El banquillo del Madrid explotó con el 1-2 final y José Mourinho se fue directo a abrazar a Andriy Lunin, de repente titular por una gripe de Thibaut Courtois que el club anunció diez horas antes del clásico. “Le dije antes del partido: ‘Tú entrenas para jugar, no para estar en el banquillo’. Mostró un gran equilibrio y tranquilidad. Nadie lloró por no tener al mejor portero del mundo”, enfatizó el técnico italiano que, después de su mejor noche del curso y tras bordear el siniestro (casi) total en un inicio muy complicado de temporada, recurrió al punto uno de su libro de estilo, apelar el sentido colectivo. Salió el meta ucranio y dejó una mano de gran valor a un cabezazo de Gerard Martín en plena crecida barcelonista, con empate.
“En los últimos partidos hemos mejorado mucho. Este es un grupo que crece, que tiene empatía y es bonito de trabajar. Pero cuando volvamos [a la ciudad deportiva], no dejaré que la gente se le vaya la cabeza a la luna”, advirtió el entrenador portugués tras un clásico en el que el Madrid se mostró, a su juicio, “con concentración, organización y mucho coraje para salir jugando desde atrás contra un rival que presiona mucho”. Y en eso tuvo mucho que ver la presencia en el once de Arda Güler y Bernardo Silva.
La jornada del Madrid se presentó como una olla a punto de explotar, con una desventaja de seis puntos respecto al Barcelona. A toro pasado y con el triunfo en el zurrón, Mou no ocultó la situación tan delicada con la que los blancos acudieron al estadio. “Si sales a nueve puntos, hubiera sido pesado. Si sales a seis, equilibrados. Pero a tres es diferente. Y el modo de ganar también es importante. Puedes hacerlo por suerte, pero ganamos con todos los méritos. Con el 1-1 nunca perdimos la tranquilidad”, valoró.
A Mou le preguntaron por jugadores concretos, como la aparición de inicio de Bernardo, pero él, muy suyo, habló de los que quiso. De Lunin y también de Federico Valverde. “Se lesionó en el minuto 40 y decidió seguir”, afirmó. El charrúa se retiró con unas molestias en los isquios de la pierna derecha que, en una primera observación, no parecieron graves. El luso, en su intento de ordenar su discurso, también dejó su queja sobre el VAR. “Estaba durmiendo en el minuto 60, era una roja clara de Cancelo a Diomande”, protestó.
En el lado culé, la llegada de Rodri invitaba a soñar con un Barcelona nuevo y, a la vez, conocido: protagonista en Europa después de reinar en España. En una misma semana, 4-2 en París y 1-2 en el clásico. Dos derrotas seguidas tras 11 victorias consecutivas. “Esta derrota no me genera dudas. Estas cosas pueden pasar y en los grandes partidos los pequeños detalles importan más”, analizó Flick.
El Barcelona tuvo la pelota (62%), pero no supo qué hacer con ella. Dio 640 pases, casi el doble que el Madrid (380), pero el circuito fue tan limpio como estéril: Rodri, el que más intervino, solo dirigió 23 de sus 96 pases al último tercio. “En general, no hemos hecho un gran partido. En la primera parte no hemos sido nosotros, hubo muchas cosas que podíamos hacer mejor. Fuimos muy lentos, tuvimos muchas pérdidas tontas y eso se paga”, expuso Pedri. El canario, al menos, se atrevió a romper líneas y acabó como el jugador con más pases en el último tercio (33). Creó cuatro ocasiones y le sirvió a Raphinha el empate.
La entrada de De Jong le dio al Barça pausa, pero llegó tarde. “En la segunda parte, el equipo empezó a hacer daño, pero justo en ese momento tuvimos una gran desconexión que nos costó el partido”, lamentó el técnico. De Jong añadió: “Hemos estado más erráticos. La identidad no la vamos a perder. Sentimos el apoyo de la gente, nos hace más fuertes”.
Flick aseguró que no quería poner excusas. Pero las puso. “No estábamos frescos, pero es algo que debemos aceptar. Los viajes y los partidos internacionales están ahí. Tenemos que centrarnos en los partidos que vienen”, dijo.





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