Dos personas pueden tener el mismo tipo de cáncer y, aun así, presentar tumores con características distintas. Esa variación complica el desarrollo de vacunas capaces de enseñar al organismo qué células debe atacar. Ahora, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han probado una manera de adaptar ese entrenamiento a las señales propias de cada tumor.
La propuesta hace uso de un virus inofensivo para poder transportar esas señales hasta el sistema inmunitario. En ratones, las vacunas experimentales redujeron la aparición y el crecimiento de tumores. Todavía no se han probado en personas, pero los resultados, publicados en Advanced Healthcare Materials, ofrecen una vía para diseñar tratamientos más personalizados.
Un virus que sirve de vehículo para enseñar al organismo a reconocer el cáncer
Ilustración de los bacteriófagos M13 utilizados por investigadores del MIT para desarrollar vacunas experimentales capaces de activar las defensas contra diferentes tipos de tumoresLa pieza central es el bacteriófago M13, un virus que infecta bacterias, pero no células humanas. Los científicos modificaron su cubierta para colocar pequeñas proteínas llamadas antígenos, que actúan como señales de identificación para las defensas. Así, el organismo puede aprender a reconocer células que presentan esas características. No contienen células cancerosas: se trata de pistas para que las defensas aprendan a identificar un objetivo concreto.
Lo más interesante no es únicamente qué proteína transporta, sino cuántas copias lleva en su superficie. El equipo de Angela Belcher y Shengnan Huang consiguió regular esa cantidad y descubrió que influía notablemente en la respuesta inmunitaria. El propio virus también ayuda a activar las defensas, evitando tener que añadir necesariamente otra sustancia para estimularlas.
En una prueba con ratones, compararon partículas cuya cubierta mostraba un 6% o un 35% de la proteína elegida. La segunda provocó una respuesta más intensa y protegió mejor frente a células de melanoma introducidas después de la vacunación.
Repitieron el planteamiento con una señal específica de tumores de colon en ratones. Al aumentar su presencia en la vacuna, consiguieron que las células defensivas dirigidas contra ella se multiplicaran y que los tumores avanzaran menos.
El objetivo es adaptar cada vacuna al tumor de cada paciente
La ventaja de esta plataforma es que los investigadores podían sustituir unas proteínas por otras sin rediseñar todo el sistema. Si logran identificar una característica exclusiva del cáncer de una persona, podrían fabricar una vacuna preparada para que sus defensas la reconozcan.
Es una estrategia distinta de las vacunas personalizadas de ARN mensajero que se están ensayando contra el melanoma, aunque ambas persiguen que el organismo identifique mejor las células cancerosas. Los avances con pacientes de cáncer de páncreas muestran hasta qué punto importa comprobar si esa respuesta se mantiene con el tiempo.
Eso sí, el nuevo estudio del MIT vacunó a los animales antes de introducirles células tumorales. El laboratorio dispone de investigaciones anteriores sobre el cáncer ya establecido, pero todavía debe comprobar que esta versión funciona igual de bien como tratamiento.
Faltan pruebas de seguridad, resultados en humanos y demostrar que puede adaptarse a distintos tumores reales. Por ahora, el avance no es una vacuna contra todos los cánceres, sino una forma de fabricar vacunas distintas a partir de una misma base.





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