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Afiliación bajo mínimos y con movimientos combativos en auge

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Algo se mueve en el sindicalismo . Comienzan a surgir movimientos como el Sindicato de Inquilinas, combativos, capaces de movilizar la calle y con pulso para convocar una huelga general. Son organizaciones más pequeñas que se han convertido en una amenaza para el sindicalismo mayoritario, anclado en los últimos años en políticas de despacho.

«Empieza un nuevo ciclo político donde el sindicalismo de base, el poder popular , marca el programa de lucha y la forma organizativa», dijo la portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, cuando hizo oficial la convocatoria del 11-N. Lo hacía flanqueada por miembros de centrales más pequeñas como la CGT, CO.BAS , que nació en 2000 tras una escisión de CC.OO., y Solidaridad Obrera, cuyos miembros se desligaron del sindicato anarcosindicalista a finales de los años 80.

Tenían muy claro que el paro de 24 horas se convocaría con o sin ellos, en alusión a UGT y CC.OO., y así lo hicieron. Ni Pepe Álvarez ni Unai Sordo salieron en la foto, pero sí terminaron sumándose a una iniciativa que no era suya, aunque insisten en que ya estaban fraguando la protesta.

El resurgir del sindicalismo alternativo, de base popular se produce en un momento en el que apenas uno de cada diez trabajadores está afiliado a un sindicato en España. Una de las últimas ediciones de 'Focus on Spanish Society', de Funcas, avisó de que nuestro país corre «el riesgo de que gran parte de la población asalariada quede poco representada en el diálogo social».

Según la OCDE, en 2023 -última cifra disponible- un 12,5% de los asalariados españoles estaban en las filas de un sindicato, cuatro puntos menos que en apenas una década (desde el 16,7% de 2012) y el segundo peor dato en lo que llevamos de siglo (tras el 12,4% de 2019).

Las cifras contrastan, por ejemplo, con las de Suecia, donde la representatividad está en el 65,9% de la fuerza laboral, o Italia, con un 30%. La última oleada del International Social Survey Programme (ISSP), una estadística elaborada por varias universidades (con una metodología distinta a la OCDE), apuntaba que España está ocho puntos por debajo de la media de la UE , con un 18% de sindicación, frente a un 26,3% en el espacio comunitario.Pero el problema no es exclusivo de nuestro país.

A excepción de los escandinavos y Austria, el resto de los Estados miembro muestran porcentajes por debajo del 20% en la estadística del ISSP. Y tampoco la tendencia a la baja es única de España, pues la OCDE apunta retrocesos en participación sindical en buena parte de los países de la UE, entre ellos Alemania , que ha pasado de un 22% en 2000 al 14,1% en 2024.

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