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Recorrido del Tour de Francia 2027: Puy de Dôme para Paula Blasi; dinamita en los Pirineos para Tadej Pogacar

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Recorrido del Tour de Francia 2027: Puy de Dôme para Paula Blasi; dinamita en los Pirineos para Tadej Pogacar

Pálido cielo. Cuatro gotas grises, tristes. Sirenas chillonas de furgonas de antidisturbios aceleradas en el periférico. Otoño en París adormilado y sonado, y los ecos del 17-O golpeando en las vidrieras.

Como los tiempos que vuelan, jóvenes de fuego inquietos y combativos, y a veces salvajemente decididos, contra un futuro que les desprecia y les recibe con alarde de fuerzas represivas, así el recorrido para julio y agosto de 2027 del Tour de Francia, que escarba en su pasado, donde siempre encuentra el ciclismo motivos para seguir creyendo. Y atraviesa paisajes de guerra de guerrillas, y llega a los lugares de las grandes batallas contra los enormes favoritos, el Puy de Dôme de Anquetil, Julio Jiménez y Poulidor, que espera la revelación de Paula Blasi, líder única en el Movistar, y el sufrimiento de la reina Demi Vollering, y Pirineos de dinamita para el Tadej Pogacar que busca de ser el primero de la historia con seis Tours legítimos, si el fenomenal Paul Seixas, el esperado, no da el gran golpe a los 20 años, la edad en la que la rebeldía es obligatoria, y la despreocupación. Vitalidad y resistencia. Las virtudes teologales que exige el Tour, el ciclismo, y también la vida.

Ambos Tours, el masculino y el femenino, partirán de Gran Bretaña. Los hombres de Escocia (Edimburgo, el 2 de julio) y las mujeres de Leeds, en el Yorkshire inglés (30 de julio). Para ellos, 21 días de pedaleo (más tres de descanso), para llegar a la cuesta de la rue Lepic en Montmartre el 25 de julio, pasando por Inglaterra, País de Gales, y el continente, hasta el Este, los Alpes ligeros a la sombra del Mont Blanc en Sallanches, y antes la larga y áspera ruta a través del Morvan guerrillero para Van der Poel y Van Aert, y castillos fantásticos en el Loira en contrarreloj.

Para ellas, nueve etapas sin descanso hasta el Averno y su volcán terrible el 7 de agosto al final de una etapa de 170 kilómetros. Antes, espectáculo máximo después de atravesar los Peninos: una contrarreloj por equipos, la primera de la historia en la carrera, por las calles más turísticas de Londres, de Westminster, y las campanadas del Big Ben, a Buckingham Palace, Támesis arriba hasta el puente de la Torre, y para abajo, San Pablo, Trafalgar Square, Picadilly Circus y Hyde Park. Ni los hombres hace 20 años, cuando Fabian Cancellara ganó el prólogo comiéndose las curvas como un esquiador, gozaron de tanto privilegio que Blasi disfrutará con el maillot del Movistar, un equipo magníficamente armado para el ejercicio a la estela de la campeona del mundo Marlen Reusser, excelentes rodadoras centroeuropeas y británicas, y la flor de la juventud española, Paula Ostiz y Alejandra Neira, campeonas del mundo también.

Un Tour masculino (para “una manada juguetona y oportunista”), como define al pelotón de los hombres Christian Prudhomme, el jefe de la carrera, que, al igual que su Tour, el único pegamento que une a todas las generaciones y pensamientos en Francia –no hay francés que reniegue de él y no lo identifique con los veranos en el pueblo del abuelo, y de la mano en la cuneta con él, o viéndolo por la tele-, es hijo del gaullismo, hermano pequeño de la revolución de mayo del 68, y padre, casi abuelo, de los adolescentes desconcertados del macronismo y las redes sociales, y espantados ante el cambio climático y el avance de Marine Le Pen y la ideología ultraderechista.

Prudhomme presenta su mapa anual como el sacerdote la hostia consagrada en la misa, y proclama su grandeza, sus descubrimientos, desde los repechos de Cardiff, Cherburgo o Plumelec; los 71 kilómetros en contrarreloj individual, juntando la de Chambord (38) y la de Toulouse (33), la mayor distancia de la disciplina desde 2012; el tortuoso y maligno Signal d’Uchon en el Morvan, un segunda con alguna rampa al 18% en las que Roglic se desesperó y hundió en 2021, subida símbolo de la etapa de más largo aliento, de longitud (224 kilómetros), relieve y duración (la única que se acercará a las seis horas) de gran clásica de las Ardenas; el Grand Colombier en el Jura, o la explosión que aguarda en los Pirineos a un pelotón cansado que ya habrá perdido seguramente el ánimo juguetón ante el desafío el último jueves del encadenamiento del padre Tourmalet y la llegada a los 2.215 metros (la cima más alta del año) del tremendo col de Portet más arriba de Saint Lary Soulan (16 kilómetros al 8,6%). Será un día de un desnivel de 5.400 metros, víspera de la explosión final en los Pirineos de Iparralde: Burdincurutcheta por su vertiente dura, el diabólico Soudet y el viejo conocido Marie-Blanque.

Grandes etapas, pero de ninguna de ellas están tan orgullosos Prudhomme y Thierry Gouvenou, la pareja que elige los recorridos, como de la etapa 14, el 17 de julio, sábado, un trazado de 200 kilómetros, de Montpellier, en el Mediterráneo, a Mende, al que denominan la Bestia de las Cévennes: 4.300 metros de desnivel, como las de más alta montaña, de regreso al oeste, pasados los Alpes, pasando el puente del Diablo sobre el Hérault, gargantas secas, cavernarias en el sur del Macizo Central, el monte Aigoual, al que peregrinan los creyentes lectores-adoradores del fantástico El ciclista de Tim Krabbé, y su descenso por el col de Perjuret, donde se quebraron las alas del gran Roger Riviére, caído por un barranco, paralizado para siempre, condenado al dolor y a la morfina, y tristeza eterna, el cañón alucinante de Navacelles, el matador col de la Lusette y final en el aeródromo de Mende, donde la gozó Jalabert cosecha 95, sudó Indurain y se quedó corto Pantani.

“Que vivan la intensidad y el movimiento”, se regocija Marion Rousse, la patrona del Tour femenino desde su reinvención de la mano de ASO, en 2022. Será la sexta edición bajo su égida, la más dura, y en cada una, un puerto sensacional de los que los hombres hicieron famosos: La Planche des Belles Filles que coronó a Van Vleuten el primer año; el Tourmalet en 2023 para la primera victoria de Vollering; Alpe d’Huez en el 24 para Kasia Niewiadoma; la Madeleine de Ferrand Prévot en el 25, y el Ventoux del 26, año del segundo Tour de Vollering. En el 27 toca el Puy de Dôme, el volcán que ya se subió dos veces en los pioneros Tours femeninos, hace 40 años, con victoria de la italiana Maria Canins en 1986 y 1987. Este año será el final de un tríptico durísimo en el Macizo Central, 10.000 metros de desnivel acumulado en tres etapas alrededor de Clermont Ferrand.

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