En el mercado financiero peruano, se suele generalizar al inversionista como conservador, basándose en la concentración agregada de los fondos mutuos en instrumentos de corto plazo o ‘money market’ y, a la vez, en la magnitud de los saldos en cuentas a la vista. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿basta con observar dónde invierte un cliente parte de su patrimonio o considerar un objetivo específico de inversión para determinar su perfil de riesgo?
Si bien puede elegir inversiones conservadoras con menor volatilidad, mayor liquidez o plazos más cortos, eso no significa que, desde una mirada integral, tenga ese perfil, pues una proporción importante de su patrimonio puede estar en su empresa o en otros activos de mayor volatilidad. Esto solo resalta la importancia del conocimiento integral del inversionista para comprender su apetito a riesgo, para entregar una mejor recomendación. Por ello, se debe entender cómo distribuye su patrimonio, sus fuentes de ingresos, necesidades de liquidez y compromisos financieros.
La cautela puede ser positiva, pero ignorar el patrimonio total puede limitar la diversificación y creación de valor a largo plazo. Una conversación bien guiada, mediante un Financial Advisor que combine su capacidad técnica con su habilidad para descubrir las necesidades del cliente, incluso una no conocida, resulta crucial en toda la asesoría. La mirada integral también debe considerar la exposición cambiaria, el riesgo país, la planificación previsional, y los objetivos de sucesión y continuidad empresarial.
Etiquetar al inversionista peruano como conservador puede responder a una visión incompleta. Antes de hacerlo conviene preguntarnos qué medimos: ¿sus preferencias, necesidades de liquidez o solo la parte más visible de su patrimonio? Una cuenta conservadora puede coexistir con una vida expuesta a riesgos. El reto es ofrecer recomendaciones basadas en un conocimiento profundo del inversionista. Conocer mejor para asesorar mejor empieza por reconocer esa diferencia.





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