Luciano ‘Lutxo’ Iturrino (Mutriku, Gipuzkoa, 62 años) heredó el apodo del mítico ciclista colombiano Lucho Herrera por su parecido físico y su destreza sobre la bicicleta, un motor que trasladó al verde de los campos de fútbol. De la generación de transición de la Real Sociedad —con la que tocó gloria formando parte de la plantilla que levantó la Copa— al atrevimiento de cruzar la muga (frontera) para jugar en el Athletic, pasando por sus memorables etapas en el Logroñés y el Salamanca. Con el aval de haber vestido las camisetas txuri-urdin y rojiblanca, y de haber esculpido talento en las canteras de Zubieta y Lezama, Iturrino desmenuza en AS en la previa del derbi de San Mamés de este domingo (21:00 horas) las claves de este duelo vasco.
¿Cómo está? ¿Cómo le va todo?
Bien, tranquilo. Estos dos últimos años he estado entrenando a un equipo de regional y ahora tranquilito. Ahora no tengo nada, pero de vez en cuando, si sale alguna cosita para entrenar, bien; siempre he estado entrenando a equipos desde que dejé de jugar.
Vamos, que encantado si surge algún equipo.
Sí, porque al final siempre tienes mono de estar en el campo, de estar con los chavales. Siempre me ha gustado entrenar con ellos y te viene ese gusanillo de estar en el terreno de juego.
¿Y ve mucho fútbol por televisión?
Sí, bastante.
¿Qué es lo que más le está gustando de este arranque liguero?
En la Liga española, el Barcelona, aunque el otro día tuvo un tropiezo bastante inesperado para mí. Pero bueno, por lo menos así la Liga está más igualada. Si hubiera ganado el Barcelona se hubiera puesto a nueve puntos y era muy difícil que, tal como está y tal como juegan, perdieran esa ventaja. Pero también es verdad que cosas más raras se han visto...
Llega el derbi vasco. ¿Qué recuerdos guarda de su etapa vistiendo las camisetas de ambos equipos y trabajando en sus canteras?
Mi primera experiencia fue en la Real. Yo provengo de la cantera del Mutriku, fiché en juveniles y mis primeros cinco o seis años en la Real fueron bien hasta llegar al primer equipo. Fuimos la generación posterior a la Real que ganó las dos Ligas, un momento de transición en el que los veteranos se marchaban y nosotros íbamos entrando. Después fiché por el Athletic dos años, no tuve mucha suerte allí, y de ahí me marché al Logroñés y el Salamanca.
Más allá de lo deportivo, el cambio de equipo no sé si fue duro en el sentido polémico. Es verdad que más adelante se encarnizó un poco esa polémica por el pase de jugadores de la Real al Athletic, pero ¿cómo lo vivió en su momento?
La verdad es que sí. Cuando fiché por el Athletic, conmigo a la vez fichó Loren, por quien pagaron 300 millones de pesetas, y más tarde Joseba Etxeberria también tuvo su periodo. En mi caso no tuve ningún problema porque yo quedaba libre y decidí ir al Athletic.
Ahora parece que, desde hace unos años, está más difícil que el Athletic pueda pescar en la Real...
Sí, porque se han igualado los presupuestos de la Real y del Athletic bastante, y ahora mismo la situación está muy pareja.
Su debut en la Real Sociedad vino de la mano de Alberto Ormaetxea como entrenador y para sustituir nada menos que a Agustín Gajate...
Me acuerdo perfectamente porque ese año subimos tres jugadores de la cantera. Mi primer año fue con Ormaetxea, jugué solo 10 minutos en Valencia y en toda la temporada no participé más. Luego llegó Toshack, que empezó a subir más gente de la cantera y comencé a tener más presencia.
Y su primer gol llegó en Atocha contra el Barcelona. No pudo ganar la Real, pero marcarle al Barcelona es algo que no está al alcance de cualquiera.
Fue en un partido que perdimos 3-5 y marqué el gol de honor. Ese fue mi primer tanto. Luego más adelante pude marcar más goles: al Barça, al Madrid... Recuerdo uno en el Bernabéu a Buyo. Con el tiempo fui retrasando mi posición; al principio era mediapunta, delantero o extremo.
En la Real tuvo a Ormaetxea y Toshack como entrenadores. ¿Qué tal con el galés?
Bien. Toshack al principio empezó a contar más con la gente de la cantera, pero era un tipo un tanto especial y había que aguantar el chaparrón. Era galés, aportaba cosas y experiencias nuevas que nosotros no conocíamos, y marcó la transición del equipo campeón.
De su etapa como ‘txuri-urdin’, más allá del debut, ¿con qué se queda?
Jugamos dos finales de Copa: la primera la ganamos y la segunda la perdimos contra el Barcelona. Son experiencias bonitas; uno puede decir que ha sido campeón de Copa aunque no jugara la final, pero formaba parte de la plantilla y estoy muy orgulloso.
Como campeón de Copa y viendo el título reciente de la Real, quién mejor que usted para valorar la dificultad que tienen clubes como la Real o el Athletic para levantar un título frente a los transatlánticos actuales.
Para la Real y el Athletic, lo máximo a lo que se puede aspirar es a ganar la Copa y llegar a la final, algo que en los últimos años han conseguido.
¿Y la Europa League?
Lo veo muy complicado. Es difícil que pueda pasar.
Volviendo a mirar al derbi. ¿Cómo se vivían los días previos a un partido de la máxima rivalidad?
Toda la semana es especial. Estás esperando que llegue el día del partido porque, tanto en la Real como en el Athletic, es un encuentro que todos queremos jugar. El ambiente es diferente y las aficiones se vuelcan. En los últimos años estamos dando ejemplo en todo el mundo de que, aunque el derbi sea caliente, se puede vivir con deportividad entre las aficiones.
¿En el vestuario había también comentarios especiales hacia el encuentro?; ¿se hablaba mucho del derbi?
Sí claro, en el vestuario hay piques sanos entre jugadores. Cada uno es de un sitio; por ejemplo, en el Athletic había guipuzcoanos y siempre uno quiere ganar. La verdad es que se crea un ambiente sano.
¿Y qué se dice en el vestuario para motivarse más para un partido así?
No hace falta decir mucho, la motivación ya está ahí. No hace falta hablar mucho para darte cuenta de que va a ser un partido especial.
En cuanto a aficiones, usted que ha vivido las dos, ¿se vivía igual en Atocha o en Anoeta que en San Mamés?
Las aficiones son un poquito diferentes por todo lo que comentábamos antes de las salidas y entradas de jugadores. A lo mejor, la gente de Donostia se ha sentido un poco ofendida alguna vez, pero creo que tanto unos como otros están deseando que llegue el partido y lo quieren ganar.
Lutxo, como hablábamos, fichó por el Athletic, pero desgraciadamente en lo deportivo no salieron las cosas como le habría gustado, ¿verdad?
No, porque cuando fiché por el Athletic estaba Howard Kendall, que fue quien propuso mi fichaje. La verdad es que con él tuve muchos minutos, pero no terminó la temporada; entró Txetxu Rojo y tuve menos minutos. Al año siguiente empezó Clemente, luego le echaron... En dos años tuve cuatro entrenadores, así que la cosa no fue muy bien. Era un momento complicado además, porque estábamos en una situación un poquito delicada. Al final terminó todo bien y decidí marcharme al Logroñés.
¿Se llegó a arrepentir de fichar por el Athletic?
No. En esos momentos, cuando tomas una decisión, lo haces con todas las consecuencias. Luego con el tiempo puedes pensar que ojalá no te hubieras ido, pero la decisión que tomé fue la correcta y no me arrepiento.
Se puede decir que en el Logroñés vivió sus mejores momentos.
Sí, ahí exploté un poquito porque entre los 25 y los 28 años estaba en mi mejor momento. Jugué todos los partidos, primero con David Vidal y luego con Carlos Aimar, y ahí exploté un poco.
Cuando estuvo en el Athletic coincidió en el vestuario con Valverde. En esta última etapa de Ernesto en el banquillo, el Athletic ha logrado una Copa, una clasificación para la Champions, para la Europa League... Terzic no lo va a tener fácil para hacer olvidar lo que hizo el ‘Txingurri’.
No, pero yo, que no conozco a este entrenador nuevo del Athletic, tengo buen feeling con él porque me parece alguien sensato que ha caído bien en la plantilla. Creo que va a hacer una buena temporada y esperemos que el Athletic también entre en Europa.
Hablábamos antes de los cuatro entrenadores que tuvo, entre otros a Txetxu Rojo. ¿Cómo era?
Txetxu era lo que se dice un bilbaíno. Estaba de segundo entrenador en esa época con Kendall. Luego coincidí con él también en el Salamanca; fíjate que allí coincidí con Andoni Goikoetxea y con Txetxu Rojo, con los dos. En el Salamanca tuve una mejor experiencia con él. En el Athletic no tuve mucha suerte porque apostó por otros jugadores, pero en el Salamanca sí lo hizo.
De la época en Salamanca también guarda muy buenos recuerdos...
Muy buenos. El primer año bajamos a Segunda, pero al siguiente ascendimos haciendo una buena temporada. El último año mío en Primera División nos mantuvimos ganando al Barcelona en el Camp Nou 1-5 en el último partido, cuando necesitábamos ganar. El Barça ya había quedado campeón, pero nosotros necesitábamos ganar y nunca es fácil ganar en el Camp Nou; conseguimos ganar 1-5 y nos salvamos. Esa fue mi última temporada en Primera División.
Como decíamos al principio, además de haber jugado en los dos equipos, en la Real y en el Athletic, ha trabajado en ambas canteras.
Sí, me siento orgulloso porque me llamó Roberto Olabe para entrenar en Zubieta con los chavales; estuve ahí cuatro años. De ahí salieron jugadores que habían estado conmigo como Illarramendi y alguno más. Luego me llamaron de Lezama y estuve tres años. E incluso en el Eibar estuve un par de años entrenando a los chavales.
Si tuviera que decir diferencias a la hora de trabajar en una cantera o en otra, ¿cuáles serían?
Es muy parecido. Al final, tanto la Real como el Athletic tienen líneas de trabajo bastante parecidas: contar mucho con la gente de la cantera para el primer equipo; las metodologías y las líneas de trabajo son muy similares.
Afortunadamente tenemos en el País Vasco a referentes como Simón u Oyarzabal, ajenos a la vorágine del fútbol actual. ¿Cree que es una auténtica suerte contar con este tipo de futbolistas?
Sí, pero lo que pasa también es que el tema económico ha cambiado mucho. Ahora tanto en la Real como en el Athletic se puede decir que se paga bien, y antes cuando salías de la cantera, casi tenías unos baremos de lo que tenías que ganar durante X años. Entonces, claro, cuando hacías una buena temporada y no te subían el sueldo, siempre estabas pensando: “Joder, pues igual si me voy a otro sitio voy a ganar más dinero”. Pero en mi caso, yo me marché más que nada porque en la Real no tenía sitio, no era un jugador importante en el equipo, y decidí irme al Athletic.
¿Pudo escuchar el discurso de Simón al recibir el Trofeo Yashin?
Sí, fue perfecto. A Unai le conozco porque cuando entrenaba en la cantera, él estaba también. Incluso mi hijo también estuvo en la cantera del Athletic y es de la misma quinta que Unai Simón; jugó con él en los cadetes, en los juveniles, y le conozco a su familia y a él. La verdad es que el discurso que dio fue de chapeau. Además fue muy claro. Igual otros en sus discursos se han enrollado un poquito, en cambio el de Unai Simón fue muy claro, muy conciso, y dio las gracias a gente que todo el mundo que está en el Athletic conoce.
Y si es un modelo Unai Simón en el Athletic, de Oyarzabal en la Real también, qué decir...
Lo mismo. A Mikel también lo conozco porque coincidí con él cuando yo estaba en la cantera del Eibar, aunque no le llegué a entrenar. Era muy joven y luego fichó por la Real. Son personas inteligentes que saben lo que dicen, y eso en el campo también se nota.
Con lo que ha habido más revuelo últimamente —imagino que estará al tanto— es con las declaraciones de Tainta, el representante de Nico Williams. No sé si ha podido escuchar lo que dijo, pero ¿cómo ve usted este tipo de situaciones?
Es que es difícil saber, porque si no conoces todas las versiones... uno dice una cosa y dices: “Joder, pues tiene razón”, y luego escuchas a la otra versión y dices: “Joder, pues también tiene razón”. Es difícil porque cada uno defiende sus intereses y es complicado dar una opinión exacta de lo que ha podido pasar.
Claro, es que a veces, y me pongo en ‘modo aficionado’ o ‘modo forofo’ que diría Imanol Alguacil, pensamos con el corazón. Sin embargo también hay que entender que existen factores que van más allá: la vida o una carrera futbolística.
Claro. En lo que a mí respecta, en aquella época había muchas más diferencias en cuanto a lo que ganaba uno y lo que ganaba otro. Ahora también, pero a ver, lo que gana un jugador, por ejemplo, que sube al primer equipo, es mucho dinero. No es como antes, que había que tirar muchos años en Primera para poder salir adelante. Ahora no; ahora, con que juegues dos o tres años en Primera División, ya tienes un poquito —no digo la vida asegurada, pero sí bastante económicamente—. Entonces, en el caso de Nico, por ejemplo, en cuanto a lo que gana en el Athletic o lo que hubiera podido ganar en el Barcelona no hay mucha diferencia. La única diferencia que yo veía es que en el Barça podía ganar más títulos que en el Athletic, aunque también es verdad que a lo mejor los del Athletic son mucho más importantes que los que ganas en el Barça...
Como curiosidad, ¿suele fijarse mucho en los jugadores que ocupan las posiciones en las que jugaba usted?
La verdad es que sí. El fútbol ha cambiado mucho. Ahora yo creo que es mucho más completo. En cuanto a calidad, siempre ha habido, lo que pasa es que ahora físicamente los jugadores son auténticas máquinas, auténticos atletas. Si estás bien físicamente y tienes un mínimo de calidad, se nota en el campo. Pero hay una cosa de la que me estoy dando cuenta y que envidio un poquito: cómo están los campos de fútbol. Antes ibas a jugar a Andalucía, por ejemplo, y allí no había quien jugara a fútbol, los campos estaban horribles. Incluso yo me acuerdo de un partido en el Bernabéu que tenía más barro que cuando jugaba yo en Mutriku. Ahora los campos han cambiado muchísimo; están todos como auténticas alfombras y técnicamente es mucho más fácil.
Vamos, que si le dieran ahora unas botas, no le importaría volver a jugar.
No, envidio un poquito cómo están los campos, cómo los cuidan. En cuanto les sale algo, ya están cambiando el césped; es increíble cómo están los campos.
Hablando de centrocampistas, ¿qué cree que le está pasando a Jauregizar, que el año pasado lo jugó todo, era indispensable, y este año le está costando?
Al final, cuando hay cambios de entrenadores... En este caso a lo mejor no le conocía tanto. Es difícil mantener todos los años un nivel muy alto en el equipo, y yo creo que es más un tema anecdótico, porque creo que con el tiempo volverá a ser el jugador que ha demostrando ser.
¿El derbi de este domingo cómo lo ve?
Muy igualado. Aunque la Real lleve una línea de cuatro victorias seguidas, no tiene importancia, y yo creo que el Athletic tampoco está en una mala línea. No ha conseguido ganar muchos partidos, pero incluso tiene un partido menos. Yo ahí no le doy mucha importancia a si uno está bien o el otro está mal. Es un partido muy igualado en el que los dos equipos intentarán jugar a su manera.
Entonces es de los que piensa que en un derbi no hay favoritos.
Eso siempre, aunque uno esté más arriba y otro más abajo. Yo creo que no hay favoritos. Puede haber favoritos en la opinión que esté en la calle por los resultados, pero los jugadores seguramente saben que va a ser un partido complicado, que no tiene mucha importancia estar más arriba o más abajo.
¿Y a esta Real de Matarazzo, de la que se dice que es una ‘locura’ o un ‘manicomio’, cómo la ve usted?
Por lo que se ha visto hasta ahora, no empezó muy bien, pero ahora está mejor. Ha habido jugadores a los que les ha costado; por ejemplo Oyarzabal no estuvo bien al principio, ahora ya parece que empieza a salir. Y luego están entrando otros nuevos, porque hay que reconocer que la Real tiene jugadores abajo, buenos jugadores, el Sanse está en Segunda División —será por algo—, y hay jugadores que están ya empezando a salir. Hay una pequeña revolución en ese aspecto, pero los últimos partidos he visto a la Real bastante bien, jugando un poquito como lo hacía el año pasado.
Y para acabar Lutxo, ¿con quién va su corazón este domingo?
Yo siempre lo he dicho: soy guipuzcoano, soy de Mutriku, aunque vivo en Ondarroa, donde llevo casi ya más años viviendo que en Mutriku. Pero yo siempre he sido txuri-urdin y eso es difícil de cambiar.
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