Desde hace más de tres décadas, Haití ha sido destino de diferentes misiones de paz de la ONU. En abril de 2026, empezó a operar en el país la Fuerza de Represión de las Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés), una misión respaldada por el Consejo de Seguridad de la ONU para combatir las poderosas y violentas bandas criminales haitianas.
El 18 de octubre, cuatro militares salvadoreños de la GSF desaparecieron tras una emboscada en la periferia de Puerto Príncipe. Como respuesta, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, envió a Haití unos 2.000 soldados para rescatar a los connacionales desaparecidos.
¿Una "invasión" salvadoreña?
La base legal de la presencia de estas fuerzas centroamericanas "es una de las grandes incógnitas", observa Romain Le Cour Grandmaison, director del Observatorio de Haití y el Caribe de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC).
Antes de la emboscada, unos 125 efectivos de aviación de El Salvador realizaban evacuaciones médicas para la GSF. Actualmente, hay más de 2.000 militares salvadoreños en el país, y las primeras tropas llegaron antes de que se firmara un acuerdo con Haití, cuenta el experto a DW.
Pese a que el acuerdo bilateral se habría aprobado el 28 de octubre, sus términos aún no se han hecho públicos. Mientras el Gobierno haitiano habla de cooperación en el marco de la GSF, la autoridad salvadoreña no menciona esta misión.
"No sabemos, por lo tanto, bajo qué mando actúan estas tropas, con qué reglas de enfrentamiento ni por cuánto tiempo. El objetivo declarado es encontrar a los cuatro desaparecidos, pero en la práctica se trata ya de operaciones de combate contra los grupos criminales", explica Le Cour Grandmaison.
También Günther Maihold, profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, duda que Bukele esté actuando bajo la autoridad de la fuerza multinacional GSF, de la policía local o en alianza con la empresa privada de seguridad estadounidense en Haití, Vectus Global.
De ahí que tema que la "invasión de Bukele no se esté desarrollando acorde con el derecho internacional, aunque se esté tratando de construir posteriormente una justificación legal", dice a DW.
Bukele exporta su modelo de "mano dura"
¿Puede funcionar la estrategia de "mano dura" del presidente Bukele en un país con instituciones prácticamente colapsadas? Los expertos consultados por DW subrayan que no se pueden comparar las realidades de las pandillas en Haití y El Salvador.
"Las pandillas salvadoreñas se entregaron sin oponer resistencia armada", recuerda Maihold. Además, "la presencia de los grupos del crimen organizado es mucho más extendida en Haití y hay un mayor involucramiento de las fuerzas armadas, las agrupaciones policíacas y otros actores que actúan desde y al margen del Estado. Todos han demostrado ser defensores de la soberanía nacional frente a las fuerzas externas que están tratando de limitar sus intereses criminales", detalla el politólogo alemán.
"Haití no tiene hoy las condiciones para reproducir el modelo salvadoreño: sus cárceles fueron vaciadas en 2024, su Justicia está en gran parte paralizada y los grupos criminales se parecen más a milicias que a pandillas, con territorio, impuestos, armas de guerra y redes políticas que los protegen. La fuerza puede lograr resultados tácticos, pero la experiencia de la [misión de la ONU] MINUSTAH es clara: despejar territorios sin justicia no dura", agrega Le Cour Grandmaison, de GI-TOC.
Desde Washington, la periodista salvadoreña en el exilio Carmen Rodríguez, apunta que el modelo de "mano dura" "no es sostenible porque no tiene otros componentes diferentes a la represión. El hecho de que haya más de 90.000 personas encarceladas en El Salvador sin el debido proceso contribuye a que el problema de la violencia solo se transforme".
A su juicio, "Bukele no ha resuelto los problemas que han alimentado, aumentado o fortificado la violencia en El Salvador, solo los ha maquillado. No tiene ni la capacidad estratégica, ni económica, ni logística, ni militar para solucionar el problema en Haití".
Con la bendición de EE. UU.
Hasta ahora, la posición de Estados Unidos con respecto a la intervención salvadoreña ha sido ambigua. "Pero uno puede adivinar que el Gobierno de El Salvador no tomaría este paso sin tener cierta aprobación, tácita, del Gobierno de Estados Unidos e incluso cierto apoyo económico", señala José Miguel Cruz, profesor asociado del Departamento de Criminología y Justicia Penal de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
Le Cour Grandmaison confirma que el Gobierno en Washington juega "un papel central, aunque muy discreto en público". Estados Unidos impulsó la creación de la GSF, influye en quién despliega y cómo, y, además, aviones militares estadounidenses participaron en el traslado de las tropas salvadoreñas, explica.
Un precedente para la región
Mientras el operativo centroamericano apueste únicamente por el uso de la fuerza para resolver el problema de seguridad, el académico Cruz prevé que la situación en Haití se agrave. "Es muy probable que haya una reacción, no solo de las pandillas, sino de la población haitiana, que va a ver violada su soberanía y no va a aprobar este tipo de intervención".
Asimismo, el profesor asociado de la FIU teme consecuencias negativas para El Salvador, puesto que sus soldados están interviniendo en un país extranjero, sin mandato claro, sin apoyo del pueblo haitiano e, incluso, sin un plan claro.
Por su parte, el director del Observatorio de Haití y el Caribe de la GI-TOC resalta la falta de coordinación de las fuerzas de seguridad que se enfrentan a las pandillas. "Es una orquesta sin director. Y todo esto ocurre en plena precampaña, con elecciones previstas para julio de 2027, en un país donde controlar un territorio es también pesar sobre el voto", puntualiza Le Cour Grandmaison.
Asimismo, en un plano más amplio, el experto cree que la intervención de Bukele pueda sentar un precedente para la región: "Si un país que sufre pérdidas puede desplegar sus propias tropas fuera del marco multilateral, otros podrían verse tentados a imitarlo, o a retirarse de misiones cuyas reglas ya no controlan. Y si la operación logra resultados rápidos, Bukele pasaría de ser el promotor de un modelo carcelario a un actor capaz de intervenir militarmente fuera de sus fronteras, en un momento en que varios gobiernos de la región miran su enfoque con interés".




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