Los dinosaurios existieron durante la Era Mesozoica (conocida como la «era de los dinosaurios»), abarcando un periodo de aproximadamente 180 millones de años, extinguiéndose hace 66 millones de años, concretamente en el periodo Cretácico, que se caracterizó por la formación de los continentes, la aparición de nuevas especies (como el Tyrannosaurus rex) y su extinción, achacada por los expertos al impacto de un gran meteorito en Chicxulub (México). Actualmente, se han identificado alrededor de 1.000 especies, aunque los estudios científicos estiman que el total histórico de especies podría alcanzar las 1.900, por lo que todavía falta mucho por descubrir.
El motivo por el que hay especies que todavía desconocemos se debe a que muchas no dejaron fósiles o se encuentran en zonas geográficas muy difíciles de excavar o con condiciones que no favorecen la conservación. Por ello, los científicos no se centran únicamente en los huesos, sino que reevalúan la biología, el plumaje, el color, el comportamiento y la fisiología (como la esperanza de vida o el ritmo de crecimiento) aprovechando técnicas modernas para avanzar en sus investigaciones.
La comunidad científica trabaja activamente para descubrir las especies que nos faltan por conocer. Recientemente, a finales de octubre de 2026, un equipo internacional de paleontólogos de la Universidad de Stony Brook, el Museo Real de Ontario (ROM) y el Servicio Geológico de Dakota del Norte ha revelado una nueva especie. Su nombre ha dado mucho de qué hablar, ya que se la conoce como el «pollo del infierno». Y si sigues leyendo, averiguarás por qué es un nombre que le viene como anillo al dedo.
La dieta frugívora resulta bastante extraña en dinosaurios, y hoy solo se observa en los loros
El Infernogallus jamesi es un tipo de pequeño dinosaurio bípedo parecido a un ave (oviraptorosaurio) que vivió durante el periodo Cretácico y se alimentaba principalmente de frutas, ya que tenía músculos para masticar solamente alimentos blandos. Al parecer, contaba con una disposición única que hoy solo se observa en loros frugívoros.
Este dinosaurio de reducidas dimensiones tenía un tamaño similar al de un pavo, y apenas pesaba 12 kilogramos, por lo que era uno de los miembros más pequeños de su grupo, incluso tras alcanzar la vida adulta. Recibió el nombre de Infernogallus, que significa «pollo del infierno», porque los fósiles, incluyendo un cráneo casi completo y articulado y un esqueleto parcial (actualmente expuestos en el Museo Real de Ontario) fueron hallados en la Formación Hell Creek en Estados Unidos, la cual se extiende por Montana, Dakota del Norte, Dakota del Sur y Wyoming. En esa formación habría vivido junto al T. rex y el Triceratops.
Al parecer, el Infernogallus y sus parientes evolucionaron a partir del lado carnívoro del árbol de dinosaurios. Los investigadores se dieron cuenta de que su mecánica de masticación mostraba que el cráneo estaba especializado en aplastar frutas de hueso para eliminar la pulpa de la semilla principal. Esto les ayudó a crear vínculos claros entre la diversidad de dinosaurios y la evolución de las plantas con flores. No obstante, esta dieta frugívora resulta bastante extraña, como apuntó el Dr. Thomas Dudgeon, actual investigador postdoctoral Rebanks en ROM y uno de los coautores del artículo de investigación:
Es bastante raro que los animales se especialicen en una dieta de frutas, así que cuando ocurre, viene acompañado de adaptaciones notables, La anatomía de Infernogallus es extraña entre los dinosaurios, y pronto nos dimos cuenta de que estábamos tratando con algo especialDr. Thomas Dudgeon
La investigación, dirigida por Greg Funston, PhD, profesor asistente en el Departamento de Ciencias Anatómicas de la Renaissance School of Medicine (RSOM) de la Universidad de Stony Brook, se centró en el análisis de los músculos masticadores de la nueva especie. Y es que la capacidad del Infernogallus para masticar fruta se observa en las adaptaciones a sus huesos palatales, que habrían permitido un movimiento de masticación en el que el pico se deslizara de un lado a otro, como en un humano, en lugar de la rígida mordida vertical del T. rex y otros dinosaurios.





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