Los dos goles de Chupe en Alcázar de San Juan llegaron en el momento más oportuno. El delantero del Málaga puso fin a una sequía de ocho jornadas sin marcar y recuperó sensaciones en una temporada que había comenzado lejos de las expectativas generadas tras su espectacular irrupción el curso pasado. La Copa del Rey puede haber supuesto un punto de inflexión para un futbolista que ya vivió una situación similar antes de acabar firmando 25 goles y siendo una de las figuras del ascenso. El atacante blanquiazul llevaba semanas persiguiendo el gol sin éxito. En Liga únicamente había logrado ver puerta en una ocasión y, además, había fallado un penalti. Una situación poco habitual para un delantero que vive del remate y que comenzaba a mostrar signos de frustración en su intento por recuperar la mejor versión de sí mismo.
La falta de acierto empezaba a convertirse en una pesada mochila. No solo por la exigencia de la Primera División, sino también por las expectativas que acompañan a uno de los jugadores con más proyección de la plantilla. Cada jornada que pasaba sin marcar aumentaba el ruido alrededor del joven delantero, obligado a convivir con comparaciones inevitables respecto a los números que firmó la pasada campaña.
Sin embargo, el propio Chupe tiene motivos para aferrarse al optimismo. Basta con echar la vista atrás. Hace apenas un año también necesitó tiempo para arrancar. Su inicio no fue tan explosivo como posteriormente reflejaron las estadísticas, pero acabó encontrando el camino hasta completar una temporada sobresaliente de 25 goles que resultó decisiva en el regreso del Málaga a la élite.
Por eso los dos tantos anotados ante el Sporting Alcázar pueden tener un valor que va más allá de una simple clasificación copera. Para un delantero, marcar supone recuperar confianza, liberar tensión y recordar que el gol sigue ahí. Y pocas cosas son más importantes cuando atraviesa un periodo de dudas.
El caso guarda además ciertos paralelismos con el de David Larrubia. El Mago tampoco encontró el gol con facilidad en los primeros compases de la pasada temporada. De hecho, tuvo que esperar hasta la jornada 11 para estrenarse en Segunda División ante el Andorra. Aquella espera no le impidió completar el mejor curso de su carrera, con 12 tantos y un papel fundamental en el ascenso.
Son dos ejemplos que invitan a la calma en un equipo joven y en plena adaptación a la máxima categoría. También refuerzan el mensaje de tranquilidad que ha transmitido en varias ocasiones Juanfran Funes, convencido de que ni Chupe ni Larrubia deben cargar con toda la responsabilidad ofensiva del equipo.
La noche de Alcázar dejó muchas lecturas positivas para el Málaga, pero una sobresale por encima del resto. Chupe volvió a sentirse delantero. Volvió a celebrar goles. Y si algo demostró la pasada temporada es que, cuando encuentra confianza, suele acabar encontrando también el camino hacia la portería rival.
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