Tras la derrota en La Cartuja ante el Betis, el Málaga CF continúa hundido en la última posición de la clasificación con apenas cinco puntos. No es su peor arranque histórico, ya que en la temporada 2017-18 sumaba cuatro a estas alturas, pero sí firma un registro inédito: nunca antes había completado las once primeras jornadas de Primera División sin conocer la victoria. El conjunto blanquiazul también empeora el inicio del desaparecido CD Málaga en la campaña 1967-68. Entonces, el equipo logró su primer triunfo precisamente en la undécima jornada, al imponerse por 2-3 en Córdoba. Aquella temporada acabó con la permanencia en el bolsillo.
El momento es delicado y el pesimismo empieza a extenderse entre una afición que cada vez ve menos motivos para el optimismo. Los refuerzos llamados a elevar el nivel competitivo no están marcando diferencias y las circunstancias han dejado gran parte del peso del proyecto sobre los hombros de los jóvenes que protagonizaron el inesperado ascenso. Izan Merino, David Larrubia, Chupe o Dani Lorenzo siguen asumiendo responsabilidades en un escenario mucho más exigente. Entre los futbolistas que están sosteniendo al equipo sobresalen Recio, Rafita y, por encima de todos, Alfonso Herrero.
Precisamente sobre esa diferencia entre categorías reflexionó Manuel Pellegrini, uno de los entrenadores más importantes de la historia reciente del club. “Hay que estar metido dentro para saber, pero juega bien al fútbol y trata de ser creativo. No sé las inversiones que hay ni si tiene los jugadores necesarios para dar el salto de Segunda a Primera. Ojalá pueda lograr la salvación porque tiene una gran afición. No lo va a tener fácil con la cantidad de puntos tan baja que tiene. Quizás el plantel de Segunda a Primera exige algo más”. La última frase del técnico chileno resume buena parte del debate que rodea al Málaga. El problema no parece estar únicamente en la propuesta futbolística, sino también en si la plantilla dispone del nivel necesario para competir en la máxima categoría.
Einar Galilea admitió que entiende el malestar de la grada, aunque reivindicó el trabajo realizado por el grupo durante los últimos meses. “La afición puede expresar lo que quiera. El año pasado, a estas alturas, creo que estábamos prácticamente en descenso y le dimos la vuelta hasta llegar a Primera División. Este año estamos trabajando, lo estamos intentando y lo estamos peleando. Estamos cerca de esa línea que hay que cruzar para que llegue la primera victoria, pero no llega. Seguiremos dándole golpes a esa piedra y estamos seguros de que acabará cayendo. Pero tiene que ser ya”. En una línea similar se expresó Alfonso Herrero: “Somos un equipo preparado para esto, pero tenemos que mirarnos a nosotros mismos, ver qué estamos haciendo mal y reforzar lo que estamos haciendo bien”.
La realidad, sin embargo, es mucho más urgente que los discursos. El próximo sábado, ante el Racing de Santander, el Málaga afronta un encuentro con aroma de final. Una nueva derrota podría elevar la presión sobre Juanfran Funes hasta situarle definitivamente en la frontera entre la confianza y el cuestionamiento. O, dicho de otro modo, en esa antesala del cese que tan bien conoce el fútbol profesional y que se conoce como ‘ratificación’.
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