El telescopio espacial Swift está a punto de ser engullido por la atmósfera terrestre. Tras casi 22 años de servicio, el observatorio de la NASA caerá sin control en los próximos días, en un momento indeterminado a partir del anochecer de este martes. Es el resultado del fracaso de un rescate de emergencia, que la agencia espacial de EE UU organizó de manera inédita junto a una start-up, ante la importancia que este pequeño satélite había adquirido para la comunidad astronómica internacional. Con él se pierde una herramienta única para detectar las explosiones más violentas del universo y avisar a otros telescopios para que puedan estudiarlas con mayor detenimiento.
Swift llevaba desde 2025 muy cerca de la altura a la que un objeto en órbita cae y se desintegra, irremediablemente atraído por la gravedad terrestre y calentado al rojo vivo por el rozamiento con la atmósfera. Pasado ya el punto de no retorno, el momento de su caída y el lugar solo pueden calcularse con cierta precisión poco antes de que se produzca. Mientras tanto, lo que hay son estimaciones abiertas.
A última hora de este lunes, la reentrada se esperaba hacia las 10 de la mañana del miércoles, hora peninsular española, con un margen de incertidumbre de 12 horas por delante y por detrás, según los cálculos de Aerospace Corporation, una de las principales organizaciones que se dedican al seguimiento de los artefactos espaciales que decaen. Para el astrónomo Joseph Remis, especialista en estos cálculos, la caída de Swift podría adelantarse hasta cuatro horas más. Remis considera que una tormenta solar, durante el pasado fin de semana, “ha adelantado significativamente la fecha de reentrada”.
Update: obj. 28485 SWIFT decay prediction: November 04, 2026 UTC 05:31 ± 12h
— Joseph Remis (@jremis) November 1, 2026
The October 31 G2 geomagnetic storm increased atmospheric drag, significantly advancing the re-entry date. pic.twitter.com/UpmnA2pO6j
Cada día, caen a la Tierra uno o dos de los más de 10.000 satélites Starlink de Elon Musk, que, con una capacidad limitada para autopropulsarse y escapar, tienen una esperanza de vida en el espacio de unos cinco años. Como sucede con ellos, todavía no se puede precisar el lugar de caída de Swift. Su órbita recorre una franja comprendida aproximadamente entre los 21 grados de latitud norte y sur. Aunque la mayoría de esa zona de la Tierra es océano, incluye también territorios de África, Asia y América Latina. Durante su reentrada se desintegrará la mayor parte de este observatorio astronómico, que pesa alrededor de 1,5 toneladas, cinco veces más que los Starlink de primera generación que están cayendo a diario. Aun así, los expertos esperan que lleguen a la superficie unos pocos fragmentos pequeños y quemados.
El descenso de Swift estaba previsto para las últimas semanas de 2026, pero se ha acelerado por la actividad solar, que aumenta el rozamiento con las capas altas de la atmósfera y frena el satélite. La NASA anunció hace unos días el final de sus operaciones: el 20 de octubre, el telescopio había descendido hasta unos 275 kilómetros y entrado en modo “de supervivencia” al no poder compensar los efectos de esa resistencia. Este telescopio de gran valor científico envió entonces la orden de terminar su misión y prepararse para la reentrada, desde el centro de control de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE UU), que lo mantenía operando desde 2024.
Un rescate frustrado
El 19 de agosto, la NASA y la empresa Katalyst Space dieron por perdido el objetivo de salvar Swift. El robot enviado para rescatarlo, LINK, había sufrido un problema de control de orientación que impedía intentar la captura del telescopio y elevar su órbita. Esa sonda había despegado el 3 de julio, tan solo siete semanas antes, con un objetivo nunca antes intentado por la NASA. Con su fracaso, el observatorio perdió su última oportunidad y volvía a quedar abocado a su reentrada en la atmósfera terrestre. La agencia mantuvo entonces el propósito de realizar maniobras de aproximación entre ambos artefactos para probar tecnologías que en el futuro permitan misiones robóticas de mantenimiento de satélites.
La operación se había preparado contra reloj. La NASA adjudicó en septiembre de 2025 un contrato de 30 millones de dólares a Katalyst, que desarrolló la misión en nueve meses. LINK debía sujetar con tres brazos robóticos un observatorio que nunca fue diseñado para ser remolcado y elevarlo desde unos 360 kilómetros de altitud hasta los 600 de su órbita original. El objetivo era ganar varios años de observaciones. La urgencia la había impuesto el Sol. Su actividad intensificó el rozamiento con las capas altas de la atmósfera y aceleró el descenso de Swift, que llevaba más de dos décadas trabajando pese a estar concebido para una misión inicial de tan solo dos años.





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