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Manchester City y su peor miedo: diáspora de jugadores

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El club fue hallado responsable de 114 de 115 cargos relacionados con infracciones financieras, lo que podría hacerle perder a sus estrellas.

EDITORA DE FUTBOLRED Y COLUMNISTA17.10.2026 00:47 Actualizado: 17.10.2026 00:47

Fue siempre una sospecha. Desde la llegada del jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, miembro de la familia gobernante de Abu Dabi a Manchester City, en 2008, el fútbol inglés notó que lo que se avecinaba era un club estado. 

Era un nuevo rico, más rico que todos los otros millonarios dueños de equipos de la Premier League juntos, uno al que solo le gustaba el éxito y no necesariamente el fútbol. Tardaron 18 años en saber que estaban en lo cierto.

La Premier League encontró al club culpable de “graves” infracciones financieras ocurridas entre 2009 y 2018, en particular por haber inflado artificialmente sus ingresos y reducido sus costos operativos en más de mil millones de euros. 

Las consecuencias son ahora la gran incógnita, pues el club podría recibir como castigo desde una millonaria multa —el escenario ideal para el jeque— o, en el peor de los casos, la pérdida de sus títulos y la expulsión de la máxima categoría del fútbol británico.

¿De cuánto hablamos? Desde la llegada del dinero emiratí, Manchester City ganó ocho títulos de Premier League y la Champions League de 2023. Normal. Tenían a los mejores futbolistas y al mejor y más veces campeón, Pep Guardiola. 

Era ir a la batalla en el caballo del comisario. Lo que llama la atención es que después de tantos años los británicos no terminan de estar de acuerdo sobre la sanción justa para estas infracciones. 

Y es que no es solo un tema futbolístico pues el jeque impactó para bien la economía local y los políticos son sus primeros defensores. El debate es ético, ¿el daño colateral del progreso será admitir que se incumpla la ley por el dinero?

En el tema estrictamente deportivo se discute lo mismo: algunos clubes verían con buenos ojos una multa sin precedentes, siempre que se reparta de manera igualitaria a manera de compensación —justicia y reparación en el sentido más puro—, pero otros exigen expulsión de todos los escenarios, escarnio público y un castigo sin precedentes, por razones que no solo tienen que ver con violar el reglamento. De hecho, muchos ven un oculto interés en ese afán de justicia y son los futbolistas, el centro mismo del negocio.

Diáspora de jugadores

La duda pasa por el futuro de estrellas como Erling Haaland, nada menos que uno de los dos jugadores más caros del mundo (220 millones de euros, junto a Lamine Yamal, según Transfermarkt).Y aquí entran a la cancha los abogados. Los contratos de las grandes estrellas suelen estar atados al cumplimiento de objetivos y, si viene una sanción drástica y ya no competirán, por ejemplo, por el botín de oro en la Premier League o el título en la Champions, el salario se reduciría drásticamente. 

“Normalmente los contratos tienen una cláusula que permite reducir el salario e incluso salir si un equipo desciende de categoría. El equipo recibirá menos dinero por derechos de TV, publicidad, mercadeo, premios y esas cosas y por eso se contemplan, pero tienen que ver directamente con los descensos deportivos. Es decir, si mi equipo desciende porque hizo una mala campaña, hay cláusulas que dicen, por ejemplo, ‘se ganará 100 millones en primera, pero en segunda se ganaría 30’. Y los jugadores lo firman porque esto tiene que ver con su rendimiento. Pero si desciendo porque el club hizo trampa, entonces el descenso será por razones ajenas al jugador y eso dará lugar a la terminación del contrato por justa causa, basado en el artículo 17 del estatuto de transferencia de jugadores de la Fifa”, explicó el abogado deportivo Andrés Charria. 

El famoso ‘que se vayan todos’ en el fútbol puede entonces ser una aterradora realidad para un Manchester City, que a fuerza de chequera tiene a varios de los mejores jugadores del momento en su plantilla. Y es que hay jurisprudencia de diásporas que tuvieron a los clubes protagonistas al borde de la quiebra. Un caso muy recordado es el de Olympique Marsella en 1993. 

Aquel año se descubrió que el club sobornó a jugadores del Valenciennes para ser campeón de la Ligue 1, días antes de ganar la Liga de Campeones de Europa, situación que motivó a la Federación Francesa a retirarle el título nacional y descenderlo por la vía administrativa a la segunda división. Aunque al año siguiente logró el ascenso en la cancha, el peso financiero del escándalo lo obligó a seguir fuera de la élite y a estar muy cerca de la bancarrota, justamente porque perdió su gran capital, ya que los jugadores hicieron uso de su derecho y salieron como agentes libres. 

Otro muy famoso caso fue el de Juventus, que resultó involucrado en el escándalo conocido como “calciopoli” en Italia, una trama de corrupción y manipulación de resultados que utilizaba incluso a los árbitros para favorecer los intereses de los de Turín, producto de la cual el equipo descendió a la B, donde jugó una sola temporada. ¿Qué hizo que en este caso se quedaran figuras de la categoría de Buffon o Del Piero y no hubiera desbandada? Que muchos eran hinchas antes que empleados.

Pero no siempre decide el corazón: “¿El jeque puede decirles ‘te pago el contrato’? En realidad ya no puede porque habrá perdido su base de ingreso y no podrá sostener salarios como los que paga en Primera sin infringir el fair play financiero. Les dirá ‘quédate y te doy tales beneficios’, pero el error es imputable al empleador y el futbolista podrá alegar ruptura de contrato por justa causa, que se da cuando una circunstancia ajena no me permite continuar mi contrato de trabajo de buena fe”, explica Charria.

Según él, es un proceso con todas las garantías de éxito para los que se quieran ir: “Demandan, piden que se declare que Manchester City incumplió, que se declare la terminación unilateral con justa causa imputable al empleador, que se pague la indemnización plena, que es el valor residual del contrato con intereses, y que se asuman los costos del proceso, que pueden ser muy altos porque dependen mucho de los salarios de los jugadores”, detalló el experto. 

Sin embargo, el periodista Luis Fernando Restrepo, corresponsal de varios medios en Londres, aseguró que ese no es, por ahora, el gran dolor de cabeza de los árabes dueños de la institución. 

“La reglamentación de la Fifa contempla la terminación por justa causa cuando ya no se puede exigir razonablemente que continúe la relación contractual, pero esa valoración depende de las circunstancias. Habría que revisar cada contrato, sus cláusulas y las consecuencias concretas de la sanción. La posición de los que se quisieran ir tendría más fuerza si existieran cláusulas de descenso, condiciones específicas relacionadas a la participación europea o un incumplimiento contractual adicional. Pero ni el descenso ni una eventual exclusión europea significan, por sí solos, que todos los contratos queden automáticamente anulados”, detalló sobre la manera como se ve el escándalo en Europa.

“En el caso de Haaland por ejemplo, no tiene cláusula de rescisión, entonces no se podría decir que automáticamente él puede dejar el club porque descienda o que otro club pague la cláusula y salga libre. Claro, todos sabemos que cuando un futbolista quiere abandonar una institución al final lo hace pero no es este caso una razón inmediata para que lo haga”, añadió.En su opinión, “podría decir que si hay un riesgo de salidas del club, pero no una desbandada. ¿Por qué? No es quien quiera marcharse sino quién pueda. Reitero que hay que esperar hasta dónde llegará la sanción después de la apelación", aseguró.

Estrellas en rebaja

En efecto, como dice Restrepo, hay que conocer el alcance del castigo de parte de una comisión independiente a la Premier League, el cual no tiene fecha definida. 

Pero volviendo a la posibilidad de un castigo ejemplar, ¿pueden Haaland, Donnarumma, Foden o el excampeón mundial Enzo Fernández, terminar en un equipo como Real Madrid o Barcelona a costo cero? La realidad indica que sí, pero no es tan fácil. “Si soy jugador no negocio nada, demando ante Fifa, que nunca le ha impedido a nadie que demande que pueda jugar. Termino el contrato de trabajo y firmo en otro club”, dijo Charria. 

Pero en esos casos también hay antecedentes de clubes que han sido castigados por la Fifa por tentar a jugadores con contratos vigentes a irse a equipos rivales: “Puede haber cosas, que aleguen que se induce al jugador a terminar contrato, pero si todos los jugadores hacen lo mismo no aplica esa hipótesis, yo lo probé con Elkin Soto en el Mainz (Alemania) y aquí ninguno de esos clubes está haciendo nada para que ocurra, lo que es responsabilidad del Manchester City”, analizó.

Una tercera vía que tendría Manchester City para evitar la fuga de sus talentos es el City Football Group (CFG), un holding que es propietario, además del club en cuestión, de 11 equipos en distintos países del mundo, entre ellos el Girona de España y el New York City de Estados Unidos. En caso de una sanción radical, alguno de ellos podría recibir a un gran talento. 

Pero incluso en ese caso habría al menos dos obstáculos serios. El primero pasa por la exhaustiva vigilancia que se hará a partir de ahora a cada movimiento del Manchester City para evitar que vuelva a romper la balanza entre sus ingresos y sus egresos. El segundo tiene que ver, de nuevo, por los derechos de los futbolistas como trabajadores.

“En caso de cambiar club del mismo grupo tendría que firmar un nuevo contrato y un jugador difícilmente lo hará. No hablo solo del dinero. No es lo mismo jugar en NY City que en el Barcelona y no lo pueden obligar. Es cierto que podrían ofrecerle pagarle lo mismo y suena posible, pero, en términos de gastos, poco sensato. Para jugar hay que tener contrato de trabajo vigente y las transferencias no se pueden imponer, las tiene que aceptar el jugador”, explicó el abogado. 

La pelota entonces está en la cancha de quienes impondrán el castigo al Manchester City por más de un centenar de infracciones. Puede ser un saludo a la bandera —una multa cuantiosa—, o un castigo ejemplarizante para evitar este tipo de escándalos en el futuro. Lo cierto es que los futbolistas no serán convidados de piedra en ninguno de esos posibles escenarios. Saben que tienen voz y voto. Entienden que, finalmente, el fútbol son ellos. 

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