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Qué sabemos y qué no sobre las amenazas de bomba en más de 30 aviones en Europa

La Razon
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Qué sabemos y qué no sobre las amenazas de bomba en más de 30 aviones en Europa

Esta semana, las alarmas han saltado -y no precisamente por un simulacro- en distintos puntos de Europa. Más de 30 aviones comerciales que cubrían distintas rutas han tenido que modificar sus planes de vuelo tras recibir amenazas de bomba. Todas resultaron ser falsas. Sólo el jueves se registraron al menos 25 avisos que alteraron el tráfico aéreo en varios países del continente.

La frecuencia de estos incidentes preocupa a aerolíneas y autoridades y ha dejado a más de un pasajero mirando de reojo las pantallas de salidas. Pero ¿qué ha ocurrido exactamente? ¿Hay algún patrón detrás de esta oleada de amenazas? ¿Qué se sabe sobre la autoría?

Uno de los primeros incidentes de la semana afectó a un avión de Wizz Air que cubría la ruta entre Londres y Sofía y que tuvo que desviarse al aeropuerto de Budapest. Al mismo tiempo, en España, Aena tuvo que activar el protocolo de seguridad en el Aeropuerto Internacional de Murcia tras recibir un aviso de bomba en un avión de Ryanair procedente de Mánchester.

La situación fue a más el jueves, cuando una nueva tanda de amenazas puso en alerta a aeropuertos de Londres, Birmingham, Bruselas, Bucarest, Madrid, Milán, Praga, Roma, Sofía y Varsovia, entre otros.

Por ahora, no parece haber un criterio claro para elegir los vuelos o aeropuertos afectados. No hay tampoco una compañía que concentre todos los avisos ni una ruta que se repita de forma sistemática. Eso sí, Italia aparece con especial frecuencia en el recuento, con varios vuelos afectados tanto a la llegada como a la salida. Ahora bien, en ninguna de las inspecciones realizadas se han encontrado explosivos o elementos sospechosos. Todas las amenazas investigadas han resultado ser falsas alarmas, por lo que a priori apunta a una campaña orientada a sembrar el miedo y provocar el caos.

¿Quién está detrás de las amenazas?

Esta es, probablemente, la pregunta más importante y también la que sigue sin respuesta. En un contexto marcado por la preocupación europea ante las operaciones de guerra híbrida de Rusia, la sucesión de avisos ha despertado inevitablemente sospechas. Sin embargo, por el momento no hay pruebas que permitan atribuir los incidentes a Moscú, Teherán o a ninguna otra organización o Estado.

Los expertos en aviación recordaban al diario británico The Guardian que las falsas amenazas de bomba no son algo excepcional y que las aerolíneas reciben avisos de este tipo con cierta frecuencia. Lo que resulta fuera de lo habitual es la concentración de tantos incidentes en apenas unos días y en distintos países europeos.

Sí se conocen algunos detalles sobre cómo se han transmitido las amenazas. En varios casos relacionados con Bulgaria, Italia, Polonia y España, los avisos habrían llegado por correo electrónico. Por ahora, no se ha aclarado quién envió estos mensajes ni si todos los avisos forman parte de una misma operación.

¿Cómo están reaccionando las aerolíneas?

Ante una amenaza de bomba, las aerolíneas no tienen demasiado margen para improvisar. Tienen, sí o sí, que activar los protocolos de seguridad, aunque después todo termine en una falsa alarma.

Las autoridades nacionales están tratando los avisos con la máxima cautela y, en algunos casos, se ha llegado incluso a movilizar aviones de combate para escoltar a las aeronaves afectadas. Así ocurrió en Bulgaria, Francia, Hungría e Italia.

Desviar un avión no es precisamente una maniobra menor. Supone costes económicos, reorganizar tripulaciones, alterar conexiones y, sobre todo, provocar retrasos y molestias a cientos de pasajeros. Pero ante una posible amenaza para la seguridad, ninguna compañía puede permitirse correr riesgos. El problema añadido es el efecto dominó. Las aerolíneas, recoge The Guardian, temen que esta sucesión de avisos, incluso si todos resultan ser falsos, termine generando nuevas interrupciones y un caos operativo cada vez mayor.

Entonces, ¿hay motivos para preocuparse?

La sucesión de incidentes es, cuando menos, llamativa. No obstante, conviene no confundir una alerta de seguridad con una amenaza confirmada. Hasta ahora, las inspecciones no han detectado explosivos ni indicios de peligro en los aviones afectados. Para los viajeros, el principal riesgo inmediato parece estar más relacionado con los retrasos, los desvíos y las posibles cancelaciones que con una amenaza confirmada para la seguridad de los vuelos.

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