La juventud alemana salió este sábado a las calles de forma masiva, aunque algo menos de lo que esperaba. Unos 100.000 jóvenes se manifestaron en unas treinta ciudades en una protesta organizada por el grupo Gen Z regelt, que se traduce algo así como la generación Z lo va a solucionar. Con conciertos y con la vocación de crear un movimiento de protesta juvenil con Francia como modelo habían convocado a manifestarse por una mejor educación y, en especial, contra la vuelta del servicio militar. Muchos llevaban también símbolos por Palestina. También critican el gasto militar mientras se recorta el gasto en cuestiones que les afectan.
La precariedad, la inflación, el alto costo de la vida y la preocupación por el futuro fueron los temas que dominaron las protestas, además de la preocupación por una posible gran guerra en Europa. Aunque los organizadores no decían ser ni de un signo u otro, era evidente que las manifestaciones tenían un fuerte componente de izquierdas. Se pudieron observar grupos de personas ya organizadas en otros partidos o asociaciones, como la izquierda de Die Linke o las juventudes del partido comunista, así como las abuelas contra la derecha. En la manifestación de Berlín expulsaron a gritos a un diputado de Alternativa por Alemania y le acusaron de ser un fascista.
En varios sitios, sin embargo, después de terminar las protestas, algunos manifestantes se quedaron y atacaron el mobiliario urbano y a la policía. En Berlín, tras la manifestación en la Puerta de Brandenburgo, que transcurrió sin incidentes, un grupo convocó de forma espontánea a manifestarse en la plaza Rosenthaler Platz. Allí arrojaron artefactos explosivos, piedras, huevos y botellas de cristal. Asimismo, prendieron fuego a una barricada construida con material de una obra. Un manifestante resultó herido y fue detenido con la cara ensangrentada.
Algo similar ocurrió en Frankfurt, donde tras una manifestación pacífica de 8000 personas unas cien se dedicaron al juego del ratón y el gato, como le llaman en Alemania a esto. La policía trató de dispersarlas con gas pimienta. Decenas de personas fueron detenidas y varios policías resultaron heridos, algo que ocurrió también en más ciudades. En Colonia, un grupo de jóvenes no quería marcharse tras finalizar la protesta y la policía tuvo que dispersarlos con una tanqueta de agua a presión, según la versión de las fuerzas del orden. Al final, detuvieron a 200 personas.
Ya que la protesta había sido anunciada con anterioridad y aseguraba querer imitar a las protestas francesas, la policía estaba preparada con un dispositivo especial y muchos comercios habían tapiado las cristaleras en Berlín y en otras ciudades alemanas con madera para evitar robos. En general, los temidos saqueos y el caos que se preveía al final no se tradujeron en la realidad. Sin embargo, sí quedó claro que la juventud alemana está descontenta con el estado de cosas que hay en este momento en su país.
También desde medios conservadores o de derechas, como el diario Bild, se señalaba que, aunque la mayoría de los jóvenes no salga a manifestarse, la juventud alemana necesita un futuro. Así lo afirmaba el redactor jefe del periódico, Robert Schneider. Además, recordaba que, en las últimas elecciones, una parte importante del voto joven se dirigió tanto al partido de izquierdas Die Linke como a la formación de extrema derecha AfD. Y que los jóvenes tienen motivos para estar preocupados, porque, a su juicio, la actual coalición de gobierno no está ofreciendo respuestas ni soluciones a sus problemas y necesidades.
Schneider recuerda que, aunque a muchos jóvenes no les va mal y viven mejores que la generaciones anteriores, sí existen problemas que afectan directamente a su vida y a sus perspectivas de futuro. Entre ellos, destaca el encarecimiento de la vivienda, que dificulta que puedan emanciparse y acceder a una vivienda propia a una edad más temprana; el aumento del coste de la vida debido a la inflación, especialmente de productos básicos como los alimentos; el deterioro de las infraestructuras y los servicios públicos, como las escuelas, las universidades y el transporte público; así como la preocupación por la guerra y el cambio climático, que generan preguntas existenciales a la juventud sobre el futuro.




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