Un informe del Africa Center for Strategic Studies señala cómo se ha expandido rápidamente el uso de drones comerciales modificados para la guerra, sobre todo los sistemas que incluyen la visión en primera persona y las aeronaves no tripuladas que se usan para ataque de un solo uso. Están presentes en una gran cantidad de países africanos; se tiene conocimiento de que al menos 40 del continente ya los utilizan. Grupos armados ajenos al gobierno los utilizan en 17 países y están haciendo la contraofensiva correspondiente.
La guerra y la influencia de los drones en el continente africano
Es una transformación en donde se refleja el cambio de los medios de guerra tradicionales hacia la modernidad. Lo más curioso es que no se utilizan solo los drones de larga autonomía; los insurgentes y el gobierno recurren a sistemas pequeños y comerciales que se adaptan solo a reconocer posiciones, lanzar explosivos o atacar a los objetivos militares. Por ejemplo, los drones de larga autonomía se utilizan en misiones de vigilancia persistente y en ataques de gran distancia. Aunque históricamente se han concentrado las inversiones en este tipo de tecnología, no responde del todo a las nuevas necesidades del campo de batalla.
Los sistemas pequeños no tripulados se modifican y representan una alternativa más económica en misiones tácticas. Los usan para localizar unidades enemigas, transmitir imágenes en tiempo real, comenzar la dirección de ataques o solo transportar pequeñas cargas de explosivos. En los drones de un solo uso, solo alcanzan a los objetivos lejos de la línea de contacto, como centros de mando o instalaciones militares. Es una evolución que ha favorecido a los grupos armados que se están acostumbrando a adaptar los materiales comerciales y modificar cada uno de sus equipos. Se han usado en varios movimientos; uno de ellos es un evento de las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán y el grupo M23 al este de la República Democrática del Congo o en el Frente de Liberación del Azawad de Mali, una acción que representó la evacuación de fuerzas paramilitares rusas.
El problema del ejército en este caso es una vulnerabilidad de ser insuficiente contra sistemas aéreos no tripulados. Por más que sus plataformas sean avanzadas en cuanto a reconocimiento y ataque, no son capaces de detectar o destruir drones pequeños. En el área conocida como el Sahel, solo el 4% de más de 240 ataques con drones registrados recibió una respuesta específica de defensa contra esta clase de sistemas aéreos. El estudio indica que la guerra electrónica no basta como solución universal; los sistemas seguirán implementando cambios sobre la marcha y no bastará la interferencia radioeléctrica si hablamos de drones controlados por fibra óptica. Se propone una combinación de medios entre lo físico y tecnológico, pero cada uno de los gobiernos deberá ser capaz de producir estas soluciones conforme a sus recursos.





💬 Debate de la Comunidad 0