Atleti. Y luego vino lo que vino...
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