Más allá de los límites con los que solemos asociarla, para mí la moderación en el consumo de alcohol es una manera de tomar decisiones conscientes sobre lo que consumimos, pero también una forma de estar presentes en los momentos de celebración y socialización más importantes.
Afortunadamente, la cultura de la moderación está ganando terreno en distintas partes del mundo, aunque más en otros países que en Perú. Según un estudio de International Wines and Spirits Record (IWSR), el promedio de bebidas consumidas por ocasión en 15 mercados de los cinco continentes se redujo más de 10% en los últimos dos años, pasando de 4,4 bebidas en 2024 a 3,9 en 2026. Esto no significa necesariamente que las personas consuman menos alcohol, sino que quienes lo hacen están eligiendo cantidades menores en cada ocasión. En línea con la tendencia global, en Perú también hemos visto que, durante el último año, la intensidad de consumo se ha reducido en una proporción similar. Sin embargo, en lo que va del año, las ocasiones de consumo han aumentado un 10%. Esto refleja una nueva forma de consumir: menos intensidad por ocasión, más ocasiones de consumo y más opciones para elegir en cada una de ellas.
Debemos adaptarnos e impulsar iniciativas de consumo responsable que promuevan buenas prácticas entre nuestros socios, clientes y consumidores. Esto implica fomentar hábitos sencillos, como alternar la cerveza con bebidas sin alcohol y acompañarla con alimentos, así como innovar con formatos más pequeños y cervezas cero alcohol, ampliando las opciones para distintas ocasiones de consumo. También supone trabajar de la mano con bares, restaurantes y bodegas. Con las autoridades también debemos colaborar, educando y apoyando la creación de controles y aportando a otras políticas públicas.
En lo personal, me mueve la idea de vivir con atención a los momentos especiales y conservar los recuerdos que construimos con quienes más queremos. Pero también estoy convencido de que la moderación es uno de esos cambios sociales que avanzan casi sin hacer ruido y pueden generar un impacto real en nuestra sociedad. Los invito a ser parte de ese cambio. Porque, al final, lo más valioso de un brindis no es cuánto bebimos, sino todo aquello que queremos recordar.






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