El sistema electoral estadounidense, muy lejos de ser perfecto, tiene en las elecciones de medio mandato un hábil contrapeso para un esquema político muy presidencialista: los electores tienen una importante vía para frenar los eventuales desmanes del inquilino de la Casa Blanca. La pérdida de popularidad por parte de Donald Trump que reflejan las encuestas está aún por concretarse en votos, pero el ambiente preelectoral es el de un presidente intentando contener pérdidas.
Una de las principales causas de su victoria hace dos años fue el coste de la vida, que él se ha ocupado de elevar aún más con una guerra contra Irán que, también, contradice otro de sus planteamientos de campaña.
Sobre el papel, un Congreso erigido en contrapoder de Trump podría tranquilizar a unos mercados para los que el exmagnate se ha convertido en foco de incertidumbres y volatilidad, por más que Wall Street se haya adaptado, también, a sus volcánicas idas y venidas. Con menos control de las cámaras, los inversores atisban menores riesgos fiscales. El temor al déficit, en todo caso, ha remitido en las últimas semanas, a medida que el mercado ha puesto sus ojos en la IA. Las históricas caídas de la semana pasada y las dudas sobre la financiación de las grandes inversiones están empañando la utopía financiero–tecnológica que ha impulsado casi cuatro años de subidas. En este punto, las elecciones pueden aparecer como un nuevo escollo para el sector. En los comicios se eligen todos los gobernadores de los estados, que tienen la capacidad para la puesta en marcha de centros de datos, infraestructuras de las que depende la IA para su febril carrera por ganar poder de computación, pero que generan un creciente rechazo en las comunidades por su descomunal consumo de recursos (agua y luz) y por el dudoso impacto en la economía local.
La inteligencia artificial no solamente es el motor de los mercados, también es responsable de buena parte del crecimiento económico actual, sobre todo en EE UU. Un eventual frenazo en las inversiones (más condicionado, en todo caso, por la confianza de los mercados que por las decisiones políticas) tendrá un impacto en las cifras de crecimiento proporcional a su calibre. Con los tipos de interés a largo plazo en senda alcista y el petróleo en cifras de tres dígitos, pendiente también de la evolución de Oriente Medio, la ecuación necesaria para descifrar el puzzle de los mercados tiene cada vez más incógnitas. Pero, a la vez, buena parte de ellas depende del Gobierno que esta noche se somete a las urnas.




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