El periódico independiente ruso "Nóvaya Gazeta", célebre por sus investigaciones sobre la corrupción y dirigido durante años por Dmitri Murátov, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2021, comunicó ayer que de existir. El medio atribuye su desaparición a la presión extrema ejercida por las autoridades rusas, que, según denuncia, han desplegado contra la redacción un asedio tanto judicial como financiero, hasta el punto de dejarla sin sede.
Su redactor jefe, Serguéi Sokolov, lo confirmaba en una declaración difundida en YouTube: "Nóvaya Gazeta deja de existir". Asegurando que las autoridades y los servicios especiales rusos han obligado a la redacción a poner fin a su trabajo. En su portal oficial, el periódico ha sido aún más contundente: "Nos han matado".
Anunciando que el 9 de noviembre apagará la luz de la casa donde ha vivido durante tres décadas, desconectará los servidores y se marchará. Sus periodistas, afirman, serán "echados a la calle", sin medios de subsistencia y bajo la amenaza constante de represalias. "Nóvaya Gazeta", fundada en 1993 con el apoyo de Mijaíl Gorbachov, ya había atravesado episodios muy graves. Seis de sus periodistas fueron asesinados en distintas circunstancias, entre ellos la reportera de investigación Anna Politkóvskaya.
En su comunicado, la redacción hizo un repaso emotivo de su trayectoria, recordando años de felicidad, creatividad y esperanza, de lectores, amigos, textos y películas, pero también momentos terriblemente amargos. La amargura, explican, proviene de que varios colegas fueron asesinados por motivos políticos y por cumplir con su deber profesional y cívico precisamente durante el régimen actual, y no en los años noventa, marcados por la mafia.
Además de expulsar al periódico de su sede, las autoridades inhabilitaron el sistema de donaciones que permitía a los lectores contribuir económicamente. "Nos privaron de fondos. Completamente", denunció la redacción, que habla de una acción coordinada de agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB), infiltrados según su versión en todas las organizaciones.
El medio ha acusado directamente al Gobierno de Vladimir Putin de reintroducir la censura, bloquearlo por todas las vías posibles, confiscar su imprenta y obstaculizar cualquier posibilidad de publicación. La redacción recordó además que su entonces redactor jefe, Dmitri Murátov, fue atacado quedando casi ciego. No se presentaron cargos penales, pese a que, según el periódico, se conocía a los autores de la agresión. Después, los periodistas del medio comenzaron a ser calificados como "agentes extranjeros".
Para "Nóvaya Gazeta", su caso trasciende lo personal: es, aseguran, la historia de un país y de una sociedad que están siendo aniquilados de la misma manera. Responsabilizan de ello al FSB, al Ministerio de Justicia, a la Fiscalía y a otros actores que, afirman, privatizaron el Estado y usurparon el poder, convirtiéndolo en una dictadura militar. "Dicen que defienden el orden constitucional. Pero no, es un orden inconstitucional", sostuvo la redacción, que subrayó que la Constitución ha sido violada, golpeada y amordazada. Concluyó que "el asesinato de Nóvaya Gazeta es una prueba más de ello".
El Comité Noruego del Nobel condenó ayer el cierre del periódico, que durante muchos años estuvo encabezado por Murátov. Las autoridades rusas, por su parte, no han hecho comentarios. El Kremlin, que acusa a los servicios de inteligencia extranjeros de intentar alimentar el descontento dentro de la sociedad rusa, ha defendido en el pasado que cierto grado de censura es necesario mientras el país mantiene lo que describe como una lucha existencial con Occidente a propósito de Ucrania.




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