La derrota del Partido Republicano en las elecciones intermedias complicará la presidencia de Donald J Trump en lo que le resta de mandato. Los estadounidenses han decidido equilibrar la balanza de poder rebajando el talante dominante del actual mandatario norteamericano. La economía doméstica sigue siendo el gran driver del elector estadounidense. En lo que va de segundo mandato, la inflación de la economía se ha elevado, en promedio, en un 5%, y el costo de la cesta básica y de la gasolina ha subido 3,4% y 30%, respectivamente. Hoy, el ciudadano promedio de ese país es más pobre que en 2024, y el reclamo se evidenció en las urnas.
Trump reconoció la derrota hablándole a dos públicos: a su propia gente, fieles seguidores de MAGA, a través de su red social Truth Social; y al círculo rojo, el de poder, concediéndole una entrevista al medio Politico. En el primer caso, aclaró que esta derrota no le pertenece a él, sino al partido: "¡Yo no estaba en la boleta electoral y, si hubiera aparecido, habríamos ganado por una avalancha!", al tiempo que posteaba una gorra roja con la palabra VETO, escrita en mayúscula. Sin embargo, de cara al ecosistema de poder en Washington, afirmó que estará dispuesto a sentarse a negociar con los demócratas sin hacer uso excesivo del veto presidencial. Contradicción, al fin, que lo retrata por un lado y, por el otro, que intenta explicarse a partir de las diferentes audiencias.
Es probable que Trump, su familia y sus colaboradores sean objeto de nuevas investigaciones desde el poder legislativo. El caso de Venezuela y los negocios petroleros, el incremento en la fortuna de la familia presidencial, la guerra en Irán y el gasto en defensa. Procesos que servirán de contorno para un eventual plato fuerte, que es el impeachment presidencial. Algo difícil de llevar a cabo, pero con posibilidad de que su intento, al menos eso, se materialice. Para que Trump no alcance los cuatro años de mandato y sea destituido, tendría que fracturarse el Partido Republicano; una apuesta arriesgada que cuenta con algunos entusiastas.
Esta derrota podría suponer también un escollo en el nuevo proceso democratizador que se desarrolla en Venezuela. Las prioridades en la agenda podrían cambiar, y las investigaciones sobre los acuerdos petroleros podrían convertirse en un factor ralentizador y distractor del rol que juegan los Estados Unidos. En este sentido, resulta clave la figura de Marco Rubio. A pesar de sus aspiraciones presidenciales para 2028, su agenda, en principio, dista de lo doméstico y se concentra en lo geopolítico, con Venezuela y Cuba como temas fundamentales.
Según la última encuesta del medio norteamericano NBC News, el 70% de los estadounidenses afirman que el país «va por mal camino». Lo que reflejan las mediciones se ha concretado en las urnas, y Trump tendrá que decidir si aplica un golpe de timón o deja la Casa Blanca por la puerta de atrás.




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