El Atlético de Madrid tiene por costumbre anunciar y dar la bienvenida por megafonía a los exjugadores rojiblancos del conjunto rival que visitan el estadio Metropolitano. Este sábado, la cortesía recaerá sobre José María Giménez, que durante 13 años fue uno de los favoritos de la hinchada. Con toda seguridad, el central charrúa escuchará corear el “u-ru-gua-yo, u-ru-gua-yo” que tantas veces retumbó en el Vicente Calderón y en el Metropolitano. Su ímpetu, la espectacularidad de sus acciones defensivas y ser tenedor de la garra charrúa le emparentaron con el ADN del Atlético.
En sus trece años como rojiblanco ganó dos Ligas, una Liga Europa, dos Supercopas de Europa y una Supercopa de España. Estuvo presente en las dos finales de la Liga de Campeones perdidas ante el Real Madrid. En la de 2014 de Lisboa todavía era un recién llegado, en la de Milán de 2016, ya asentado en el equipo, fue suplente y no lo digirió bien. Las lesiones musculares le impidieron rendir y tener continuidad en las últimas temporadas. Muchas de ellas se las generó su ansia por estar disponible y no perder el puesto. En otras, acudió al rescate de Simeone y del equipo a sabiendas de que arriesgaba por precipitar su recuperación. Después de esos 13 años bajo la dirección del preparador argentino, la relación entre ambos pasó por buenos y malos momentos. En los últimos meses de convivencia, Giménez se encontró con los detalles fríos de los entrenadores cuando están ante un posible descarte. “En principio, no puedo separar del rival que será este sábado de la persona y el hombre que me ayudó, me acompañó y me contuvo dentro del vestuario por su enorme compromiso con nosotros. Soy un agradecido absolutamente a José”, le elogió este viernes el Cholo.
“No tengo duda de que fue y es uno de los centrales más importantes que estuvo en el Atlético de Madrid desde que yo estoy y siempre desearle lo mejor. Lo queremos mucho, él lo sabe”, añadió el técnico. Giménez formó parte del cuarteto de centrales, junto a Godín, Miranda, Savic y posteriormente Lucas Hernández, que para Simeone fue “el mejor del mundo”. Este verano, tras concluir en los meses finales de la temporada pasada que ya no era un jugador imprescindible para Diego Pablo Simeone, aceptó su cesión al Deportivo.
En realidad su marcha es un préstamo sin vuelta como el propio Giménez aseguró el miércoles en rueda de prensa: “Desde el momento en el que salí, está claro que el Atleti es un paso que di a un costado. La gente ya sabe que no me va a tocar volver allí, es la realidad. Por eso, cada vez que vuelva allí me va a generar unos recuerdos que para mi vida son imborrables”. El último servicio de Giménez antes de su cesión al Deportivo fue aceptar una prolongación de su contrato hasta 2029 para diluir la masa salarial.
De todos los pretorianos de la era Simeone, Giménez ha sido el que ha salido con el perfil más bajo y menos ruido. Quizá porque aún tiene contrato, el club no le ha organizado una despedida pública como sucedió con Gabi, Godín o Juanfran por citar algunos de ellos. El chico que con apenas 20 años vio nacer a su primera hija en Madrid y forraba su taquilla en el Cerro del Espino con las fotos de la primogénita, podrá recibir el apoyo de la que fue su hinchada porque solicitó que no se incluyera la cláusula del miedo que se le aplica a los jugadores cedidos. “Cuando supe que era cesión, pedí que no hubiese esa cláusula. Quiero estar disponible para todos los partidos. Era algo que pensé que se podía hacer y sucedió. Estoy agradecido por que me permitiesen hacerlo”.




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