El mundo de los oficios presenta dos tipos de escenarios desde el momento en que el trabajo técnico hace acto de presencia en la vida cotidiana de una familia. Por un lado hay quienes querrían que sus hijos continuaran con su legado; por otro, están aquellos profesionales que miran a una educación y un futuro en áreas más vinculadas con la administración, con la gestión empresarial o las nuevas tecnologías.
En el caso de la familia Navarro, Vicente, el mayor de la saga, dedicó su vida profesional al mundo de la fontanería. Una disciplina a la que se unió hace no tanto tiempo su hijo José, que había vivido el mundo de la obra como albañil y que también trabajó como comercial en el sector de la automoción antes de apostar por un oficio que había latido en su propia casa durante años.
Con su experiencia, y valorando el futuro favorable que se avecina para quienes apuesten por campos como la fontanería, la albañilería y cuanto tiene que ver con trabajos especializados en el ámbito de los oficios tradicionales, José Navarro afirma que no le importaría que la saga familiar de fontaneros continuara en la figura de su propio hijo: «Si quiere aprender fontanería en vez de ir a la universidad, yo encantado».
Los Navarro relataron su camino entre cortatubos, cinta de teflón y llaves grifas el pasado 15 de febrero en su visita al Pódcast Sector Oficios, señalando tanto lo bueno como lo que no resulta tan atractivo en su parcela. Con pros y contras, con momentos delicados y sabiendo de la responsabilidad de ser el principal encargado de su propia labor, José Navarro valora que la decisión de formarse en el campo al que se había dedicado su padre ha sido correcta por diversas cuestiones.
La libertad del autónomo frente al trabajador por cuenta ajena
Una de las principales se encuentra en la gestión de su propio tiempo y la libertad de ejercer como trabajador por cuenta propia. Lejos del corsé de los horarios establecidos y de la exigencia ajena, José Navarro tiene claro que prefiere mantenerse como autónomo antes que volver al trabajo asalariado:
«Si a mí me ofrecieran hoy un trabajo asalariado y me pagaran 4.000€ al mes no me iría, y no quiere decir que yo gane más, ojo. Pero tengo la libertad de si hoy tengo que trabajar hasta las 9 trabajo como ayer, o si este viernes me lo puedo coger libre como hoy».José Navarro, fontanero autónomo
Una parte que, como él mismo explicaba, toma más peso al recordar experiencias pasadas o al asumir el estrés actual que genera una agenda que no para de crecer y una exigencia por parte de los clientes que implica algunas jornadas interminables y momentos en los que la ansiedad cobra protagonismo.
Sin embargo, también en esos puntos encuentra la parte positiva del trabajo como autónomo: «De las cosas que más me han costado de ser autónomo es el aprender a decir a un cliente que no o que no puedo. Una persona da lo que da, yo no puedo estar en dos sitios a la vez», refrendaba en su charla con Borja López.
El relevo en casa y el valor de los oficios
Aprender la profesión y el modo más adecuado para lidiar con las gestiones del día a día le han servido para valorar mucho el trabajo como fontanero. Por si fuera poco, ahora su hijo, con apenas seis años, imita los vídeos que cuelga su padre en redes sociales en su perfil @fontaneria_navarro y “juega” con las herramientas y máquinas que encuentra, por lo que, tal como expone su padre, tiene claro qué responder cuando se le pregunta: «"¿Qué quieres ser de mayor?" Me dice: fontanero. Ah, sí. Y orgulloso, ¿eh?».
Eso sí, José Navarro sostiene que, al igual que hiciera su padre con él, dejará que su hijo tome el camino que quiera y que sea el dueño de sus decisiones: «Yo voy a hacer como mis padres, le voy a obligar a que estudie lo que tiene que estudiar, pero si mi hijo el día de mañana me dice que no quiere ir a la universidad y que quiere aprender fontanería, yo encantado. Se va a ganar y muy bien la vida». Un aspecto que se deja ver hoy en día en situaciones como la señalada por la empresaria Yaiza Canosa, que destacaba meses atrás el buen momento para los oficios en cuanto a estabilidad e ingresos.
Un aspecto en el que trasluce la experiencia de quien ha vivido el mundo laboral desde dos puntos muy diferentes; el del trabajo en una estructura empresarial convencional, con su exigencia a nivel de objetivos y horarios, y quien ha conocido lo que implica un oficio tradicional al ver cómo lo ejercía su padre durante años y ahora lo ha adoptado como su medio de vida.
Hoy, ante la escasez generalizada de mano de obra cualificada en sectores técnicos, quienes apuestan por este camino disponen de un conocimiento escaso y altamente cotizado. Una fuente de estabilidad e ingresos capaz de garantizar un porvenir despojado de los viejos estigmas de dureza y sacrificio que arrastraban los trabajos manuales en el pasado.




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