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Stephen Cordon, piloto de EE UU, tras aterrizar en el Juan Carlos I: «Son muy profesionales y están muy bien entrenados» y es en uno de los buques más avanzados de España

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Stephen Cordon tuvo que coordinar su aproximación con personal de un buque que pertenecía a otra marina. El capitán estadounidense participó en las tomas de un MV-22B Osprey sobre el Juan Carlos I el 9 de septiembre de 2015, frente a la costa española. El ejercicio permitía practicar el trabajo entre una aeronave estadounidense y la dotación encargada de recibirla en la cubierta.

«Son muy profesionales y están muy bien entrenados», afirmó sobre los españoles en la crónica publicada por los Marines el 15 de septiembre de 2015. La cita, traducida del inglés, procede de su experiencia como piloto durante aquella actividad. Su elogio estaba unido a la confianza en el personal con el que operaba, dentro de una preparación compartida para trabajar desde buques aliados.

El Osprey se distingue por sus rotores basculantes. Puede realizar operaciones de despegue y aterrizaje vertical y volar como un avión de hélices. Esa combinación permite transportar personal, equipo y suministros entre bases terrestres y buques. Para aprovecharla en el Juan Carlos I había que entender las señales y los procedimientos de la dotación española, además de conocer las características del aparato.

La torre también trabaja en equipo

Durante el ejercicio, especialistas estadounidenses se situaron junto al personal español de la torre para coordinar las entradas y salidas. La aproximación formaba parte de una secuencia compartida, con patrones y señales que las dos fuerzas debían reconocer. Las comunicaciones durante una operación tenían así una aplicación inmediata: poner de acuerdo a los equipos que observaban el vuelo desde lugares diferentes.

La toma sobre una cubierta disponible no equivale a poder emplear cualquier avión desde ella. El tipo de aeronave, sus dimensiones y su forma de operar condicionan la preparación del barco. El debate sobre el relevo de los Harrier plantea otras necesidades. En septiembre de 2015, la prueba se centró en el Osprey y en la familiarización de su personal con el buque español.

NAVAIR identifica como misión del MV-22 el transporte para operaciones de asalto y apoyo, desde buques o instalaciones terrestres. Sus dos motores permiten orientar el conjunto de rotores según la fase de vuelo. El trabajo de Cordon se encuadraba en esa función de transporte. La formación de las tripulaciones debe incluir las condiciones concretas del lugar de operación, además del manejo de los mandos en la cabina.

Un punto de apoyo sobre el mar

El diseño del Juan Carlos I incorpora una cubierta corrida y un hangar para operar con aeronaves, además de sus funciones anfibias. La Armada presentó su cubierta de vuelo con 202 metros de longitud al botar el buque. Esa superficie constituye el espacio de trabajo de los equipos aéreos: la organización de los movimientos es parte de su empleo, junto a las instalaciones disponibles para apoyar a las aeronaves.

Las tomas se integraban en la Allied Maritime Basing Initiative, que buscaba aprovechar medios anfibios europeos para apoyar una respuesta a crisis en el Mediterráneo o el golfo de Guinea. El buque ofrecía una base desde el mar que complementaba instalaciones terrestres, como las de la base de Rota. Practicar juntos antes de una misión permitía reconocer cómo trabajaba cada dotación y qué coordinación necesitaban las tripulaciones.

La experiencia tenía también una dimensión individual. El mayor Bret Knickerbocker, otro piloto del ejercicio, ya había realizado cientos de aterrizajes con el Osprey, pero aquella era su primera oportunidad en un buque anfibio español. La familiarización respondía a esa diferencia concreta. El aparato era conocido; lo que tocaba aprender era cómo operarlo junto a otra dotación en la cubierta del Juan Carlos I.

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