Sobre el asfalto aún caliente tras 71 vueltas de un Gran Premio de México, la fiesta tenía una cromática ni mandada hacer. Los colores mexicanos y los italianos están hermanados. El confeti verde, blanco y rojo era una celebración a dos bandas: por un lado el primer título mundial del veinteañero Kimi Antonelli y por el otro la celebración mexicana de otra carrera de Fórmula 1 en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Por las bocinas de la pista sonó la voz del fallecido Luciano Pavarotti cantando “¡Vincerò!, ¡vincerò!” [¡Venceré!], el fragmento más famoso de la ópera Nessun doma. “No podía ver la pista: he estado llorando toda esa última vuelta. Es un sentimiento increíble”, dijo el italiano en sus primeras palabras como campeón.
Antonelli (Bolonia, Italia, 20 años) tuvo la escena que todos los pilotos jóvenes sueñan: ser campeón del mundo y ser reconocido por el mundo. Pero eso se quedó corto. En cuanto el italiano enfilaba a secarse del champán fue cargado en hombros por dos de los más grandes de la F1: Lewis Hamilton y Max Verstappen, el ganador de la carrera mexicana de este año. Nunca en la historia hubo tantos títulos de Fórmula 1 en un podio (siete del británico, cuatro del neerlandés y ahora uno del italiano).
Los padres de Antonelli, Marco y Verónica, estaban en primera fila para ver la coronación de su hijo. Minutos antes se habían fundido en un abrazo familiar en el garaje de Mercedes. La más emocionada era la hermana del piloto, Maggi Antonelli, ataviada con un vestido de catrina y diseños de flores de cempasúchil.
México se le entregó desde el principio del fin de semana. Por el circuito había aficionados que ya tenían carteles pidiendo que Antonelli se coronara en México. Lo único que debía pasar era que terminara arriba de la novena posición. Algo de lo que, en teoría, no debía preocuparse, pero la ansiedad entre los pilotos se eleva en cada segundo. El italiano arrancó cuarto. Tras la enérgica carrera, el de Mercedes pudo alcanzar la tercera posición, directo al podio y con el campeonato en el bolsillo.
“Es un día que recordaré por siempre. Muchas gracias al equipo, a mi familia, amigos y a todos por su apoyo. Empieza a sentirse real. Lo voy a gozar mucho. Desde muy pronto [en la temporada] tuvimos un coche muy competitivo, fuimos muy constantes”, contó Antonelli tras la carrera. El chico de Bolonia lloraba porque logró ser campeón del mundo apenas en su segunda temporada en la F1. Se puso la bandera italiana como si fuera una cobija, una de mucho orgullo porque habían pasado 73 años sin un campeón italiano. Algunos mecánicos de Ferrari, que veían a unos metros a Antonelli, le felicitaban.
“Se ci sto bene, sarà perché ti amo, lo canto al ritimo del dolce tuo respiro. E primavera, sarà perché ti amo”, empezó a escucharse por el Estadio GNP, donde fue la celebración del podio. La canción, de Ricchi e Poveri y que ganó fama en TikTok, es una melodía de amor que conectó con los mexicanos que querían ser parte de la fiesta de Antonelli. Periodistas italianos de Sky derramaban lágrimas antes de poder entrevistar a los padres del piloto.
Antonelli aún luce como si fuera un adolescente avanzado en la clase. Los días que entró hacia los garajes en el Autódromo Hermanos Rodríguez lo hacía con una sudadera verde y gorra. En pista lucía unos rizos rebeldes y una sonrisa infantil, pegado a su ingeniero de pista, Peter Bonnington, la voz que le ha guiado en su aventura en la F1.
El nombre de Antonelli se suma al de Lewis Hamilton, John Surtees, Denny Hulme y Graham Hill en sellar el título de campeón del mundo de pilotos en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Los mexicanos, a partir de ahora, tienen a otro piloto favorito y empezará la frase que bautiza al extranjero: “¡Kimi, hermano, ya eres mexicano!“. “Esta victoria marca un nuevo comienzo, una base sobre la cual seguir mejorando y continuar aspirando a ganar más campeonatos”, dijo el nuevo campeón de F1.
Antonelli, de 20 años, no dejó de emocionarse conforme pasaron las horas. En conferencia de prensa se volvió a quebrar: “He llorado mucho hoy”, decía con algunas risas para rebajar la euforia. El prodigio de los karts, hoy es el rey de Fórmula 1.




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