La dependencia económica puede convertirse en vulnerabilidad política cuando escasean las alternativas. Europa ha tenido varios ejemplos en los últimos años: las mascarillas durante la pandemia, el gas ruso tras la invasión de Ucrania y, este mismo año, la decisión de Washington de restringir temporalmente el acceso de extranjeros a los modelos más avanzados de inteligencia artificial de Anthropic. La realidad es que no se puede cambiar el pasado, pero sí aprender de lo ocurrido para que no se repita.
Finanzas
Regreso al futuro: competir para no depender del pasado





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