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Un estudio en Nature con más de 100.000 pacientes vincula la grasa parda con mejor salud física y mental y señala al losartán como posible activador

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La grasa corporal suele asociarse con problemas de salud, pero no todos los tipos de tejido adiposo tienen los mismos efectos en nuestro cuerpo. Mientras que la grasa blanca almacena energía y, en exceso, puede favorecer el desarrollo de diversas enfermedades, la grasa parda desempeña otra función: quema calorías, consume azúcares y grasas y ayuda a mantener la temperatura corporal. Ahora, un estudio publicado en Nature apunta a que este tejido podría estar relacionado también con una mejor salud mental y abre nuevas posibilidades para desarrollar tratamientos que permitan activar sus funciones.

La investigación, dirigida por científicos de la Universidad Rockefeller, en Estados Unidos, analizó los historiales médicos de 101.243 personas mediante herramientas de inteligencia artificial capaces de identificar la presencia de grasa parda. Los resultados revelaron que cerca de 8.900 participantes tenían cantidades detectables de este tipo de tejido adiposo. Al comparar sus datos con los de otras personas con características similares, los investigadores observaron diferencias importantes en su estado de salud.

Los posibles beneficios de la grasa parda para el organismo

Las personas con grasa parda detectable presentaban una menor probabilidad de padecer diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Estos resultados respaldan la teoría de que este tejido podría desempeñar un papel protector frente a determinadas enfermedades metabólicas y cardíacas. Además, los investigadores encontraron una asociación relacionada con la salud mental: quienes tenían grasa parda eran menos propensos a presentar ansiedad o depresión.

Aunque estos descubrimientos resultan prometedores, es importante interpretar los resultados con cautela. El estudio observacional permite identificar asociaciones entre la presencia de grasa parda y determinados indicadores de salud, pero no demuestra que este tejido sea directamente responsable de los beneficios detectados. Para comprender mejor esta relación, será necesario realizar nuevas investigaciones que permitan establecer los mecanismos implicados y determinar si existe una relación causal.

La cantidad y la actividad de la grasa parda también parecen ser factores relevantes. Los investigadores observaron que una mayor actividad de este tejido se asociaba con beneficios más pronunciados, especialmente en la grasa localizada en las axilas. No obstante, la grasa parda es menos abundante que la grasa blanca, tiende a disminuir con la edad y, en muchas personas, permanece relativamente inactiva. Por ello, comprender cómo estimularla podría convertirse en una vía muy interesante para futuros tratamientos médicos.

Mediante inteligencia artificial, se localizaron los depósitos de tejido adiposo marrón en los sujetos del estudio.

En busca de posibles formas para activar este tejido, el equipo examinó los medicamentos que tomaban los participantes. El análisis reveló que las personas que utilizaban determinados fármacos para controlar la presión arterial tenían más probabilidades de presentar grasa parda detectable. Entre los medicamentos estudiados destacó el losartán, un fármaco muy utilizado para tratar la hipertensión.

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Para investigar esta relación con mayor profundidad, los científicos realizaron experimentos con ratones. Los animales tratados con losartán mostraron una mayor actividad de la grasa parda, que consumía más energía y producía más calor. Los análisis de las células de este tejido respaldaron los resultados. Además, los investigadores descubrieron que la activación de la grasa parda parecía producirse mediante mecanismos moleculares diferentes de los responsables de reducir la presión arterial.

Esta última observación podría tener importantes implicaciones. Si ambos efectos dependen de vías biológicas distintas, en el futuro sería posible desarrollar tratamientos capaces de estimular la grasa parda sin modificar necesariamente la presión arterial. Así, esta estrategia podría llegar a beneficiar incluso a personas que no padecen hipertensión. Ahora bien, los experimentos se realizaron en ratones, cuya dependencia de la grasa parda es mayor que la de los seres humanos, por lo que todavía se desconoce si estos efectos se reproducirán en personas.

La investigación necesita nuevos estudios

El estudio presenta otras limitaciones. Todos los participantes del análisis inicial habían recibido un diagnóstico de cáncer y más de tres cuartas partes eran mujeres, lo que dificulta extrapolar los resultados al conjunto de la población. Serán necesarios más estudios con el fin de confirmar las asociaciones observadas y evaluar la seguridad y eficacia de posibles tratamientos.

Pese a las limitaciones, la investigación representa un avance en la comprensión de las funciones de la grasa parda y su posible relación con la salud integral. La combinación de inteligencia artificial, grandes bases de datos clínicos y experimentos de laboratorio ha permitido identificar nuevas pistas sobre su potencial terapéutico. Si futuras investigaciones confirman estos resultados, activar este tejido podría convertirse en algo muy prometedor a la hora de combatir enfermedades metabólicas y cardiovasculares, y quizá también contribuir a la salud mental.

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