El partido de esta tarde en El Sadar no era uno más. Comenzaba una nueva era para Osasuna. Jagoba Arrasate volvía a sentarse en el banquillo de los navarros, tras la destitución de Luis Miguel Ramis. Su llegada ilusionaba al personal, pero tocaba plasmar esa esperanza sobre el césped. Los rojillos venían de cinco partidos sin ganar, con un punto de 15 posibles. Budimir recordó los tiempos gloriosos con Arrasate. Marcó de penalti, como en las otras dos victorias de su equipo en esta Liga. Él se lo guisa y se lo come, provocó la pena máxima número 17 de su carrera, muy dudosa. Fue muy noble y al final quiso agradecer la aportación de Ramis, el primer cesado en el transcurso de una campaña durante el periplo del goleador croata en navarra. Osambela completó la fiesta, fue estrujado por uno de los fondos en la celebración posterior al pitido del colegiado. En la etapa anterior, la primera victoria de Arrasate (3-1 a te el Almería) llegó en el cuarto partido, después de un empate y dos derrotas. Ahora ha madrugado. Hay rapidez, presión alta y más transición. Esto mola.
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