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La fe ocupa un lugar central en los comicios que decidirán el control del Congreso en dos semanas

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En Estados Unidos, la carrera hacia el Congreso también pasa por las iglesias. A menos de tres semanas de las elecciones legislativas, demócratas y republicanos cortejan al electorado cristiano con objetivos distintos. Unos buscan recuperar terreno entre este crucial grupo de votantes; otros, los de Donald Trump, están tratando de impedir que sus fieles se queden en casa el próximo 3 de noviembre.

En los últimos días han saltado todas las alarmas. Los dirigentes religiosos conservadores alertan de que el partido republicano no está haciendo lo suficiente para movilizar a una comunidad que representó el 20% de los votantes en las elecciones de 2024, y cuyo respaldo no pueden dar por seguro. No tengo conocimiento de ninguna maquinaria partidista que esté trabajando actualmente para movilizar a los votantes evangélicos, aseguró a la cadena CNN un pastor evangélico conservador de Texas, bajo condición de anonimato para poder hablar libremente sobre los riesgos que afrontan los republicanos en estos comicios, quizás asumen que acudirán a votar, pero es una suposición peligrosa".

Según un análisis de Pew Research Center sobre las elecciones de 2024, los protestantes representaron el 43% de los votantes y los católicos, el 20%. En las elecciones presidenciales de hace dos años Donald Trump consiguió hacerse con el apoyo de aproximadamente ocho de cada diez evangélicos blancos. Le siguieron por la defensa que el presidente hizo de las prioridades conservadoras y sus promesas de proteger la libertad religiosa. Muchos le atribuyeron una victoria fundamental, haber nombrado a tres jueces conservadores que contribuyeron a que el Tribunal Supremo revocara la protección constitucional del aborto.

Sin embargo, ya entonces el voto cristiano estuvo lejos de ser unánime. Ahora va por el mismo camino y eso es precisamente lo que ambos partidos tratan de evitar. En 2024, mientras un 54% de los católicos apoyaron a Trump, ocho de cada diez protestantes negros dieron su voto a la demócrata Kamala Harris. Ahora, dos años después, aparecen señales de desgaste, aunque todavía no muestran un cambio de lealtad electoral. Una encuesta de Pew realizada entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre muestra que la aprobación de Trump entre los evangélicos blancos cayó del 78% al comienzo del mandato al 58%; entre los católicos blancos, del 59% al 39%. Ambos grupos registran un retroceso de veinte puntos. El peligro para los republicanos es que ese descontento se traduzca en abstención. Según CNN, el encarecimiento de la gasolina y los alimentos también pesa entre los evangélicos, mientras iglesias y organizaciones conservadoras están asumiendo buena parte del esfuerzo para animarlos a votar.

Sin embargo, no estar de acuerdo con Donald Trump no implica obligatoriamente apoyar a los demócratas, por eso, la estrategia de estos últimos pasa por convencer al electorado de que los valores cristianos no pertenecen exclusivamente a la derecha. Pretenden hacerlo con candidatos que hacen de su fe el centro de su discurso político, como la pastora luterana Sarah Trone Garriott, en Iowa, y el seminarista presbiteriano James Talarico, candidato al Senado por Texas. Este tipo de perfiles forman parte de una apuesta más amplia. Según Doug Pagitt, responsable de la organización cristiana progresista Vote Common Good, más de una docena de líderes religiosos se presentan este año como demócratas a cargos federales y estatales.

Sus propuestas van más allá del aborto. Están vinculando las enseñanzas cristianas con valores como proteger a los vulnerables, defender la atención sanitaria y cuestionar la dureza de las políticas migratorias. La idea es que hablar de alimentación, vivienda o asistencia médica les permita presentar su programa también como una cuestión de responsabilidad cristiana. Todo con el objetivo de que votantes creyentes también reconozcan sus convicciones morales y sociales en las propuestas progresistas.

La disputa por estos valores tiene una traducción electoral concreta. En estados como Texas, Georgia, Kansas y Carolina del Sur la movilización evangélica es crucial. En Michigan y Wisconsin, los protestantes blancos no evangélicos y los católicos blancos están menos ligados a Trump. Para los demócratas, convencer a estos creyentes más moderados puede resultar más viable que intentar atraer al núcleo evangélico más fiel al presidente norteamericano.

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