Vivimos tiempos extraños en los que a veces se entremezclan ciencia ficción de gran presupuesto e ideas que a priori parecen sacadas del mejor peor guion de serie B. Palmer Luckey (Long Beach, California, EE UU, 1992), fundador de Oculus y Anduril Industries, y Ben Lamm (Austin, Texas, 1981), fundador de Colossal Biosciences, dos milmillonarios jóvenes y frikis, han aunado fuerzas en una nueva empresa, Warhound, para conseguir el perro de guerra definitivo.
La idea es combinar la ingeniería genética de Colossal y la tecnología de defensa de Anduril en el diseño, creación y entrenamiento de unidades caninas para el ejército, las fuerzas de seguridad y los equipos de emergencia, y dejar de depender de la cría en Europa. La compañía de estos futuros robocops de cuatro patas, después de haber levantado 200 millones de dólares en una ronda semilla, está valorada ya, según Financial Times, en 1.200 millones.
Luckey, normalmente uniformado con camisas hawaianas, pantalones cargo cortos y chanclas, es uno de esos genios de Silicon Valley cuya historia empieza en algún rincón de la casa de sus padres, concretamente en una caravana aparcada en la entrada. Es el hijo mayor, seguido de tres hermanas, de un vendedor de coches y una madre que apostó por educarlo en casa. Leía ciencia ficción en las páginas de Julio Verne y Anne McCaffrey, se enganchó al anime y fue desarrollando su gusto e interés por la electrónica y la ingeniería. Con 15 años acudía a cursos formativos en el Golden West College, en Huntington Beach, y dos años después se matriculó en periodismo en la Universidad Estatal de California, en Long Beach.
Para entonces sobrevivía en el remolque de sus padres a base de burritos. Modificaba consolas antiguas para hacerlas más portátiles y compartía conocimientos y experiencias con otros aficionados al hardware y los videojuegos en un foro que él mismo fundó. Un día, contó luego a Tablet Magazine, dejó de preguntarse cuál era el siguiente paso para mejorar su ordenador para jugar y se centró en el paso definitivo: la realidad virtual. Compraba gafas y equipos descatalogados para buscar la manera de mejorar la latencia y el movimiento, y los pagaba limpiando barcos. Más tarde trabajó como técnico de cableado en un proyecto del laboratorio de realidad mixta de la Universidad del Sur de California y, en 2012, con 19 años, construyó el prototipo de su visor de realidad virtual de bajo coste, el Oculus Rift. El creador de videojuegos John Carmack se hizo con uno y lo presentó en una feria ese mismo año.
Luckey buscó financiación en una plataforma de micromecenazgo y se puso como objetivo recaudar unos 250.000 dólares. Consiguió alrededor de 2,4 millones. En 2014, Mark Zuckerberg, aún convencido de que la realidad virtual sería el siguiente pelotazo tecnológico, compró la compañía por 2.000 millones. Dos años después, y tras una polémica por su apoyo financiero a un grupo pro-Trump, lo despidieron.
Su personaje favorito de uno de esos animes que veía de pequeño era el hijo adoptivo de un magnate armamentístico al que arrebata su imperio para transformarlo en un gigante de los videojuegos inmersivos. Luckey emprendió el camino contrario. En 2017, pocos meses después de su salida de Meta, fundó con cuatro socios una compañía centrada en el desarrollo de equipos y software para uso militar que llamaron Anduril, como la espada de uno de los personajes de El señor de los anillos.
Su socio
Los padres de Ben Lamm se separaron cuando tenía cinco años. Se crió con su madre y su abuela entre Texas y Arkansas. Los veranos los pasaba viajando con su padre, que se dedicaba al comercio internacional. De pequeño daba la mitad de su paga a otros niños del vecindario para que cortasen el césped de su casa. Durante el instituto trabajó en un restaurante de la cadena Chili’s. “Lo odiaba tanto que sobornaba a las recepcionistas de sala para que no sentasen clientes en mi sección y, por tanto, no ganaba dinero”, contó a Dallas Magazine. “La única manera de tener éxito es encontrar un trabajo o una profesión que te apasione”.
Estudió Finanzas y Contabilidad en la Universidad Baylor, en Waco, y fundó su primera empresa, Simply Interactive, centrada en el software para el aprendizaje electrónico, en el último año de carrera. Cuando puso en marcha Colossal Biosciences en 2021, había creado y vendido ya cinco empresas. Lamm y su equipo aspiran a que el mamut vuelva a caminar sobre la Tierra en la próxima década y el año pasado anunciaron al mundo que habían devuelto a la vida una especie de lobo extinta, algo puntualizado posteriormente por expertos. Colossal combina estos golpes de efecto y su ambición de recuperar unas especies y conservar otras con la comercialización de la tecnología que desarrollan y la creación de compañías derivadas.
Tiene miedo a volar y, contó a Men’s Health, duerme con una libreta al lado de la cama en la que apunta las ideas que se le ocurren al despertarse. Es un amante de los perros —tiene dos, llamados Barbie y Ken— y entre las cosas que le gustaría hacer antes de morir está encontrar una civilización perdida. “En busca del arca perdida es mi película favorita de todos los tiempos. Jurassic Park es otra de mis preferidas de siempre. Ninguna de estas dos cosas debería sorprender a nadie”, dijo al Austin Business Journal. Casado y con dos hijos, Lamm atesora una fortuna valorada por Forbes en cerca de 6.000 millones de dólares.
Luckey maneja una fortuna similar. En 2019 se casó con su novia de toda la vida, a la que conoció en un concurso de debate estudiantil. Se define como sionista radical y, a pesar de que considera que tener menos de 2,1 hijos lo convertiría en un traidor a la nación, solo tiene uno. Le trae sin cuidado que lo vean como un tipo simpático o guay. “Me importa que piensen que soy una persona íntegra. Me importa que piensen que soy un socio fiable que no los va a apuñalar por la espalda”, aseguró a Fortune.
Lamm cuenta que el mejor consejo que le dieron es no aceptar consejos. Y en Dallas Magazine afirmó: “Me dijo Alex Seropian [fundador de la firma de videojuegos Bungie]”, “que la vida es demasiado corta para trabajar con imbéciles, y eso me ha hecho pensar [las cosas] dos veces”. Ahora él y Luckey pensarán juntos.
Un exmilitar al mando
Ni Luckey ni Lamm estarán al frente de Warhound. La pareja ha reclutado a David Spirk, exjefe de datos del Departamento de Defensa de Estados Unidos, exempleado de Palantir y veterano de la Infantería de Marina, como director ejecutivo.





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