Solo las bacterias y los protistas parecen escapar del tráfico humano. Muchos hongos, decenas de miles de especies vegetales, miles de taxones de invertebrados y, entre los vertebrados, millares de aves y peces y centenares de anfibios y mamíferos son cazados, recolectados o capturados vivos o muertos para ser vendidos enteros o por partes de forma tanto legal como ilegal. Ahora, un trabajo recién publicado en Science Advances ha buceado en todas las bases de datos para dar una cifra del comercio internacional de vida silvestre: 107.356 especies. El número supone más que doblar las estadísticas actuales. Por ejemplares, es incalculable.
“Cuando pensamos en el comercio de vida silvestre, solemos pensar en el tráfico ilegal de elefantes, tigres y pangolines. Pero es mucho más que eso”, dice Alice Hughes, investigadora de la Universidad de Melbourne y primera autora de este trabajo, en el que han participado una treintena de investigadores. “Abarca desde madera, productos del mar y plantas medicinales hasta mascotas, flores cortadas, peces ornamentales y hongos; y, en su mayor parte, es legal”, añade en una nota. De hecho, el tráfico ilegal apenas es una fracción del comercio legítimo. Las incautaciones al furtivismo apenas suponen el 0,01%% del volumen total del comercio, sea legal o ilegal. Y, en valor, no supera el 10% del total.
La investigación ha reunido los registros de casi una decena de bases de datos. Algunas, como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), tienen buenas estadísticas para la pesca (no para los peces de acuario). Lo mismo sucede con la Organización Internacional de las Maderas Tropicales, que fiscaliza la explotación maderera. Otras, como la de TRAFFIC, que registra las incautaciones ilegales, dan una idea del tráfico ilícito de especies, pero los alijos, como sucede con los de las drogas, representan solo una pequeña parte del total. La principal fuente de información es la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que recoge 40.980 de ellas, la inmensa mayoría vegetales. Pero, como su propio nombre indica, se centra en aquellos animales y plantas cuya exportación puede suponer una amenaza.
Sumando todos los registros, el estudio contabiliza un mínimo confirmado de más de 70.000 especies vendidas y compradas. Pero los autores elevan la cifra más probable hasta más de 100.000. Para lograr esta estimación ha sido clave el sistema LEMIS. Instaurado en Estados Unidos hace unos años, registra todo bicho viviente de origen silvestre que entra o sale de las fronteras del país. Además, lo archivan con el nombre de la especie y el género. Con un total de 21.000 especies registradas, LEMIS ayuda a saber el alcance real del tráfico en todo el planeta.
“Estados Unidos es uno de los pocos países que almacena información sobre la fauna silvestre a nivel de especie, a través de LEMIS”, destaca Hughes en un correo. “Las cifras que manejamos son conservadoras, debido a la falta de una recopilación estandarizada en otros lugares. Es probable que Europa importe muchos más taxones que Estados Unidos, pero sin los datos de TRACE NT, no podemos evaluarlo con precisión”, añade. TRACE NT es la versión europea de LEMIS, aunque más centrada en la bioseguridad. “Además, están surgiendo nuevos mercados, como el asiático de mascotas exóticas, que a menudo presentan perfiles de especies consideradas atractivas muy diferentes”, completa la investigadora australiana. Todo ello apunta a que sus cálculos se quedan cortos y “necesitamos urgentemente mejores datos de más regiones”, termina.
Por taxones, lo primero que destaca es que son las plantas y no los animales los que engordan las cifras del comercio mundial de vida silvestre. Y dentro del mundo vegetal, las orquídeas suponen casi 2/3 de las especies con las que se trafica. Y eso que existe todo un sector agroindustrial que las cultiva. Dentro de los animales, no son los grandes mamíferos los más traficados, sino los pequeños invertebrados. Más de 4.000 especies de mariposas y cerca de 2.000 arácnidos salen, en su mayoría, de países en vías de desarrollo con destino al primer mundo.
De entre los vertebrados, las que más alimentan el negocio son las aves: se comercia con el 65% de todas las que se conocen. Unas son para comer su carne, otras por tener solo sus plumas, otras para que imiten la voz humana u otras para que canten enjauladas. Según un artículo publicado hace unos años, algunas especies de aves cantoras de Indonesia tienen más ejemplares en jaulas que en libertad. El siguiente gran grupo son los peces, con 5.454 especies explotadas comercialmente. Basta un ejemplo: cada año se capturan y venden 37 millones de caballitos de mar y el 95% de ellos proceden de países en los que CITES ha prohibido su comercio.
El estudio no diferencia entre comercio legal y tráfico ilegal a la hora de contar especies, aunque destaca que del segundo hay suficientes pruebas de su insostenibilidad. Esa palabra, que implica que se eliminan individuos de una población a un ritmo superior al que la especie puede soportar, es una de las claves. Para los autores, no es tan fácil medir hasta qué punto se puede explotar un recurso antes de que salten las alarmas para que CITES entre en acción. De hecho, otro trabajo desveló hace unos años que para los animales en extinción esperan hasta dos décadas a que se prohíba comerciar con ellos.
En 2023, una exhaustiva revisión relacionó el comercio internacional con la extinción de casi 300 especies y la casi extinción de otras tantas. Muchas son extinciones históricas, pero otras, como las de varias subespecies de rinocerontes, son de las últimas décadas. De ahí la urgente necesidad de saber qué especies son comercializadas, de dónde proceden, la cantidad de ejemplares por especie o cómo se obtienen. Como destacan los autores en el estudio, el comercio, si es sostenible, puede ser vital para las comunidades de origen.
“Es importante que nos aseguremos de que el comercio legal es sostenible”, opina el responsable del Bioecon Lab de la Universidad de Singapur, Román Carrasco. “Esto se logra supervisando las poblaciones y estableciendo cuotas de venta”, añade. Para el investigador español, habrá que hacerlo sin detraer dinero y esfuerzos de la lucha contra el tráfico ilegal: “Aunque el comercio ilegal de fauna silvestre representa solo una pequeña proporción del comercio global, incluye aquellas especies que están a punto de desaparecer, muchas veces por culpa del comercio ilegal”. Y pon un ejemplo que conoce de cerca: “El rinoceronte de Sumatra, diezmado por el comercio ilegal, del que quedan solo 80 y con problemas de reproductividad, probablemente se extinga pronto”.





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