A pocas semanas de acabar 2026, es muy difícil que alguien con acceso a un ordenador o dispositivo móvil no haya utilizado nunca una herramienta o servicio de inteligencia artificial. Se estima que alrededor de 4 mil millones de adultos han usado esta tecnología en algún momento, y solo ChatGPT —el bot conversacional de OpenAI— supera ya los mil millones de usuarios activos semanales. Si tenemos en cuenta el resto de chatbots, como Gemini de Google o Claude de Anthropic, lo más probable es que la cifra sea mucho más alta.
Que ChatGPT sea el asistente conversacional preferido de tanta gente no entraña ningún misterio: fue el primero basado en modelos de lenguaje a gran escala en llegar y, por tanto, no le fue complicado captar la atención masiva del público general. Además, su versatilidad lo hace apto para múltiples tareas: desde redactar texto hasta recabar información, pasando por generar imágenes realistas o aportar ideas/consejos. De hecho, mucha gente aprovecha que las conversaciones son tan fluidas y naturales para tratarlo como una especie de amigo, compañero fiel o incluso psicólogo. Una mensualidad del servicio cuesta mucho menos que una sesión de terapia con un profesional de la salud mental.
Si bien cada vez más gente encuentra confort en contar sus problemas a ChatGPT por ser una alternativa económica y de fácil acceso a un psicólogo, no debe utilizarse como reemplazo de una persona de carne y hueso con estudios, ni tampoco como un amigo que sustituya las amistades del mundo real. Por ello, tampoco se debería usar ChatGPT como si fuera un médico para pedirle consejos de salud. Una mala directriz puede tener resultados trágicos. Y si no, que se lo pregunten a la familia de Bowen Wan, una mujer que, supuestamente, ha fallecido por una mala recomendación de esta IA.
Por miedo a perder su permiso de residencia en Estados Unidos tras perder el trabajo, la víctima pidió ayuda a ChatGPT
Más gente, presuntamente, habría usado ChatGPT antes de suicidarse o cometer asesinatoBowen Wan empezó a hablar con ChatGPT a principios de 2023. Encontró en este servicio la compañía que necesitaba, ya que vivía en Seattle, lejos de su pueblo natal en la zona rural de Jiangsu (China). Wan sufría de epilepsia, en un grado lo suficientemente severo como para tener que tomar una baja por discapacidad mientras trabajaba en Amazon como desarrolladora de software. Según The New York Times, la mujer fue despedida en noviembre de 2025, obligándola a buscar rápidamente un nuevo trabajo para poder conservar su tarjeta de residencia.
Wan, sin embargo, tenía miedo de los efectos secundarios que le podía producir la lamotrigina —el medicamento que tomaba para tratar la epilepsia—, afectando así su capacidad para trabajar. En la demanda presentada por su familia, supuestamente, ChatGPT le aconsejó que redujera gradualmente la dosis del mencionado medicamento. Entre los efectos secundarios frecuentes de la lamotrigina se encuentran los mareos, dolor de cabeza, somnolencia, visión borrosa o doble y náuseas, además de posibles sarpullidos.
Según la demanda, con el tratamiento de lamotrigina, la fallecida estaba perdiendo vocabulario en inglés (que empezó a aprenderlo a los siete años por su cuenta, utilizando un CD-ROM), mandarín y el dialecto Wu con el que creció. Para afrontar las nuevas entrevistas de trabajo, necesitaba recuperar su fluidez con el inglés, y GPT-4o la animó a reducir gradualmente la dosis de lamotrigina para ello.
La IA le proporcionó un plan de 25 días para reducir la dosis de 400 miligramos a cero. «Es un régimen que ningún médico jamás prescribió, y que la propia etiqueta del medicamento, aprobada por la FDA, prohíbe», explica la demanda, que afirma también que la IA de OpenAI la alentó a ocultar el plan a su médico.
Tras un par de días sin saber nada de Bowen Wan, su familia pidió a un amigo que vivía en Seattle que fuera a ver cómo estaba. Fue en una videollamada, el pasado 14 de febrero de 2026, cuando descubrió que su hija había fallecido. La causa de la muerte fue SUDEP (Muerte Súbita Inesperada por Epilepsia), según la demanda. La demanda contra OpenAI alega que ChatGPT ejerció la medicina al prescribirle un esquema de reducción gradual de la dosis.
Según el abogado de la familia, Benjamin S. Schenk: «en California se necesita una licencia para ejercer la medicina. Este caso exige que se rindan cuentas por el daño causado. Cuestiona dónde termina la IA generativa y dónde comienza la medicina, y quién responde cuando un producto cruza esa línea». Por su parte, OpenAI lamenta la «increíblemente dolorosa situación», confirmando que está trabajando con médicos y expertos para seguir fortaleciendo la respuesta de ChatGPT en situaciones delicadas y urgentes.
ChatGPT, desde su lanzamiento, habría causado, supuestamente, más victimas. Hay varios casos de suicidio y autolesión, así como de asesinatos. Por ejemplo, el de Hisham Salé Abu Gabé hace unos meses, al que se le acusó de asesinar a sus dos compañeros de cuarto y consultar a ChatGPT cómo usar un arma y deshacerse de un cuerpo. En Seattle, un hombre de 60 años fue hospitalizado tras desarrollar bromismo después de seguir un consejo de ChatGPT. El afectado quería reducir el consumo de sal, y la herramienta le sugirió sustituirla por bromuro de sodio, que es un compuesto tóxico.





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