Respirar más rápido y profundamente de lo habitual puede cambiar mucho más que el ritmo del corazón. Algunas personas que practican técnicas de respiración intensa describen sensaciones de unidad, cambios en su percepción e incluso la impresión de perder momentáneamente la noción de sí mismas. Ahora, un estudio ha investigado qué ocurre en el cerebro durante esas experiencias.
La investigación, dirigida por Christian Schmitz, del Instituto Central de Salud Mental de Alemania, ha encontrado cambios importantes en la circulación cerebral. Sin embargo, los resultados muestran que la explicación no es tan sencilla como respirar más deprisa y recibir menos sangre en el cerebro.
¿Qué encontraron los científicos al observar el cerebro?
El equipo reunió a 30 adultos sanos, de unos 45 años de media, que ya tenían experiencia con estas prácticas. Durante una resonancia magnética, realizaron respiración circular: inhalar y exhalar de forma continua, sin las pausas habituales entre ambas fases.
En el momento de mayor intensidad, el flujo de sangre en la materia gris del cerebro disminuyó un 45,5% respecto a los valores iniciales. También aumentaron las pulsaciones y la frecuencia respiratoria. Es un cambio considerable, pero no debe confundirse con una caída equivalente del oxígeno disponible.
Los participantes describieron experiencias intensas, con alteraciones de la percepción y una sensación diferente de su propia identidad. No resulta extraño que la ciencia estudie estos fenómenos junto a otros estados de conciencia: algunas investigaciones sobre la psilocibina también exploran sus efectos sobre el cerebro, aunque los mecanismos no tienen por qué ser iguales.
¿Por qué la reducción del flujo sanguíneo no lo explica todo?
Los investigadores analizaron además una red de regiones cerebrales relacionada con los pensamientos sobre uno mismo y los recuerdos. A diferencia de lo observado con ciertos psicodélicos, no encontraron cambios claros en sus conexiones al estudiar al grupo completo.
Entre quienes relataron experiencias más intensas aparecieron algunas diferencias individuales, pero dependían de cómo se analizaron los datos. Por tanto, todavía no permiten establecer una relación firme.
Lo curioso es que la disminución del flujo sanguíneo tampoco se relacionó directamente con la intensidad de las sensaciones. El trabajo apunta a que podrían intervenir varios procesos a la vez, algo que encaja con el interés de cómo percibimos las señales internas de nuestro cuerpo.
Este tipo de estudios puede ayudar a comprender mejor cómo surge nuestra experiencia consciente, pero todavía quedan muchas preguntas.
La muestra era pequeña, todos tenían experiencia previa y no hubo un grupo de comparación. Tampoco se ha demostrado que respirar intensamente tenga los mismos efectos terapéuticos que un psicodélico. Además, provocar grandes cambios en la circulación cerebral no es algo que deba intentarse sin supervisión: pueden aparecer mareos o desmayos.






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