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Seis minutos de silencio en El Sardinero, un beso y 29 puñaladas

AS Fútbol
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Seis minutos de silencio en El Sardinero, un beso y 29 puñaladas

Hubo más previa que partido. Un penalti de broma (primero) y un Madrid arrollador (después) dejaron una sobremesa aburrida para lo que prometía. Un esperado duelo de domingo que comenzó bastante raro. Hasta en tres ocasiones se repitió el saque inicial de las ganas que todos tenían de empezar. Buen momento para contemplar que ya está aquí el balón amarillo e invernal y que Courtois jugó con un traje color hueso cuando el Racing iba de blanco. Y, además, no sólo hubo un minuto de silencio. Fueron seis. En el primero, el oficial, hubo unos segundos de aplausos, otros para reprobarle a Lama que le contará a gritos al mundo desde su cabina lo que estaba sucediendo y algunos más para la emoción antes de recordar a la madre de Pedro Sánchez. Los cinco minutos siguientes de añadido fueron por la protesta de La Gradona de los Malditos por un tifo que no le dejaron enseñar. Con un arranque así, Mbappé y compañía, lejos de asustarse como el temido viento del norte, vivieron una tarde primaveral en todos los aspectos.

Peor lo pasó Mantilla. Al inicio, porque la grada le pidió que besara a Diomande. Una muestra de que las tradiciones cambian. Antaño, en El Sardinero se cantaba ‘¡Merino, mátalo!’ cuando querían que su eterno capitán le demostrara al rival quién mandaba. Pero como LaLiga multa por violencia verbal, el club convenció al Fondo Norte para buscar una nueva versión. Y después, el capitán, canterano y soñador desde crío de un encuentro de esta dimensión, se tuvo que retirar lesionado por una jugada fortuita en la que más de uno quedó retratado. Los que pidieron pena máxima, por la evidencia. Y Mourinho por saltar como un resorte para pedirle a Huijsen y Cucurella que abandonaran a su suerte al enemigo, retorcido de dolor. La excusa: que presuntamente se había tirado a la piscina... Con gesto incluido, el portugués exigió que no le hicieran caso cuando ellos sabían esta vez más que el jefe y que la lesión no era fingida sino inoportuna.

También sufrió de lo lindo de nuevo Julen Agirrezabala. Y los demás, por él. Lleva 29 goles encajados, siendo el portero más tiroteado de las cinco grandes ligas. Y eso que fue el mejor. El guardameta tuvo ofertas del extranjero este verano para quitarse el mal sabor de su paso por Valencia. El objetivo era y es volver a ser aquella joya del Athletic. Eligió Santander sabedor de que sufriría en un modesto, aunque también convencido de que el trabajo extra le daría más oportunidades de lucirse. En el fondo, a sus 25 años, no sabía cómo decir a las claras que lo que le realmente le apetecía era estar lo más cerca posible de sus aitas. Es muy madrero. Si hoy le preguntaran, seguramente sería capaz de irse a Siberia.

Con tal percal, al Racing al menos le queda el consuelo que su gente ya no es de otro equipo, normalmente Madrid o Barça, y luego del local. Hubo lleno con 22.892 espectadores y 41 listos que se quedaron fuera por hacer reventa. se demandaron entradas para llenar dos Sardineros. Había muchas ganas de volver a disfrutar. La grada apretó, se enfadó con razón con el árbitro por sus decisiones en las polémicas (“Así, así, así gana el Madrid”) y se inquietó con la comodidad de Güler cuando hace años, sin esta unión e identidad, se celebraban en algunos sectores los goles blancos como si el estadio fuera una sucursal del Bernabéu. Eso se acabó.

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