Los robots ganan espacio en las fábricas y los sistemas autónomos se extienden a otros entornos de trabajo. Una avería puede detener la actividad; un error, causar daños a personas o bienes. Su expansión abre una oportunidad para el seguro, tanto para proteger la inversión en las máquinas como para cubrir las consecuencias de su funcionamiento.
La cuestión es qué protección ofrecen las pólizas actuales y qué puede ser necesario adaptar ante estos riesgos.La preocupación por asegurar robots, procesos automatizados y sistemas autónomos crece entre los clientes, explica Gonzalo Ayala, responsable de la industria de tecnología de Marsh Risk España.
Las principales inquietudes vienen derivadas de la ciberseguridad y los errores u omisiones en la prestación del servicio. Las empresas quieren cuantificar y gestionar por anticipado las pérdidas o reclamaciones relevantes que podría ocasionar una ejecución incorrecta de trabajos delegados en máquinas automatizadas.
También se cuestiona si los estándares de ciberseguridad adoptados en los últimos años bastan ante tecnologías como la inteligencia artificial (IA) generativa, explica Ayala.Más de cinco millones de robots industriales funcionaban en las fábricas del mundo al cierre de 2025, más del doble que siete años antes, según la Federación Internacional de Robótica (IFR).
Durante ese ejercicio se instalaron más de 600.000 unidades. Su informe World Robotics 2026 prevé que las nuevas instalaciones alcancen las 655.000 en 2026 y las 806.000 en 2029. España registró unas 4.300 en 2025, un 15% menos que el año anterior.Automatizar una parte relevante de la actividad modifica el perfil de riesgo y debe motivar una revisión del programa de seguros, dice Juan Sánchez de Amoraga, socio fundador del bróker de seguros y reaseguros Jhasa.
Entre las coberturas que cobran especial importancia cita las de daños materiales y avería de maquinaria, responsabilidad civil y pérdida de beneficios por interrupción de negocio, además del ciberseguro.La interconexión puede propagar un incidente entre equipos, proveedores y empresas, ampliando sus consecuencias, explica Sánchez de Amoraga.
Hay que comprobar cómo responde cada póliza ante averías, fallos de software o actuaciones autónomas inesperadas, sin presuponer que todo queda cubierto. Deben examinarse, además, los límites de exclusión, los tiempos de recuperación y las responsabilidades contractuales, indica el experto.El mercado específico de seguros para robots todavía es incipiente, señala Borja Díez Ramos, docente en el máster en marketing strategy, analytics & AI de The Valley Business & Tech School.
Prevé que crezca cuando se clarifiquen las responsabilidades legales, se estandaricen las cajas negras y se consoliden los modelos de robot como servicio.Quién respondeLa responsabilidad depende normalmente de la causa del daño, del papel de cada interviniente y de los contratos, explican Josep Montefusco, socio, y Juan Cuerva, counsel, de Clifford Chance.
Estos pueden, con ciertas limitaciones, asignar o excluir responsabilidades y prever acciones de repetición. Aunque podría haber responsabilidad solidaria, la empresa usuaria puede responder por uso inadecuado, mantenimiento deficiente — incluidas las actualizaciones de software cuando estén disponibles — o carencias en formación, evaluación de riesgos o supervisión, precisan.
El fabricante, por defectos de diseño o fabricación; el integrador, por instalación o configuración incorrectas.El proveedor de software puede responder por fallos en el diseño del programa o sistema de IA, por actualizaciones defectuosas o por su ausencia si esa falta genera riesgos previsibles, explican los abogados.
Cuando el accidente deriva de una decisión automatizada, los principios generales no cambian sustancialmente.Será esencial delimitar por contrato quién responde por cada componente, actualización o decisión automatizadaNo obstante, el análisis jurídico incorpora nuevos operadores y circunstancias sobrevenidas al momento de la comercialización del robot, como podrían ser las actualizaciones de software bajo control del fabricante, explican.En sistemas de IA con autoaprendizaje, el desarrollador puede responder si no prevé mecanismos para evitar comportamientos inesperados y peligrosos del robot una vez operativo o reaccionar ante ellos para minimizar el daño, añaden Montefusco y Cuerva.Cuando un robot provoca un accidente, es esencial reconstruir qué percibió y decidió, qué acción ejecutó, qué sistemas estaban activos y si hubo intervención humana, explica Miguel Ángel Thomas, socio responsable de ciberseguridad de NTT DATA.
Para ello deben conservarse registros de sensores, acciones, estado del hardware, software, configuraciones, accesos, comunicaciones y contexto. Estos datos actuarían como una caja negra del robot, con marcas de tiempo y garantías que acrediten que no han sido manipulados, dice.Factor claveLa trazabilidad permitiría identificar si el origen fue un fallo mecánico, de software o de IA, un error humano, un uso inadecuado o un ciberataque.
Facilitaría determinar responsabilidades, corregir las causas y prevenir nuevos incidentes. Cuanto mayor sea la autonomía, más importante será analizar toda la cadena de decisiones y responsabilidades, convirtiendo estos registros en una evidencia fundamental, añade Thomas.Las pruebas que ya se han hecho con autobuses autónomos ilustran los retos que afronta la gestión tradicional del riesgo, señala Sánchez de Amoraga, de Jhasa.
La seguridad física, el control y la atribución de responsabilidades deben abordarse desde la concepción de las pólizas. La firma considera que los riesgos asociados a estos modelos seguirán creciendo, aunque reconoce que todavía no conoce por completo su alcance.
La legislación y las soluciones aseguradoras deben evolucionar para acompañar estos avances. El seguro, añade, permite a las empresas innovar, invertir y operar con mayor certidumbreEn el proceso de suscripción, Ayala, de Marsh, apunta al lugar donde se implanta la tecnología y las funciones empresariales a las que se destina.
La gobernanza aporta otros criterios, como la obligatoriedad o no de la supervisión humana, las políticas de uso aceptable y la forma de documentar los errores. Los datos que generan los robots permiten a las aseguradoras pasar de una evaluación puntual a una gestión continua y preventiva del riesgo, señala Thomas, de NTT DATA.
Su análisis ayuda a establecer patrones normales y detectar desviaciones que anticipen incidentes o aumentos del riesgo, comenta.Esa información además permite identificar vulnerabilidades, necesidades de mantenimiento y posibles medidas preventivas. El reto, explica, es convertir datos íntegros, trazables y seguros en indicadores fiables, respetando la privacidad, la seguridad de la información y los límites sobre su uso.McKinsey sitúa por debajo de los 1.000 millones de dólares el mercado actual de robots de propósito general, capaces de realizar distintas tareas.
La consultora, sin embargo, estima que podría alcanzar los 370.000 millones en 2040.Para el sector asegurador, Díez Ramos, de The Valley, ve una gran oportunidad de negocio. La falta de historial y de algoritmos auditables, advierte, hace muy complejo calcular las primas y las encarece.El encaje jurídicoLa Directiva europea 2024/2853 sobre productos defectuosos incluye expresamente el software y los sistemas de IA.
Los Estados miembros deben incorporarla a sus legislaciones a más tardar el 9 de diciembre de 2026. El nuevo régimen se aplicará a los productos introducidos en el mercado o puestos en servicio desde esa fecha, mientras los anteriores seguirán sujetos a la directiva precedente.La aplicación de la normativa al software y a los sistemas de IA integrados en productos complejos, como los robots autónomos, amplía los supuestos de responsabilidad, explican Montefusco y Cuerva, de Clifford Chance.
Los abogados mencionan defectos de diseño, actualizaciones defectuosas, falta de actualizaciones ante riesgos de ciberseguridad, ausencia de la debida supervisión o usos negligentes por parte de las empresas usuarias. Según ambos, este nuevo marco obliga a fabricantes y usuarios de robots autónomos a reforzar los controles de diseño, documentación técnica, trazabilidad, ciberseguridad, mantenimiento, formación y supervisión humana.Será esencial delimitar contractualmente quién responde por cada componente, actualización o decisión automatizada, especialmente cuando resulte difícil atribuir responsabilidades, añaden ambos.
Para cubrir las contingencias que no puedan excluirse legal o contractualmente, Montefusco y Cuerva prevén que crecerán tanto la oferta como la demanda de nuevas pólizas diseñadas específicamente para riesgos tecnológicos, daños personales y materiales, interrupción de negocio y responsabilidad por producto defectuoso.





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