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El Panathinaikos conquista ante el Madrid un partido monumental: 112-115

El País Deportes
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El Panathinaikos conquista ante el Madrid un partido monumental: 112-115

Casi un año después, el mismo verdugo en casa. El Madrid perdió en su pabellón en la Euroliga por primera vez desde noviembre del año pasado y tras 19 victorias seguidas europeas como local. Fue de nuevo contra el Panathinaikos, ahora entrenado por el sabio Zeljko Obradovic, y después de un partido monumental, un choque entre colosos que el Madrid solo cedió en la prórroga cuando ya había quemado todas sus naves. Sin los lesionados Campazzo, Maledon, Jantunen, Deck y Garuba, el conjunto de Pedro Martínez combatió hasta el último suspiro frente a la artillería griega que comandaron Nunn con 33 puntos (25 entre el último cuarto y la prórroga) y Lessort (20 puntos y nueve rebotes). La resistencia blanca la lideraron un gran Abalde (23 puntos, 15 en el cuarto final) y Feliz (27).

Falló Abalde el primer triple y lo encestó Mitoglu sacando de la zona a Tavares, un aviso de por dónde irían los tiros. También picaban Juancho y Francisco por fuera en un inicio verde con mucha dinamita ante una defensa que apretaba poco. Obradovic había ordenado atar a Feliz (4-13) y el Madrid necesitó echar mano del agitador Llull, siempre dispuesto para la batalla, para darle otro ritmo a su juego. El escolta levantó a su equipo de la lona hasta con un triple en el último segundo del primer cuarto (18-24) para reducir la renta que habían amasado los hombres de Obradovic.

Los triples que erraba el Madrid los festejaba en el tablero contrario el Panathinaikos. Un gran mate de Jones y dos bingos lejanos de Shulga animaron a los blancos y encabezaron una reacción basada en una mejor circulación de balón y algunas carreras. Lessort resultaba casi imparable por dentro y Badio quemaba zapatillas. El espíritu de Llull aún prendía alguna mecha y un parcial de 20-8 mandó el partido vivo al descanso (48-51).

Resistía el Madrid en el cuerpo a cuerpo en un choque muy físico que exigía cada gota de sudor. Mantenía las distancias cortas el equipo blanco, sostenido por Tavares, mientras el Panathinaikos solo comía de tres en tres: cuatro triples y ninguna canasta de dos en más de siete minutos en el tercer cuarto. El conjunto de Pedro Martínez había cerrado grietas cerca de su aro y los hombres de verde chocaron contra ese muro, incapaces de levantarse en ninguna posición cómoda. El Madrid olió la sangre, aceleró y encabezó el marcador por primera vez en la noche. Reaccionó la tropa de Obradovic pero el último subidón fue madridista gracias a otro triple sobre la bocina, esta vez de Abalde (73-74).

Repitió dos veces más el gallego para sofocar los aciertos lejanos de Nunn. Era el momento del alero español, protagonista ante las bajas. Las pérdidas castigaron a un Panathinaikos desconcertado por la nueva crecida blanca que simbolizaba Abalde, autor ya entonces de cuatro triples seguidos. La réplica era asunto del potente y veloz Nunn, que incluso sacó un triple más falta de Feliz. Damian Jones se unió a la fiesta para mandar el encuentro a una final de infarto en el que volvió a surgir el mejor Abalde.

El choque de gigantes bien merecía una prórroga tras el empate a 101. Envuelto en una atmósfera encendida, se precipitó el Madrid en algunos tiros y el Panathinaikos cerró el rebote para conquistar un partido monumental.

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