Disparar un misil desde tierra y alcanzar un objetivo situado a 1.000 kilómetros es el nuevo reto del Ejército de Estados Unidos. Para conseguirlo ha puesto a competir a cinco compañías: Lockheed Martin, Anduril, Castelion, Mach Industries y RTX. Todas deberán presentar su propia propuesta para el futuro Precision Strike Missile (PrSM) Increment 4.
Eso sí, la distancia no es el único desafío. Washington quiere que el arma pueda alcanzar tanto vehículos que cambien de posición como buques en navegación, y que siga utilizando los lanzadores HIMARS. Todavía no hay un diseño ganador ni se ha demostrado ese alcance en una prueba completa de vuelo.
Cinco fabricantes para llevar el PrSM mucho más lejos
El Ejército estadounidense adjudicó los cinco acuerdos para desarrollar prototipos el pasado 29 de septiembre de 2026. La elección de estas empresas no supone una compra definitiva, pues sus diseños deberán enfrentarse en futuras pruebas para seguir adelante.
El PrSM nació para sustituir al veterano ATACMS y ofrecer ataques más precisos a mayor distancia. La versión inicial ronda los 500 kilómetros de alcance, mientras que el PrSM Increment 2 ya se ha probado con capacidades para atacar buques en movimiento. Ahora se pretende ir bastante más lejos sin renunciar a esa flexibilidad.
La variedad de participantes también llama la atención. Lockheed Martin aporta la experiencia de fabricar las versiones anteriores, mientras que otros participantes buscan hacerse un hueco con soluciones rápidas. Una de ellas es Castelion, que ya ha mostrado su misil Blackbeard desde un lanzador montado en un camión.
Un motor diferente, pero los mismos lanzadores HIMARS
Lockheed Martin y L3Harris probaron en tierra el sistema de propulsión del PrSM Increment 4La apuesta de Lockheed Martin pasa por un motor ramjet, también llamado estatorreactor, desarrollado junto con L3Harris. Su funcionamiento tiene una ventaja: aprovecha el oxígeno del aire durante el vuelo, en lugar de transportar todo lo necesario para quemar el combustible, como ocurre con un cohete convencional.
Eso sí, no puede ponerse en marcha estando parado. Primero necesita que un propulsor impulse el misil hasta alcanzar suficiente velocidad. En junio, ambas empresas anunciaron que habían probado con éxito el paso de un sistema al otro en una instalación de ensayos, un avance importante, aunque distinto de lanzar el misil y comprobar su alcance real.
La propuesta promete duplicar, aproximadamente, la distancia de la versión básica. Además, conservaría el contenedor y las conexiones utilizados por el PrSM Increment 1, por lo que podría dispararse desde HIMARS y M270A2 sin sustituir esos vehículos. Lockheed Martin sigue esa misma filosofía con otros cohetes de mayor alcance para los lanzadores actuales.
Para perseguir objetivos móviles también hacen falta sensores y comunicadores capaces de proporcionar información actualizada. Llegar lejos no basta: el misil debe saber dónde está el blanco cuando se aproxima.
Millones invertidos y dos años de pruebas por delante
Lockheed Martin asegura haber destinado más de 300 millones de dólares al desarrollo de tecnologías de propulsión con sus socios. A ello se suma una línea de fabricación y automatización de 300 millones y una inversión de 250 millones en su centro Strigo, dedicado a sensores y sistemas de guiado. Son inversiones industriales relacionadas, no el precio anunciado del nuevo misil.
La compañía también quiere aprovechar su fábrica de Camden, en Arkansas, donde produce otras versiones del PrSM. Pero todo depende de superar la competición: en 2027 habrá una primera evaluación de vuelo y una selección de propuestas, mientras que en 2028 se prevé otra fase competitiva para los diseños más avanzados.
Hasta entonces, los 1.000 kilómetros siguen siendo una meta, no una capacidad lista para utilizarse. Y aunque Lockheed Martin lleve ventaja en experiencia, tendrá que demostrarlo frente a cuatro rivales.





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