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Javi Fuego: “Cuando veo al Rayo afianzado en Primera, siento orgullo; nosotros pusimos los cimientos”

AS Fútbol
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Javi Fuego: “Cuando veo al Rayo afianzado en Primera, siento orgullo; nosotros pusimos los cimientos”

Hablar de Javi Fuego (Pola de Siera, Asturias, 1984) es hacerlo de un centro del campo que marcó época en Vallecas. En plena marejada de impagos, de la salida de los Ruiz-Mateos y la venta del club, del Concurso de Acreedores... su Rayo fue un salvavidas. Sus logros mantuvieron a flote a la Franja, que corría el riesgo de desaparecer. El ascenso de la 2010-11 y el Tamudazo fueron claves para sobrevivir y el histórico octavo puesto con Paco Jémez, clave para soñar a lo grande. Para imaginar escenarios que se han ido cumpliendo. El asturiano no le quita ojo a su Rayo. Ni a su Recre. El sorteo de Copa ha unido sus destinos y Javi desempolva recuerdos en AS. Esos que quiere recorrer —en forma de estadios— de la mano de sus tres hijos. Sus guajes. Quien fuera centrocampista de Sporting, Levante, Recre, Rayo, Valencia, Espanyol y Villarreal sigue formándose y trabajando en el fútbol. Ahora busca talento con la Federación Asturiana, talento como el suyo... Ese que Vallecas no olvida.

—¿Qué significa para usted un Recre-Rayo?

—Siempre es especial. En el Recre jugué dos temporadas y en el Rayo, tres. Fueron años consecutivos, pero dos etapas muy diferenciadas en mi vida deportiva. La del Recre no salió como esperaba. Firmé en Primera, tuvimos un descenso y el año de Segunda no fue todo lo bueno que esperábamos. Cuando bajas, tienes esa ansia por volver a subir y no se dio. Ahí apareció el Rayo, que fue todo lo contrario. Felipe Miñambres hizo un equipazo y ascendimos, que eso para los jugadores humildes es como ganar un título o más. Luego vinieron dos años en Primera muy positivos. Son dos equipos a los que tengo mucho cariño, porque me trataron muy bien. Mi rendimiento en el Recre no fue tan bueno como esperaba y en el Rayo sí, que es un club muy especial en mi carrera.

—¿Cuál es su mejor y peor recuerdo de la etapa del Recre?

—Fueron dos años muy intensos. Firmé muy feliz, porque venía de un descenso en el Levante, de una situación institucional muy caótica. Hasta marzo el equipo iba muy bien y yo me afiancé en el once. Teníamos un colchón de puntos bastante grande con el descenso, pero de ahí al final, por factores que recuerdo y otros que prefiero no recordar, bajó el nivel del equipo. Nos metimos en problemas hasta que finalmente descendimos. De esa primera temporada tengo buen recuerdo de un buen equipo, de un estadio que nos animaba muchísimo y de buenas tardes de fútbol. Lo ensombreció el descenso. El año siguiente fue complicado. La presión por subir era grande. Tuvimos altibajos y yo, a nivel personal, tampoco di el rendimiento de Primera. Me costó un poco. Estoy muy orgulloso de haber vestido la camiseta del Decano y de haberlo dado todo.

—En verano de 2012 hizo las maletas y puso rumbo a Vallecas, donde logró el ascenso, a pesar de los impagos.

—Aterricé con mucha ilusión porque también era un club histórico. Felipe Miñambres estaba haciendo un gran grupo, para mí perfecto, porque había gente veterana que era un ejemplo para los jóvenes y gente que veníamos de experiencias no muy buenas y queríamos reivindicarnos. Además, subió gente del filial de la mano de Sandoval, que aportaron mucho. Esa mezcla era muy buena. Fue un año muy difícil porque, desde el principio, ya hubo problemas de impagos con la familia Ruiz-Mateos. Dentro del equipo, había situaciones complejas, de pasar necesidad en algunos casos, porque se nos llegó a deber muchísimo dinero. Recuerdo una reunión en febrero en Somosaguas, en la casa de Ruiz-Mateos, donde nos dijeron a todos que si no subíamos a Primera no íbamos a cobrar y el club podría desaparecer. Por un lado, ves que las finanzas se van al traste porque solo hay una única solución, que es subir; y por otro lado, está lo deportivo, que primó muchísimo para todos. Nos unimos para lograr el objetivo. Con todos los condicionantes extradeportivos que hubo, ese ascenso sabe mucho mejor. Sabíamos lo que significaba para el barrio y que suponía prácticamente salvar el club. Cuando veo al Rayo jugar en Europa y estar afianzado en Primera, siento orgullo porque nosotros pusimos los cimientos con ese ascenso. Antes también hubo mucha gente que hizo historia, pero ese año fue especial y me marcó.

—Había compañeros que no podían pagar las facturas y se ayudaron entre ustedes. Incluso la afición creó una fila cero para echar una mano a los empleados que lo necesitasen…

—Fue todo muy especial porque la situación lo requería. Había gente, dentro del equipo, que no había tenido un bagaje tan amplio en el fútbol como para tener ahorros y tirar de ellos. Se vieron situaciones realmente complejas. Eso nos unió aún más. Durante todo ese año compartí coche con Trejo y Armenteros. Ahí hicimos una relación para toda la vida. Teníamos reuniones todos los días. Nuestro planning semanal era reunión, reunión, reunión… jugar. Entrenábamos poco y nos llegaban informaciones diversas de si pagaban o no. Había diferentes opiniones y todas muy respetables dentro del vestuario. Era complicado. Nos ayudamos muchísimo.

“El ascenso fue como ganar un título o más, suponía prácticamente salvar el club”

Javi Fuego

—Le hicieron muchos reportajes como el jugador concursal…

—Viví cuatro Concursos: Sporting, Levante, Recreativo y Rayo. Ese año del ascenso también me sirvió para quitarme ese estigma y darme a conocer como jugador, porque di buen nivel. Encontré mi sitio dentro del Rayo y sirvió para decir aquí estoy yo. De joven apuntaba maneras, no tuve suerte en mis primeros años en la élite, pero el Rayo supuso un resurgir.

—Vivió otro momento histórico en Vallecas, ¿cómo recuerda el Tamudazo?

—A siete jornadas del final, me lesioné contra Osasuna. Tuve una fractura en la rótula y me dijeron que estaría dos o tres meses de baja. Teníamos 40 puntos y le decía a Michu que ya estábamos salvados, pero él me insistía en que aún quedaba mucho. El final de temporada fue complicado porque no sumábamos y llegamos al último partido con muchísima necesidad. Todavía tenía mucho dolor en la rótula y me tocó pincharme. Sentía que debía estar con el equipo. También Sandoval me pidió que forzase para estar y llegué a un acuerdo con el presidente que después no se cumplió, obviamente. Ese partido fue de muchísimo sufrimiento. Algo o alguien nos ayudó desde algún sitio, porque el equipo estaba bastante deteriorado, con muchas derrotas seguidas, con un ambiente raro en el vestuario… Quizá no teníamos los recursos deportivos, en ese momento de temporada, para poder ganar un partido para el que hubiéramos sido favoritos en cualquier otro momento. Al final no sé si fue justicia divina o qué, pero recuerdo un alivio tremendo y una llorera… Tengo fotos en el vestuario llorando como si hubiese ganado una Champions.

—¿Cómo reaccionó al gol?

—Estaba en el mediocampo, me puse de rodillas y a llorar sobre el césped. Quería que aquello acabase. No tanto por celebrarlo, sino por quitarme esa losa tan grande. Hubo un final feliz, pero sufrimos mucho…

—¿Qué le hizo más feliz: el ascenso o el Tamudazo?

—Ambos fueron clave para la viabilidad del club. A nivel personal tengo mejor recuerdo del ascenso. Es el premio al trabajo de todo un año y una alegría máxima, mientras que el Tamudazo fue un alivio máximo. Teníamos que haber hecho los deberes antes. No sé si por dejarnos ir o por un exceso de confianza, nos vimos en una situación a la que no debimos llegar.

“Tengo fotos en el vestuario, tras el Tamudazo, llorando como si hubiese ganado una Champions”

Javi Fuego

—La temporada siguiente, ya con Paco Jémez, se alcanzó el octavo puesto. La mejor clasificación histórica del club.

—Fue un año espectacular. Con Paco currábamos y disfrutábamos muchísimo. Tuve la suerte de ser un fijo en el once y de jugar muchos minutos. De disfrutar con lo que proponía en el campo y con cómo era él en el día a día. Paco es súper exigente, pero siempre me gustó ese perfil de entrenador, y sacaba partido de cualquier jugador que estuviese mínimamente dispuesto a sumar. Recuerdo el nivelazo de Chori, Trashorras… El equipo daba batalla en cualquier estadio y, seguramente, ganaba la posesión. Nos lo inculcaba y nos daba muchas herramientas para hacerlo. La pena es que, por todo lo que ocurre con el club, no pudimos jugar en Europa. Entró el Sevilla y, la temporada siguiente, nos eliminó (él ya jugaba en el Valencia) en las semifinales de la Europa League. Tengo esa espina clavada.

—Ese Rayo fue el tercero en posesión de toda Europa, por detrás de Bayern y Barça.

—A nivel físico estábamos como bestias, eso nos permitía tener mucha movilidad. Algo de admirar de Paco es que lo que trabajaba lo quería en los partidos y si no salía, él asumía las culpas. En muchas ruedas de prensa, salía a defendernos. Eso es fundamental para un jugador. Te da un respaldo muy grande y el futbolista va a muerte con el entrenador. Él tenía una idea muy clara, no quería pelotazos, sino salir con el balón jugado, arriesgar, ser valientes. A veces nos llevábamos algún revolcón, pero disfrutamos mucho también.

—¿Cómo ve a este Rayo?

—La esencia se mantiene con Paco, Míchel, Iñigo, Beñat… Todos han seguido esa estela de jugar bien y ser un equipo intenso. Eso viene de la idiosincrasia del barrio y lo que pide la afición. El rayista pretende ver buen fútbol, un equipo con carácter y garra. A nivel deportivo se están haciendo las cosas bien. También se cuida qué tipo de personas forman parte de ese vestuario, porque es fundamental en los éxitos que se han tenido. Me dijo Trejo es que el vestuario sigue siendo humilde, honrado...

—¿Y qué le parece todo este cisma social?

—A nosotros nos tocó vivir ese proceso de venta. Extraño. Nos extrañó mucho. Se fueron los Ruiz-Mateos y entró Raúl. Lo primero que hizo fue prometernos que no íbamos a Ley Concursal y después nos tocó una Ley Concursal potente. A mí me da pena. No conozco los entresijos, pero un club que genera tanto, que está tan arraigado en Primera, debe crecer. Los demás mejoran las instalaciones y aquí prácticamente todo sigue igual, cuando el Rayo ingresa muchísimos millones. Debería cuidarse más la Ciudad Deportiva, la cantera, el femenino… Eso me chirría de un club de barrio y obrero, que debería ir un poco más de la mano de sus aficionados.

“¿El cisma social? Me da pena. El club debe crecer e ir un poco más de la mano de sus aficionados"

Javi Fuego

—¿A qué se dedica ahora?

—Estoy viviendo en mi pueblo de siempre, en Pola de Siero. Llevo un año y poco como director deportivo de la Federación Asturiana y cogí muchísima afición a la bici. Salgo con profesionales como Pelayo Sánchez Mayo e Iván García Cortina de Movistar, Samu Fernández de Caja Rural... Me estoy formando. Tengo el curso de director deportivo y el año que viene pretendo sacarme el UEFA Pro de entrenador para tener todos los títulos. Cuando los guajes crezcan estaré preparado por si me apetece probar a entrenar o a ser director deportivo en algún sitio.

—¿Cuánto tiempo lleva sin pisar Vallecas?

—Fui hace dos años a un Rayo-Villarreal, invitado por la familia Roig. Me apetece ir más porque siempre me tratan bien. Antes, viendo Mestalla y sabiendo que va a cambiar, me entró nostalgia y me gustaría visitar todos los campos de los equipos en los que jugué. Me gustaría llevar a mis hijos y enseñarles todo.

—¿Quién ha sido el mejor entrenador de su carrera?

—¡Uf! No te puedo decir uno. Aprendí de todos. Marcelino, al que tuve en mi primera etapa en el Sporting, me ayudó muchísimo a crecer como futbolista y a entender cosas del juego. En ese momento me parecía que no me estaba ayudando y después, todo tuvo sentido. Fue un visionario a la hora de ver en qué me podía convertir y se lo agradezco muchísimo. Sandoval fue muy importante, Paco Jémez, Nuno, Quique Sánchez Flores, Javi Calleja... Nombraría a todos.

—¿Y qué jugador le pareció mágico?

—También hay muchos. De la época del Rayo, disfruté mucho con Trejo, Míchel, Movilla, Trashorras, Michu, Piti... Ahora podría decirte Rodri Hernández porque ganó el Balón de Oro. Cuando entrenábamos en el Villarreal ya se veía que él jugaba a otra cosa. Yo le hubiera dado el segundo Balón de Oro para su vitrina.

—¿Y cuál es el club de su vida?

—¡Qué complicado! El Sporting me permitió llegar a ser futbolista, el Rayo me hizo futbolista y el Valencia me permitió disfrutar de lo que es ser futbolista.

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