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Las lecciones de la caída del hombre fuerte de Serbia

El Tiempo
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Las lecciones de la caída del hombre fuerte de Serbia

Análisis

Tras la derrota del húngaro Viktor Orbán en abril, los estudiantes serbios le reiteran al mundo que los autócratas no son invencibles.

01.11.2026 08:55 Actualizado: 01.11.2026 08:55

Tras 14 años de gobierno autoritario, Aleksandar Vucic y su Partido Progresista de Serbia (SNS) han sido expulsados del poder. Aunque las encuestas habían pronosticado unas elecciones reñidas, la oposición, liderada por los estudiantes, acabó ganando por un amplio margen.

En unas elecciones que no fueron ni libres ni justas —debido al control de los medios de comunicación, la violencia contra los opositores al Gobierno y el flagrante uso indebido de los recursos estatales por parte del SNS—, la Lista Estudiantil obtuvo el 53 por ciento de los votos populares, lo que se tradujo en 141 escaños parlamentarios y una mayoría absoluta. Vucic y su SNS quedaron muy por detrás, con un 38,8 por ciento y 103 escaños.

La victoria de los estudiantes fue la culminación de meses de protestas que comenzaron en noviembre de 2024, cuando se derrumbó una marquesina en la estación de tren de Novi Sad, causando la muerte de 16 personas. Ante la escasa actuación del Gobierno para castigar a los responsables, la indignación pública siguió creciendo y la movilización popular allanó el camino hacia el cambio a través de las urnas.

Los estudiantes serbios no presentaron a la democracia como un concepto abstracto, sino como un instrumento para defender valores y alcanzar metas claves como la inclusión social y una mejor calidad de vida

Pero esta no es la única lección para las fuerzas prodemocráticas de todo el mundo. En el caso de Serbia, tanto la movilización popular como la posterior campaña electoral estuvieron lideradas por caras nuevas y más jóvenes en las que el público confiaba instintivamente más que en las viejas élites, incluidas las procedentes de los partidos de la oposición. Cuando la oposición tradicional es débil, está comprometida o desacreditada, suele ser necesaria sangre nueva para derrotar a un autócrata arraigado.

Además, en lugar de limitarse a destacar las deficiencias del régimen de Vucic, el mensaje de los estudiantes resultaba emocionalmente convincente y, por lo tanto, tenía un gran atractivo. La psicología social nos enseña que a las personas les atraen menos las convicciones políticas que una fusión de identidad, promesa de futuro, reconocimiento y solidaridad.

‘OTRA SERBIA ES POSIBLE’

Aunque su mensaje se basaba principalmente en la corrupción —la cuestión planteada por la tragedia de Novi Sad—, el movimiento estudiantil no trató el tema como una mera cuestión política. Más bien, plantearon su llamamiento contra la corrupción como la promoción de una contranarrativa basada en valores y arraigada en el Estado de derecho, la democracia y un sentido compartido de comunidad y significado. Como ha dicho en reiteradas ocasiones Ilija Srdanovic, el candidato principal de la Lista Estudiantil: “Es posible otra Serbia, una Serbia mejor”.

En consecuencia, el movimiento estudiantil serbio presentó la democracia no como un concepto abstracto, sino como el instrumento para defender valores profundamente arraigados y promover objetivos tangibles, como la inclusión social, la dignidad personal y la prosperidad económica.

Mientras tanto, Vucic se presentó a sí mismo como el “salvador” y “defensor” de una nación serbia en peligro frente a los “traidores” que luchaban por el tipo de revoluciones que llevaron la democracia a Ucrania y Georgia, supuestamente en nombre de potencias extranjeras. En elecciones anteriores, los partidos de la oposición serbia solían ignorar tales acusaciones o intentaban superar el etnonacionalismo de Vucic, lo que le hacía el juego.

Pero, aparte de realizar declaraciones esporádicas sobre la traición de Vucic a la antigua provincia serbia de Kosovo, el movimiento estudiantil no entró al trapo con su descripción de Serbia como víctima de las potencias occidentales. En su lugar, los estudiantes establecieron su propia agenda, defendiendo valores inclusivos y el buen gobierno, y utilizaron iconografía patriótica, como la bandera nacional, para movilizar a la gente en torno a ella. La lucha por la democracia y el Estado de derecho se convirtió así en una lucha por la supervivencia de la nación serbia.

Además, los estudiantes difundieron sus ideas hablando directamente con los ciudadanos, incluso en pueblos remotos. El carácter descentralizado del movimiento fomentó el desarrollo de su infraestructura local y empoderó a voluntarios y activistas para que difundieran el mensaje, llegando así a millones de personas. Este activismo de base resultó ser especialmente importante, ya que la mayoría de los medios de comunicación serbios están controlados por el Gobierno, lo que deja a la oposición sin voz en los medios masivos tradicionales.

A la antigua usanza

Tras las elecciones parlamentarias húngaras de la pasada primavera, en las que el primer ministro Viktor Orbán fue derrocado tras 16 años consecutivos en el poder, hemos sido testigos una vez más de las ventajas de las campañas ‘a la antigua usanza’, que incluyen el diálogo directo y el contacto puerta a puerta con los votantes.

Una última lección para quienes defienden la democracia en todo el mundo es que la oposición debe competir, por muy desigual que sea el terreno de juego electoral. Aprendiendo de los errores del pasado de la antigua oposición; los estudiantes serbios reconocieron que los boicots electorales solo habían ayudado a Vucic a afianzar su poder. Poco después del cierre de las urnas, Vucic reconoció su derrota electoral, lo que sorprendió a muchos. Lo hizo, en parte, debido a la gran diferencia de votos entre el SNS y la Lista Estudiantil, lo que dificultaba la manipulación postelectoral, pero también porque él y sus aliados apuestan por que el nuevo Gobierno no estará a la altura. En ese escenario, la desilusión resultante le daría la oportunidad de volver a la escena política.

Como hemos visto en derrotas anteriores de gobernantes autoritarios, incluso en Serbia, desmantelar un régimen iliberal plantea quizás un desafío aún mayor y más duradero que derrotarlo en las urnas. Cabe esperar que los estudiantes serbios también hayan aprendido de los errores del pasado en este aspecto.

(*) Investigador sénior de la oficina ‘Democracia del Futuro’ de la Fundación Friedrich Ebert. Es profesor visitante en la Universidad de Europa Central de Viena, investigador asociado del Instituto de la Democracia de la Universidad de Europa Central de Budapest y autor de ‘Abandonando la democracia por la nación’ (Cambridge University Press, 2026).

Mensaje a los países vecinos

La Lista de Estudiantes, vencedora de las elecciones legislativas del domingo en Serbia, prometió el jueves mejorar las relaciones con los países vecinos, marcadas por las tensiones durante los doce años de poder del nacionalpopulista Aleksandar Vucic.

“Haremos todo lo posible por rectificar y lograr la mejor cooperación posible con todos nuestros vecinos”, afirmó Ilija Srdanovic, que encabezó la candidatura ganadora y es uno de los posibles aspirantes a primer ministro, en una entrevista publicada por el diario croata ‘Jutarnji list’. 

Srdanovic aseguró que el nuevo gobierno tratará de resolver cuestiones como la búsqueda de los desaparecidos en la guerra entre Serbia y Croacia de 1991-1995, la apertura de los archivos y el esclarecimiento de los crímenes de guerra. “Hay madres, hermanas y abuelas que lloran en ambos lados. Queremos ayudar a ambas partes a alcanzar la verdad”, añadió. 

En alusión a Vucic, sostuvo que el cambio será posible porque ha pasado a la historia “un hombre que ha envenenado nuestras relaciones durante más de treinta años”. 

Agencia Efe

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