Michigan ha hecho historia al elegir al primer senador musulmán de la historia de EE UU. El progresista Abdul El- Sayed se hizo con el disputado escaño al Senado en una contienda que también sometió a examen el rumbo del Partido Demócrata. Tras una noche de incertidumbre, las proyecciones de medios estadounidenses como NBC News han confirmado una reñida victoria. En el momento de publicación de este artículo, El- Sayed cuenta con el 52% de los apoyos, frente al 46% del republicano Mike Rogers.
Su victoria refuerza al ala más progresista en la pugna por los sectores más tradicionales por definir el futuro del partido. El-Sayed llevará a Washington un programa que tiene entre sus principales banderas la cobertura sanitaria universal y el rechazo al apoyo militar estadounidense a Israel.
Un estado "bisagra"
Sin embargo, el avance demócrata en otros estados cambió el peso de Michigan durante la noche electoral. El escaño, presentado durante meses como uno de los que podían decidir el control del Senado, dejó de ser la llave imprescindible de la mayoría. Una hora antes de la medianoche, los demócratas habían arrebatado cinco escaños a los republicanos, en Carolina del Norte, Ohio, Kansas, Texas y Carolina del Sur. La conquista de territorios tradicionalmente conservadores amplió sus vías para recuperar la Cámara Alta y restó al desenlace de Michigan su carácter decisivo para el equilibrio de poder en Washington.
La campaña en Michigan no ha sido nada fácil. En este estado industrial, en el corazón del cinturón del óxido, las lealtades políticas dependen mucho del candidato, conquistar un voto no garantiza conservarlo en la siguiente elección. En 2024, los electores respaldaron el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y, al mismo tiempo, eligieron a la demócrata Elissa Slotkin para el Senado frente al republicano Mike Rogers. Por eso Michigan ayer volvía estar en el centro de todas las miradas.
"Aquí votamos por los problemas, no por el partido", resumía a La Razón durante la campaña un votante entrevistado en Dearborn, el corazón musulmán de Michigan. Su reflexión ayuda a entender un territorio donde el voto es muy variado, las necesidades de los barrios de Detroit, las comunidades industriales o las localidades fronterizas con Canadá introducen prioridades distintas. En Port Huron y sus alrededores, por ejemplo, Trump superó el 66% en 2024, pero la disputa comercial con el país vecino ha golpeado una economía estrechamente vinculada al otro lado de la frontera.
Grietas entre los demócratas
El bolsillo ha atravesado toda la campaña. El precio de la vivienda, la gasolina y la cesta de la compra ha convivido con una preocupación especialmente sensible en esta zona, la seguridad del empleo. Trump presentó hace dos años los aranceles como una herramienta para proteger la producción estadounidense y recuperar fábricas. Sin embargo, esa promesa ha chocado con las cadenas de suministro que conectan Michigan con Canadá y México. Fabricar dentro de EE UU también requiere componentes y materias primas importados, y su encarecimiento ha elevado los costes de las empresas que aún consiguen mantenerse abiertas.
Por si fuera poco, la recta final hizo más patentes las grietas dentro del Partido Demócrata. La congresista Haley Stevens, derrotada por Abdul El-Sayed en las primarias al Senado celebradas en agosto, anunció su respaldo al republicano Rogers a dos días de las elecciones. La ruptura expuso las tensiones entre el sector moderado y el ala progresista, pero también desacuerdos concretos sobre Israel y las heridas de unas primarias especialmente duras.
La religión añadió otra dimensión al enfrentamiento. El-Sayed, médico e hijo de inmigrantes egipcios, aspiraba a convertirse en el primer senador musulmán de EE UU. Trump y otros republicanos cuestionaron su lealtad al país y lo vincularon sin pruebas con el extremismo, llegándolo a tachar incluso de "yihadista". El candidato denunció esos ataques mientras trataba de construir una coalición que superase las divisiones de origen, fe y territorio.
La otra gran batalla fue la movilización. El-Sayed necesitaba recomponer apoyos entre votantes negros y judíos tras las primarias, un electorado que Stevens había arrastrado con ella y no estaba claro por quién se decantaría el martes por la noche; Rogers buscaba ganar sin Trump encabezando la papeleta. Con un escaño decisivo para el control del Senado en juego, ambos afrontaban el mismo desafío: transformar las preocupaciones de los ciudadanos en votos y convencerlos de que su candidatura podía ofrecer respuestas.




💬 Debate de la Comunidad 0