El misterio en torno a la hipotética existencia de vida más allá del planeta Tierra sigue siendo campo de estudio por parte de la comunidad astrofísica. Las miradas se posaron en primera instancia, por proximidad, a los planetas vecinos, con Marte copando buena parte de la atención e incluso las aspiraciones de los principales responsables de compañías inmersas en la carrera espacial como Elon Musk con SpaceX de trasladar vida a él.
Pese a esa aparente vecindad, las condiciones cambian de manera radical de un planeta a otro, con lo que no resulta sencillo ni encontrar los elementos propicios para que se cree vida ni para albergarla. Eso hace que el objetivo se traslade más allá y se busque en galaxias fuera de la Vía Láctea la oportunidad de encontrar un espacio afín a la vida.
Los estudios y la recopilación de datos hasta el momento han descartado también la posibilidad de que hubiera vida en exoplanetas. Ahora, una simulación llevada a cabo por un grupo de astrofísicos y publicada por el medio especializado Monthly Notices of the Royal Astronomical Society no hace sino reafirmar la idea de que ningún entorno es tan afable para albergar vida como el que supone la galaxia en que se encuentra el Sistema Solar.
La búsqueda de vida más allá de los planetas vecinos
Para quien lea este texto, no supondrá ninguna novedad la conclusión de este nuevo ensayo que lleva por título «Vida en el vecindario cósmico: zonas habitables galácticas en las simulaciones Eagle» y que ha sido desarrollado por los expertos Luke A. Barnes, Geraint F. Lewis, Jaime Salcido, Pascal J. Elahi, Miroslav D. Filipovic y Richard G. Bower. Si podemos acceder a un sitio web y leer estas líneas o buscar el artículo de referencia del estudio, es precisamente porque ese entorno del que se habla nos permite existir y ser.
Lo que ha tratado de dirimir el equipo investigador son las llamadas zonas de habitabilidad galáctica. Cierto es que al formar parte del cosmos, hay amenazas presentes en él que pueden hacer acto de presencia en cualquier momento, como una explosión de rayos gamma o la presencia de un agujero negro supermasivo que acabe con cuanto se encuentre en su radio de acción. Pero, por fortuna, la perspectiva de futuro para la Tierra gracias a su ubicación en el espacio invita al optimismo, al contrario de lo que sucede con otras galaxias.
El equipo de astrofísicos enumerado ha utilizado simulaciones avanzadas de la evolución del universo a gran escala que han determinado que la posición que ocupa el Sol en la zona periférica de la Vía Láctea representa uno de los enclaves más estables y seguros para el desarrollo y mantenimiento de la vida.
El sistema EAGLE y las claves de la estabilidad estelar
Una conclusión a la que llegaron a través de diversas recreaciones efectuadas con el sistema EAGLE (Evolution and Assembly of GaLaxies and their Environments), entorno que permite llevar a cabo algunas de las simulaciones numéricas más precisas en cuanto al universo observable se refiere. En ellas se dirimen aspectos como la expansión del espacio, la acción de la gravedad, el porcentaje de presencia de elementos básicos para la vida, así como el posible comportamiento de gases, estrellas y agujeros negros a lo largo de cientos de millones de años.
A la hora de evaluar y cruzar todos los datos establecidos con modelos que miden el riesgo para la vida de cada entorno, los astrofísicos han llegado a la conclusión de que ninguna ubicación espacial resulta tan propicia como la nuestra, gracias a la distancia óptima a la que se sitúa el Sol de la Tierra y todo el conjunto de nuestra galaxia con respecto al potencial riesgo que se puede generar en otras galaxias.
De las simulaciones también se traslada que la Vía Láctea ya ha pasado por su época de mayor actividad y que más en riesgo podría poner las condiciones actuales de habitabilidad que representa la zona del cosmos en que se sitúa el Planeta Azul. Mientras que las galaxias más pequeñas y compactas suelen ser medios caóticos, saturados de radiación y con una actividad estelar demasiado violenta, las galaxias espirales de gran tamaño como la Vía Láctea han dejado atrás sus etapas más convulsas.
El propio estudio se refiere a este momento en la evolución de la galaxia como una «fase de «madurez y tranquilidad». Un aspecto que refrenda un dato extraído de los cálculos elaborados por el equipo investigador y que señala que menos de una de cada mil estrellas situadas en el vecindario galáctico de la Vía Láctea experimentaría un evento catastrófico.
Por tanto, el estudio llevado a cabo mediante simulaciones con respecto a otras galaxias y los eventos que se pueden producir en ellas define una realidad ante la que la comunidad siempre trata de contar con más elementos de reafirmación: nuestra galaxia supone un refugio privilegiado frente a la agitación de los rincones más densos del cosmos.




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