La violencia siguió muy presente este domingo en Francia. Todavía se sentía el olor a gas lacrimógeno y no se habían limpiado los destrozos de las protestas del sábado cuando grupos encapuchados volvieron a prender fuego en las inmediaciones de la Plaza de la República, en el centro de París. Esta vez no hubo marcha ni manifestación convocada. Sólo quema de basura y provocación ante la policía.
Horas antes, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, daba un parte oficial de 2.000 detenidos y más de 600 policías, gendarmes y bomberos heridos en las protestas masivas del sábado, que se han registrado ahora como una de las más violentas de la historia reciente de Francia.
Los daños materiales y comerciales son cuantiosos. Los “black-blocs” - esos grupos violentos y vestidos de negro que protagonizaron enfrentamientos con las fuerzas del orden, reventaron escaparates e incendiaron vehículos, alcaldías y otras instituciones - han causado desastres que se cifran en “cientos de millones de euros”. El monto viene de Alexandre Bompard, presidente de la Federación del Comercio y la Distribución y director ejecutivo de Carrefour, quien estimó este domingo que 1.500 comerciantes resultaron directamente afectados en todo el país.
Carrefour reportó daños en unos cincuenta establecimientos de su red, entre supermercados y pequeñas tiendas. Una veintena de estos locales fueron saqueados.
Los actos vandálicos y los robos afectaron especialmente a comercios situados en los centros de las grandes ciudades como París, Marsella, Lyon, Estrasburgo, Lille, Burdeos y otras.
Hay grandes marcas afectadas como Apple, Louis Vuitton, Dior, Céline, Decathlon o McDonald’s pero también se vieron golpeados los pequeños comercios: kioscos de periódicos, tiendas de dulces, librerías, joyerías, restaurantes, farmacias, zapaterías. En varias zonas, el tejido de la economía “de barrio” está roto.
La red de Cámaras de Comercio e Industria de Francia advirtió que los destrozos golpean a empresas ya debilitadas por años de crisis, el aumento de los costes y la caída de la afluencia de clientes en los centros urbanos. Para muchos establecimientos estos daños podrían convertirse en la gota que derrama el vaso. De hecho, algunos comerciantes ya hablan de un cierre definitivo.
A nivel de patrimonio, el balance también es sumamente violento: en París, la Plaza de la República y sus alrededores se convirtieron en escenario de cargas policiales, objetos contundentes que volaron por los aires, incendios de vehículos y gases lacrimógenos a granel. La estatua de la Marianne que corona la plaza fue totalmente vandalizada con graffittis que van desde insultos a Macron hasta mensajes por la liberación de Palestina, desde “El contrato social se ha roto” hasta “Que le den por culo al Estado”. El monumento que desde 1883 ha sido el símbolo de “Libertad, Igualdad, Fraternidad” hoy muestra un enorme chaleco amarillo y decenas de mensajes agresivos.
La Marianne también fue objeto de vandalismo en Marsella, donde fue derribada y rota por grupos encapuchados que irrumpieron por la fuerza en la sede de la alcaldía. En Lyon, la Oficina de Turismo de la plaza Bellecour fue incendiada. En Burdeos, la residencia de la prefecta fue saqueada y varios establecimientos sufrieron daños. Pero, sin duda, el episodio más grave ocurrió en Limoges, donde el ayuntamiento, un edificio histórico de finales del siglo XIX, fue incendiado. Dos tercios de la fachada desaparecieron y parte del tejado se desplomó, haciendo caer el simbólico campanario, en una escena que evocó los malos recuerdos del incendio de Notre Dame.
La convocatoria pretendía unir a estudiantes, trabajadores, agricultores y sectores vinculados al movimiento de los chalecos amarillos. Las demandas incluían mejoras salariales frente al encarecimiento de la vida, más recursos para los centros educativos, mejores condiciones de estudio y ayudas para los agricultores afectados por el aumento de los costes de producción y las pérdidas de cosechas. Pero esas exigencias quedaron sepultadas por los destrozos, los incendios y los saqueos.
Las reacciones políticas de gobierno y oposición
El primer ministro, Sébastien Lecornu, calificó los hechos de "violencia de una intensidad extrema" y aseguró que el Gobierno no se dejaría intimidar. El ministro del interior, Laurent Nuñez, no dudó en señalar a la “ultraizquierda” como la responsable de la agitación y anunció que viajará a Marsella este mismo lunes.
La líder de extrema derecha, Marine Le Pen, también acusó a la extrema izquierda de haber secuestrado las reivindicaciones sociales y de contribuir a la desestabilización del país.
En respuesta, el jefe de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, hizo oídos sordos a las críticas y se presentó en primera línea en la marcha de París. Sonriente y lleno de energía.
En sus redes sociales, acusó al prefecto de Policía de París de organizar el desorden al impedir el acceso a la plaza de la República con el uso de gases lacrimógenos. Al final de la jornada, denunció un "mando aberrante" que, a su juicio, había abierto la puerta al caos.
Sin embargo, Mélenchon también intentó distanciar a su movimiento de la violencia: “Quienes comparten nuestra lucha no tienen nada que hacer en los saqueos ni en los destrozos”.
La disputa entre la extrema izquierda y el gobierno de Macron refleja el principal choque político que dejan las últimas protestas de calle: mientras Mélenchon denuncia una gestión policial que considera provocadora, el gobierno lo acusa de agitar los disturbios. Y todo eso, a tan sólo seis meses de las elecciones presidenciales.





💬 Debate de la Comunidad 0